Día Mundial del
Trabajo Decente
Justo
Fernández Rodríguez
Cualquier gobierno democrático debería,
más allá del oportunismo desvergonzado de las promesas electorales, que se
olvidan el mismo día que los ciudadanos les otorgan su confianza,
"promover oportunidades para que mujeres y hombres puedan obtener un
trabajo decente y productivo en condiciones de libertad, igualdad, seguridad y
dignidad humana" como ha declarado, recientemente, Juan Somalia, director
general de
Sin embargo, los beneficios de la globalización se han distribuido de forma
desigual, entre paises y trabajadores. Esa
globalización, como punta de lanza del capitalismo mas antisocial, enquistado
en los EE.UU., bajo la égida de Bush, ha colocado al mundo en una situación de
crisis financiero- económica, que pretende solucionarse con la filosofía
clásica del capitalismo más reaccionario, se privatizan las ganancias y se
socializan las pérdidas, cuyas principales víctimas, como siempre, serán las
clases trabajadoras, retrasando, al mismo tiempo, los objetivos de lucha contra
la pobreza, promulgados por los más diversos organismos internacionales, ONU,
UNESCO, UNICEF o
Las consideraciones sobre empleo y trabajo decente, han estado ausentes en las
estrategias y programas, de lucha contra la pobreza, aplicadas por el Fondo
Monetario Internacional (varios años dirigido por Rodrigo Rato) y el Banco
Mundial, desde 1999. En el último informe anual, el Banco Mundial, clasifica
con alta puntuación, los países con mercados laborales flexibles y escaso
cumplimiento de los derechos de los trabajadores y la protección social,
mientras otorga baja calificación, a los países que cumplen, aceptablemente,
con las normas del trabajo.
No puede decirse que hayan existido avances significativos para lograr la
mundialización del trabajo decente. Sólo algunos datos: La mitad de los
trabajadores, en el mundo, gana menos de 2 dólares diarios. 12 millones de
personas trabajan en condiciones de esclavitud. 200 millones de niños y niñas,
menores de 15 años, han de trabajar, en lugar de ir a la escuela. Más de 2
millones de trabajadores mueren, cada año, como consecuencia de accidentes o
enfermedades laborales. Son muchos los países en los que los derechos laborales
y sindicales no son respetados. Más de doce millones de personas, hombres,
mujeres y niños, son víctimas del trabajo forzado. 85 millones de jóvenes no
tienen trabajo. Un número, considerablemente mayor ha de pasar por el calvario
del subempleo y la precariedad laboral. La mayoría de trabajadores a tiempo
parcial son mujeres, con sueldos, dos tercios inferiores a los que ganan los
hombres.
Cada año, aumenta la precariedad en el trabajo y disminuye la protección
social, desvirtuando el objetivo de avanzar hacia un modelo de trabajo decente.
En los países en desarrollo, con repercusión directa sobre los países
desarrollados, las rentas salariales tienen cada vez menor participación en la
renta nacional. Bajo el pretexto de la competencia internacional, se cuestionan
derechos sociales.
A esto hay que unir que, en muchos países los sindicalistas y trabajadores que
defienden el trabajo decente, para lo que intentan organizar sindicatos o
participar en sus actividades, son despedidos, amenazados, agredidos,
encarcelados, torturados o asesinados.
Ante esta situación, desde el octavo Foro Social Mundial, celebrado en Porto
Alegre (2001), se viene planteando la necesidad de convocar una Día Mundial de
Acción, para expresar las preocupaciones de la sociedad civil, con respecto al
actual proceso de mundialización y reforzar la solidaridad y la convergencia
del movimiento sindical y otras organizaciones y redes civiles.
Por fin, el 26 de enero de 2008, en Bruselas, se convoca a una movilización
mundial, descentralizada, el Día 7 de octubre, a la que se han sumado
centenares de sindicatos y de organizaciones progresistas de la sociedad civil.
Sindicatos de más de 100 países y 350 localidades han confirmado su
participación.
Si la falta de trabajo es sinónimo de pobreza, el trabajo decente ha de proporcionar,
oportunidades de trabajo productivo; ingresos justos; seguridad en el lugar de
trabajo; protección social para los trabajadores y sus familias; mejores
perspectivas para el desarrollo personal y la integración social; libertad para
expresar sus opiniones; derecho a organizarse y participar en las decisiones
que inciden en su vida y garantizar la igualdad de oportunidades y de trato
para todos y todas.
Las cuestiones relacionadas con el trabajo decente, han de incluir la
inmigración, la represión política, económica y sindical y el cambio climático.
Los sindicatos, en
El Gobierno español, por boca de su vicepresidenta primera, María Teresa
Fernández de
No existen dudas sobre la necesidad de la convocatoria y de la conveniencia de
una participación notable de los trabajadores. Hace dos días, en Sevilla,
Cándido Méndez, secretario general de
Guy Rider, secretario de
Que así sea.