El trabajo infantil
Justo
Fernández Rodríguez
El trabajo infantil constituye un problema
generalizado, muy especialmente en los países en desarrollo. En África y Asia
se encuentra más del 90% de los niños que se ven obligados a trabajar. Según
La gran mayoría de los niños que trabajan en el mundo no lo hacen en fábricas o
talleres clandestinos, ni en el servicio doméstico o como vendedores ambulantes
en áreas urbanas. El 70% de los menores trabajan en plantaciones y otras
explotaciones agrarias, a menudo de sol a sol, en tareas de siembra y de
cosecha, rociando plaguicidas y atendiendo al ganado. Los niños son obligados a
realizar jornadas agotadoras, utilizar herramientas afiladas diseñadas para
adultos, transportar cargas demasiado pesadas y utilizar maquinaria peligrosa.
Se ven expuestos a plaguicidas tóxicos, enfermedades, condiciones meteorológicas
adversas, condiciones insalubres y a padecer todo tipo de acosos y abusos.
Cerca de un millón de niños trabajan en minas y canteras de pequeña escala
violando el Convenio 182 de
Las niñas llevan a cabo tareas relacionadas con las etapas de extracción, el
transporte, el procesamiento de la minería y la venta de alimentos y materiales
a los mineros afrontando jornadas laborales más largas. El crecimiento de la
demanda de su mano de obra generada por una pobreza desesperada no coincide con
una reducción de sus obligaciones domésticas. Las niñas que trabajan en la
minería son obligadas a combinar escuela, trabajo y labores domésticas, lo que
las obliga a realizar jornadas de más de 15 horas diarias.
Un 8% de niños son obligados a trabajar en la industria manufacturera, otro
tanto en el comercio al por mayor, por menor, restaurantes y hoteles y un 7,4%
lo hace en servicios personales, sociales y comunitarios, como el servicio
doméstico. Aún 8,4 millones de menores se encuentran atrapado en sistemas de
trabajo cercanos a la esclavitud, el tráfico de personas, la servidumbre por
deudas familiares, la prostitución, la pornografía y otras actividades ilícitas,
según
El pasado año, Save The Children hizo público un informe sobre el trabajo
infantil en España que no puede dejarnos satisfechos. Los casos de pornografía
y prostitución infantil se multiplican. En comercios familiares, de pueblos,
trabajan más de 15.000 niños con perjuicio de su escolarización; 10.000 lo
hacen en tareas agrícolas familiares y 2.000 en la venta ambulante. Alrededor
de 200.000 tendría diversas ocupaciones sin definir claramente, como trabajo
doméstico en su propio domicilio o en otros; la mendicidad, el hurto y trabajos
de ocasión callejeros.
Según
El 2 de junio de 1998, cientos de niños culminaron
En la actualidad existe un consenso mundial en la consideración del trabajo
infantil como uno de los compromisos globales fundamentales en la lucha contra
la pobreza y el fomento de los derechos humanos.
La lucha contra la explotación de menores ha sido encabezada por los sindicatos
en los países donde se produce o desempeñando un importante papel en la
elaboración de los convenios de
Desde 1999, se puede constatar:
- La emergencia de un movimiento mundial contra el trabajo infantil que ha
alcanzado un consenso sin precedentes en cuanto a que la globalización no puede
ser alimentada por la explotación de niños productores de artículos baratos
que, posteriormente, se venden en establecimientos minoristas de países ricos.
- El reconocimiento, deseablemente universal, de que la existencia de la
explotación laboral infantil no puede constituir una ventaja económica, sino un
desperdicio de recursos humanos de enorme valor y una barrera que bloquea la
realización de los Objetivos de Desarrollo del Milenio.
- La puesta en marcha de los programas de duración determinada para la
erradicación de las peores formas de trabajo infantil en 23 países con el
objetivo de eliminarlas para 216.
Pero los sindicatos no pueden permanecer inactivos creyendo que con la adopción
del Convenio 182 de