TENEMOS
UN PROBLEMA, SRA. CONSEJERA
Fernando
Pellicer Melo *
Por mucho que se pretenda ocultar, aludiendo a
peregrinos argumentos, el informe PISA ha vuelto a poner de manifiesto las
graves carencias que padecen la educación española y la canaria en particular.
Como ya es conocido, este acreditado estudio comparativo, que radiografía la
situación educativa de 57 países, otorga a Canarias la mayor tasa de fracaso
escolar del Estado español (si exceptuamos Ceuta y Melilla) lo que a su vez,
ineludiblemente, se traduce en un bajo índice de población con estudios postobligatorios (ocupamos el puesto 12 de entre un total
de 17 autonomías).
La solución de un problema pasa inexcusablemente por
su adecuado diagnóstico. Nunca por su ocultación o manipulación como toscamente
pretende
Para enredar aún más la cuestión,
Pero, soslayando las penosas incapacidades de los
últimos gestores educativos, lo significativo ahora es resaltar que, con independencia
del estudio que consultemos, resulta innegable la estrecha relación existente
entre inversión en materia educativa y tasas de fracaso escolar, o como quizás
resulta más adecuado expresar, tasas de fracaso social. No es casual que, con
escasas excepciones, indefectiblemente los territorios donde más recursos se
colocan a disposición del Sistema Educativo son precisamente los que mejores
resultados académicos obtienen. Lógicamente, no sólo estamos ante un problema
de inversión, sino, por supuesto, de adecuada administración de aquella,
cuestión está aún quizás más difícil de asumir por nuestros actuales
responsables educativos a tenor del resultado de su gestión en los últimos
quince años. Junto a la inversión, el desfase formativo de las familias, producto
del déficit histórico acumulado, se desvela como otro de los elementos
medulares del problema (la larga travesía por el desierto cultural de la
dictadura sigue pasando factura). Esto hace aún más razonable, la necesidad de
realizar un sobreesfuerzo inversor que permita recuperar el terreno perdido o,
mejor dicho, nunca conquistado.
Sin embargo, desafortunadamente los datos que conocemos
del Ministerio de Educación en materia de inversión, son desoladores. Canarias
es
No existen recetas fáciles pero, desde luego, la
ocultación y el insulto, la soberbia y la testarudez, por no citar directamente
la simpleza en los análisis, no parecen ser buenas consejeras a la hora de
abordar uno de los problemas más graves que tenemos planteados actualmente en
nuestro archipiélago. Muy por el contrario, desde el consenso entre todos los
agentes educativos, entre toda la sociedad canaria, es necesario afrontar una
política educativa de choque sustentada en el acuerdo social y en un progresivo
aumento de la inversión educativa anual, hasta situarnos en torno al 7% del
PIB. Ello permitiría avanzar en la mejora de los mecanismos de evaluación
continua y formativa de todo el proceso educativo, en la potenciación de la
participación de toda la comunidad escolar en la gestión democrática de los
centros educativos, en el imprescindible descenso de las ratios de alumnos por
profesor, en el aumento de las medidas de atención a la diversidad y la
consiguiente individualización de la atención educativa, en la configuración de
una oferta de plazas adecuada para el tramo de educación infantil de
Frente a la crispación y la arrogancia gratuita, el
STEC-IC apuesta por el diálogo y el consenso social. Llegados a esta situación,
resulta imprescindible trabajar para aunar los esfuerzos de todos los sectores
implicados (incluyendo, obviamente, al Gobierno Canario como principal
responsable) en la configuración de la necesaria hoja de ruta que nos permita
impulsar
*
Miembro
del Secretariado Nacional del STEC-IC