Taganana

 

Antonio Cubillo Ferreira

Leí el pasado miércoles, 27-08, un artículo, firmada por D. Juan González, taxista, en relación con el pueblo de Taganana y las ventajas que acarrearía para dicho pueblo y para la zona del espléndido macizo de Anaga la obtención de este pueblo perdido, el título de ayuntamiento[1].

Conocedor de la zona, me parece una buena solución -y creo que la mayoría de los vecinos estarán de acuerdo- en que Taganana adquiera su propia personalidad, y no como ahora, que es un barrio olvidado y perdido de la capital tinerfeña donde vamos en diciembre a comprar queso fresco o buenos higos.

No cabe duda de que este nuevo ayuntamiento dedicaría sus esfuerzos en favor de la ecología y en salvar la naturaleza y el paisaje de toda la zona amenazada de Anaga y de sus playas y caletas. Nadie como Taganana tiene más derecho, por eso me ha extrañado un comentario negativo del abogado Eligio Hernández, del PSOE, aparecido en el periódico El Día, abogado herreño que estuvo luchando -y lo consiguió- por la creación del Ayuntamiento del Pinar, en la isla de El Hierro, no sabemos si por intereses personales o por convicción. Dice el colega Eligio Hernández que, desde el punto de vista legal no es posible que Taganana se convierta en ayuntamiento; claro que la legalidad de la que habla el Sr. E. Hernández es la legalidad colonial, es decir, la de las leyes municipales españolas impuestas por el colonialismo, y el Sr. Juan González, al referirse a su pueblo, se refiere a la aplicación del articulado de la futura Constitución de la República Federal Canaria. Ahora, pues, el problema es la toma de conciencia de los vecinos, que deben prepararse para convertirse en ayuntamiento propio y movilizar a la población en este sentido.

Si en algunos lugares, como la zona metropolitana capitalina y en ciudades periféricas, es conveniente la unificación de servicios, policía municipal, bomberos, aguas, etc.; lugares perdidos como Taganana tienen que tener su propia autonomía y ayuntamiento independiente, debido a su orografía. Personalmente le tengo cariño a Taganana porque el padre de mi tatarabuela Severina González Rivero, Casimiro González Negrón, era natural de dicho pueblo y fue alcalde pedáneo del mismo, antes de instalarse en el siglo XIX en Tacoronte y fundar familia.

De joven, los laguneros conocíamos Taganana con su consonancia guanche (Tagananag, "nuestro bosque") por su vino y por las vueltas y revueltas para llegar a ella y la pobreza de sus habitantes. Muchos años después, es decir, en la actualidad, pasados cincuenta años, Taganana tiene una carretera retorcida, excesivamente peligrosa y que tarda una hora su servicio de guaguas, por lo que sus habitantes, si no tienen coche, están completamente aislados en caso de urgencia. En el pueblo no hay un servicio de ambulancia, no existe el alcantarillado, no hay servicio de bomberos y no digamos nada de la salud -un pequeño centro de día-, que si hay alguien que se enferma por la noche, tiene que esperar que a algún amigo lo lleve al hospital de La Laguna y si es grave, imagínense cómo llega, si llega.

Es conveniente que los ciudadanos y ciudadanas de Taganana, así como los sectores ecologistas y amantes de la naturaleza de toda la isla, apoyen este proyecto de convertir al olvidado barrio santacrucero de Taganana en municipio propio y diferenciado, con toda la amenazada zona del macizo de Anaga, con sus playas y calas.

Como es lógico, el ayuntamiento capitalino se opondrá y los partidos políticos españoles levantarán gritos de protesta, pero una movilización de este barrio perdido va a servir para convertirlo en futura realidad y pronto veremos flotar en el asta del nuevo ayuntamiento la bandera nacional canaria, la tricolor de las Siete Estrellas Verdes, que representa la esperanza para este país colonizado y empobrecido.

cubilloantonio@hotmail.com

[1] Futuro de Taganana como municipio