No todo tiempo pasado fue mejor
Wladimiro
Rodríguez Brito
El pasado 28 de diciembre inauguramos la
señalización y mejora de lo que fue el Camino Real de Chasna,
una de las vías de comunicación más importantes de
Es en este marco
geográfico en el que la deforestación fue la nota dominante, desapareciendo
casi en su totalidad los antiguos pinares y escobonales
para buscar tierras para pastos o bien para sembrar lentejas, cebada y centeno.
En esta zona se construyeron, sin duda, las viviendas más altas de Canarias,
como es el caso de las casas del Marrubial a
Con los alumbramientos
de agua de nuestras galerías comienza en la costa del sur tinerfeño una
actividad económica, tanto con los cultivos de exportación -tomates y plátanos-
como con los de subsistencia, que permite a nuestra población dejar de vivir de
lo que ofrece el monte para participar en la nueva agricultura de regadío. Y es
posteriormente la actividad turística la que va a ofrecer alternativas
económicas y sociales a la población chasnera y, en
consecuencia, comienza la recuperación de nuestros montes, tanto por las
repoblaciones realizadas por las Administraciones como por la implantación
natural de los antiguos pinos padre al diseminar las piñas en ese proceso de
recuperación que han tenido los montes del sotavento insular en los últimos 40
años.
Por ello, el paisaje
que podemos contemplar hoy es marcadamente diferente al de nuestros padres y
abuelos, por lo que la sociedad de ocio que demanda caminar y encontrarse con
la naturaleza nos permite recrearnos en un camino que pone de manifiesto un
pasado muy cercano cargado de vivencias, como son los frutales que aún perviven
en las huertas de jable, como es el caso de las fincas de Galindo, canales, tarjeas
para el transporte de aguas, galerías y un largo etcétera de un ayer de
esfuerzo y trabajo y dificultades. En consecuencia, una lectura desde el camino
de una cultura que lea este espacio indica también que no todo tiempo pasado
fue mejor y que gran parte de la naturaleza que tenemos en las cumbres de
Tenerife debemos agradecerla a que tenemos una actividad económica en las zonas
bajas que nos permiten el no mirar con lenguaje económico lo que hasta hace
unos años fue duramente machacado en un intento de sobrevivir en un territorio
de recursos muy limitados.
Por ello, los
ejemplares de pinos que tenemos en Vilaflor, en muchos casos en fincas
privadas, debemos entenderlos como una referencia histórica cultural de un
pueblo que, a pesar de sus escasos recursos, hizo un gran esfuerzo para no
aplicar el hacha a todo lo que encontraba en su entorno, aunque necesitara
madera, leña y carbón para sobrevivir cada día. Por ello, este camino de Chasna es una lectura viva del ayer y un compromiso de
futuro para que nuestra sociedad cada día deje de ver la naturaleza desde la
ventanilla del coche y la lea como un elemento vivo de una cultura muy
arraigada en nuestro territorio.