¡Sí somos una colonia!

Ramón Moreno

 

¿Cómo que no? Cana­rias es, desgraciada­mente, una insosteni­ble colonia, desde el mismo momento en que una potencia ex­tranjera (que luego conformaría España, a partir de 1492) se adue­ñó por la fuerza de las armas (¿o no fue así?) de este territorio insu­lar, a solo 96 km. de la costa afri­cana; poblado por una etnia abori­gen (al contrario que Azores y Madeira, que estaban deshabitadas), en una razzia de cruenta conquista y evangelización, a la que siguió el depredador proceso colonizador que padecemos desde hace más de quinientos años, ¡que se dice pron­to!

 

Una impuesta presencia espa­ñola en nuestro Archipiélago, sus­tentada por la parafernalia del aparato del Estado que opera en Canarias; presente, por otra parte, en todos los estamentos de nuestra sociedad, e infiltrado en casi todos los partidos políticos nacionalis­tas. Y con la argucia de ir modifi­cando el modelo político-adminis­trativo; situación que es apuntala­da mediante el decimonónico y ya periclitado criterio de "soberanía política" (subterfugio legal para dar validez a la apropiación de te­rritorios, práctica muy común en aquella época), contrario y opues­to al principio emergente de "localización geográfica" consagrado en el Derecho Internacional con­temporáneo. Y para obviar este precepto, que obliga a la potencia colonizadora, España, se esgrime ese manido "pretexto constitucio­nal", consistente en seguir afir­mando que "Canarias es españo­la"; cantinela, que no se sostiene en pleno siglo XXI, ¡se diga lo que se diga, o se pongan como se pongan!

 

No se olvide, que Canarias es lo último que permanece del Imperio español más abajo de las "Colum­nas de Hércules", y que se pretende seguir conservando a toda cos­ta, cueste lo que cueste. Un Impe­rio donde no se ponía el Sol, y que España, en los diversos avatares de su convulsa historia, ha ido li­quidando a precio de saldo; como fue el caso patético de sus antiguas colonias: Cuba, Puerto Rico, y las Islas de las Indias occidentales, Guan, Las Marianas y Filipinas, que fueron entregadas a Estados Unidos, por la módica cantidad de 20 millones de dólares ("Tratado de París", de 10 de diciembre de 1898). Lo que dio lugar a que el pueblo español contrajera una ma­siva y nociva patología -el llamado "síndrome del 98"- por la pérdida irreparable de las "provincias de ultramar", del que todavía no se ha repuesto.

 

Y aquí es muy oportuno, citar al entrañable Jorge Luis Borges, cuando dice: "Entre España y Por­tugal, que en 1493 se repartieron la "mar océana" más allá del Estre­cho de Gibraltar, existe una gran diferencia: mientras Portugal es un país lleno de melancolía porque sabe que ha perdido un imperio, España, a estas alturas de la Histo­ria no sabe que ha perdido el suyo y sigue tan campante...". Por eso perdura el anacrónico caso de Olivenza, "cuya lusitanidad es paten­te, a pesar de sus 200 años de espa­ñolidad", según el diplomático es­pañol, Máximo Cajal, autor del in­teresante libro Ceuta, Melilla, Gi­braltar y Olivenza. ¿Donde acaba España?, cuya lectura recomiendo vivamente, dada su clarificadora exposición.

 

No menos ignominiosa fue la huida del Sahara Occidental, en la que España abandonó a su suerte a la anterior provincia ante la pre­sión de la famosa Marcha Verde, que desembocó en el "Acuerdo Tripartito" entre España, Marrue­cos y Mauritania, con las conse­cuencias de sobra conocidas. Co­mo señala también el novelista, dramaturgo y ensayista marroquí, Abdellatif Laábi, "España no ha reflexionado lo suficiente sobre su etapa colonial".

 

Pero, ¿qué había detrás del ver­gonzoso abandono del Sahara, cuando España había montado in­clusive el artificioso PUNS, para contrarrestar la acción del Frente Polisario? Obviamente, y ahí está el quid de la cuestión, no crear el precedente de una RASD al lado de Canarias, que alentara las ansias independentistas de este pueblo.

 

Lo que vino muy bien a Marrue­cos, que reivindicó sus "Provincias del Sur", posicionándose en el te­rritorio. Si a eso añadimos que este país nos tiene "incluidos" en su ZEE desde 1981; y que España no puede "sacarnos" de la misma, a pesar de la fantasmagórica Ley 15/78 de 20 de febrero sobre Zona Económica Exclusiva, que no está desarrollada y, por tanto, no existe jurídicamente, tenemos todas las claves de la situación real de Cana­rias. Que no es, todavía, un Estado Archipelágico, como Cabo Verde; que no es un Archipiélago de Esta­do, como Baleares; y ¡que sí es! un "territorio nacional español" en África, que la legalidad internacio­nal no ampara hoy en día. Lo que viene avalado, por el mandato de Naciones Unidas, de que en el año 2010 finaliza el plazo para la desco­lonización en todo el mundo, ¡Ca­narias incluida!

 

Por todo ello, y dado que ayer [12-10-07] se celebró el "Día de la Hispanidad" -o lo que queda de ella-, sería de­seable que España, en lugar de se­guir con la confrontación "nacio­nalismo español" Vs "nacionalis­mo canario", que no se sabe en qué puede terminar; tuviera un gesto de magnanimidad, posibilitando el establecimiento del calendario de emancipación de Canarias, que no admite más demoras. Con ello, no solo se dignificaría como "Madre Patria", sino que se redimiría de su tenebroso pasado colonial; dando un claro ejemplo a la Comunidad Internacional de sabiduría política, modernidad y coherencia. Pero so­bre todo, quedaría patente ante el mundo entero, que España es con­secuente con su historia y capaz de asumir sus responsabilidades.

 

¡Quien tiene la capacidad de ac­tuar, tiene la obligación de actuar!

rmorenocastilla@hotmail.com