Sostiene
Llamazares
Juan Manuel
García Ramos
Lo dijo esta semana el líder de Izquierda
Unida, Gaspar Llamazares, al criticar la vía usada por Rodríguez Zapatero para
dar a conocer la próxima subida de las pensiones mínimas el doble de lo que
aumentará el resto de todos los haberes pasivos: Zapatero ha iniciado la
campaña electoral de las legislativas del 2008 con el presupuesto público, con
cargo a los Presupuestos Generales del Estado.
Lo afirma con esa rotundidad el portavoz
de una fuerza política aliada natural del PSOE.
Y lo dijo además un periódico filosocialista como El
País en el editorial de su edición del pasado miércoles: "al hacerlo
-ese anuncio de Rodríguez Zapatero del aumento de las pensiones- en un mitin
partidista, confunde su condición de presidente del Gobierno con la de
secretario general de su partido. Y en esta ocasión lo confunde sobre todo con
su condición de candidato electoral para los comicios de marzo".
Las críticas esta vez no vienen de la "derechona",
como gustan de ridiculizar los socialistas a todo lo que le suene a oposición
inoportuna; las críticas vienen de los amigos íntimos.
La acusación de Gaspar Llamazares de que Rodríguez Zapatero ha iniciado la
campaña electoral del 2008 con cargo a los Presupuestos Generales del Estado
nos obliga a volver sobre nuestros propios pasos.
Hace un par de semanas nos hacíamos eco de un comunicado del portavoz del PNV
en la comisión de Economía y Hacienda del Senado en el que se acusaba a
Zapatero de haber detraído del Banco de España, en el mes de julio pasado, 24,8
toneladas de las reservas de oro nacionales con el objetivo de financiar la
partida correspondiente al pago de 2.500 euros por cada niño recién nacido,
otra iniciativa con marcado acento pre-electoral.
También añadíamos que en 2007, los activos de oro en España se han visto
reducidos en un 32%. Las reservas han pasado de las 416,7 toneladas de
principios de año a las 283 toneladas de julio.
En este paquete de ofertas electorales atractivas -y muchas de ellas justas en
sí mismas- falta todavía lo que supondrá la puesta en vigor de
¿Está financiando Rodríguez Zapatero su campaña para el 2008 con fondos del
Estado, tal y como puede deducirse de las acusaciones de Gaspar Llamazares?
Volvemos hoy a hacernos las mismas preguntas: ¿tiene resistencia la economía
española para financiar leyes como la de las primas a los recién nacidos y las
de dependencia? ¿Tiene resistencia la economía española para financiar la
anunciada subida extraordinaria de pensiones y aumentar el salario mínimo
interprofesional?
Es decir, ¿tiene resistencia la economía española para costear todas esas
iniciativas políticas del señor Zapatero, además de cuidar sus recursos para
seguir respaldando una educación y una sanidad universales, entre otras
responsabilidades, como puede ser las inversiones en cuidados medioambientales,
o el proceso de prejubilaciones que soporta el Estado desde hace ya muchos
años?
¿Está alguien preocupándose por la futura solvencia del Estado, por la custodia
del fondo de pensiones, por las obligaciones y gastos contraídos a largo plazo
por esa alta magistratura?
Ya habíamos dicho también que en estos momentos existen en España tres sistemas
de financiación de las comunidades autónomas: el establecido en
El presidente de Canarias acaba de abrir un debate en los medios de
comunicación insulares y peninsulares en torno a las obligaciones financieras
estatales contempladas en el texto estatutario catalán y en el resto de los
estatutos reformados hasta hoy (Valencia, Andalucía, Aragón, Baleares) y ha
planteado hasta qué punto esas obligaciones no están añadiendo más confusión,
si cabe, al ya de por sí complejo sistema de financiación vigente.
En ese enrarecido contexto, Paulino Rivero exige al Gobierno del Estado que
contemple en los Presupuestos Generales de 2008 los aproximadamente 942,5
millones de euros adeudados a Canarias en virtud de la evolución demográfica
sufrida por el Archipiélago y su repercusión en los servicios mínimos de
asistencia. En una perspectiva razonable de tiempo, se nos vuelve muy difícil
ver articulado un nuevo sistema de financiación coherente y a gusto de todos.
Crujen las cuentas del Estado por demasiados sitios y nos tememos que las
atomizaciones políticas territoriales de siempre ahora descubran en las
financiaciones respectivas de todos y cada uno de esos territorios un motivo
más de desencuentro entre las comunidades autónomas y el Estado.
Sobre todo si a esos procesos de diálogo y acuerdo del Estado con sus
autonomías les añadimos la cercanía electoral y la necesidad de todos ellos de
quedar bien en la foto a vender en marzo de 2008.
El actual comisario europeo de Asuntos Económicos, el socialista Joaquín
Almunia, pidió el pasado martes tanto a Zapatero como a Rajoy
que calibren bien sus promesas electorales para no poner en peligro el
superávit actual de las cuentas públicas españolas. Un calentamiento de las
promesas electorales sin previsiones de financiación daría al traste con los ciclos
de crecimiento económico de los que España ha disfrutado en los últimos
tiempos.
La idoneidad o no del sistema contributivo español con vistas al futuro es un
mar incierto, del que no se nos dan noticias precisas. Algunos reclaman mayor
presencia inmigratoria o un alza de la natalidad nativa para que el sistema no
naufrague, otros nos dicen que todo aún está por ajustar.
Los jóvenes y los no tan jóvenes de hoy saben que sus hipotecas no paran de
subir, que sus sueldos quedan cada día más ridiculizados por el encarecimiento
del nivel de vida, que los empleos desaparecen y que sectores como el turismo y
la construcción -esenciales en la economía canaria actual- sufren crisis ya
inocultables.
Por eso parece ser éste el tiempo del malabarismo, del ilusionismo político,
puestos en circulación por Rodríguez Zapatero. Por primera vez en cuatro años,
tanto IU como El País acaban de pararle las patas. Hasta el mismo
Joaquín Almunia.
Cuidado con las promesas electorales: explíquennos primero de dónde van a salir
los cuartos para pagarlas y luego nos las anuncian a bombo y platillo. Eso es
lo que sucede en las sociedades avanzadas de nuestro mundo.