El síndrome de Diógenes
Ramón Moreno
Castilla
Érase una vez un "Archipiélago atlántico" llamado
Canarias (Canary Island, en
inglés), donde sus moradores vivían felices y dichosos disfrutando de las
bondades de su "clima tropical" y de las innumerables bellezas
naturales de esas Islas paradisíacas. Donde se cultivaba de todo para el
sustento diario (como decía el viejo refrán, ya perdido en la noche de los
tiempos: "Canarias tiene terrenos/ mejores que los de España/ donde
cosechamos caña/ trigo, avena y centeno"); y una economía de escala
auténticamente modélica, pilar de un desarrollo sostenido y sostenible, donde
Fuerteventura era, por ejemplo, el "granero de Canarias".
Unas Islas que todo el
mundo quería visitar y… habitar, dada su excelente climatología, sus
maravillosas playas, sus verdes campos (sobre todo los de golf) y su bella, y
no menos atormentada, orografía. Pero sobre todo, por la exquisita amabilidad
de sus gentes, con una desprendida y servicial hospitalidad; dispuestas, en
todo momento, a recibir y agasajar a todo foráneo que se acercara por aquellas
latitudes que, como consecuencia del llamado "efecto llamada", cada
día eran más, y más, y muchos más… diluyendo las señas de identidad del pueblo
canario, así llamado. Y exponiéndolo a toda suerte de influencias externas y a
ciertos "virus" tan perniciosos como contagiosos, que hacían estragos
entre la sana población.
Cuenta la historia,
que un día esas Islas fueron desafortunadamente conquistadas por una poderosa
nación (que luego esquilmaría todo un imperio, donde no se ponía el sol); y con
el paso de los siglos y de los siglos amén (también intervino
Pese a esa soterrada ocupación,
los llamados canarios asistían complacidos y alborozados a ese
"poblamiento"; escuchando embelesados lo bien que hablaban los nuevos
"inquilinos", y así… hasta ahora. En la actualidad, las Islas
Canarias, llamadas "españolamente"
Comunidad Autónoma, Archipiélago de Estado, Región Ultraperiférica y otros
eufemismos al uso, son visitadas ¡y allanadas! por unos 12 millones de turistas
(ese fenómeno social de nuestro tiempo); sin contar los otros
"visitantes" que nos cuelan por puertos y aeropuertos , lo que supone
una calculada y devastadora invasión. Un turismo que, como otros monocultivos
de antaño, impuestos desde fuera, soporta las estructuras del precario y
dependiente modelo económico de las Islas; convirtiendo a sus naturales en una
degradante población de servicios, de cuya realidad viene la acepción
acusatoria de "canario de servicio", referida a los colaboracionistas
y vende patrias.
Muchos fueron los
reclamos publicitarios -al cual más patriótico y recurrente-, para llegar a esa
cifra escalofriante: desde el "slogan" "Canarias,
Total, que entre unas
cosas y otras, y algunas de más allá, este pueblo lleva tiempo padeciendo una
serie de graves "afecciones", difíciles de erradicar. Desde el
generalizado y alienante "síndrome del colonizado" (falta de
autoestima, pérdida de dignidad, victimismo,
etcétera), hasta el maloliente "síndrome de Diógenes". Y sin entrar
en disquisiciones médico-científicas, lo cierto es que esta severa patología
también se manifiesta en el pueblo canario. La acumulación de toda clase de
basuras es de tal magnitud, que un insoportable hedor nos inunda por doquier.
No solo por los desaprensivos que arrojan a nuestros barrancos y medianías
escombros, numerosos trastos y desperdicios, sino por toda la tremenda
inmundicia humana con la que estamos conviviendo, y que la mayoría nos la han
exportado (¡esa es la libre circulación!). Sin olvidar a los crápulas, energúmenos
y otros "especímenes" autóctonos que
proliferan por aquí, como es el execrable caso de esa escoria humana con
antecedentes de prácticas sexuales incestuosas y presunto autor de intento de
rapto de una menor en Telde (Gran Canaria).
¡Canarias se está convirtiendo, desgraciadamente, en un inmenso y
nauseabundo estercolero de "materiales" "orgánicos" e
"inorgánicos"; y lo peor del caso es que no son biodegradables! ¡A lo
que hemos llegado...! Aunque, si vamos a mirar, ese problema se podría
solucionar con un buen tren de "reciclado". ¡Cuya necesaria
"instalación" no debe tardar demasiado!