LA TRAGEDIA DE LOS CAYUCOS

 

Mafersa *

 

A fuerza de repetirse las noticias de las tragedias, nos vamos acostumbrando a ellas y nos vamos insensibilizando.

 

Así sucede con las noticias que diariamente nos llegan de Irak, donde raro es el día que baja de 10 los muertos en atentados o directamente abatidos por las balas de los fusiles, las bombas o los obuses de cualquiera de las partes que allí dirimen sus diferencias de esa violenta manera.

 

Todo ello a consecuencia de la operación "Paz duradera" ¡Qué contradicción! habiéndose logrado exactamente lo contrario de lo oficialmente pretendido, aunque ya sabemos que lo realmente deseado era el control del petróleo irakí.

Igual nos está pasando con la tragedia de los inmigrantes que intentan arribar a nuestras costas en pateras y cayucos. Un día uno, otro dos o tres otro día diez a escasos metros de la costa, etc.

 

Es una noticia que, aunque nos produce dolor en el alma y sensación de impotencia, a fuerza de repetirse no nos sorprende, a menos que se salga de lo cotidiano, lo que ha sucedido con el cayuco que encontró a la deriva el Tiburón III, palangrero que faenaba al norte de las Islas de Cabo Verde, que, con un solo superviviente y siete cadáveres putrefactos, fueron el resultado de casi 20 días a la deriva, sin agua y sin comida, habiendo tenido que ir tirando por la borda los cadáveres del resto de pasajeros hasta completar los 57 inmigrantes que embarcaron en Nouadhibou.

 

Y si quedaban siete cadáveres a bordo del cayuco es porque al único superviviente ya no le quedaban fuerzas para lanzarles por la borda, teniendo que, además de la tragedia que estaba viviendo, soportar el nauseabundo olor de los cadáveres descompuestos flotando en el agua que inundaba la embarcación, de los que, solo hacía unos pocos días, eran sus amigos y compañeros de aventura.

 

Las declaraciones del patrón del Tiburón III, José Mª Abreu, realizadas entre lágrimas, explicando el encuentro y rescate de ese único superviviente, describían el horror de las escenas contempladas por la tripulación del pesquero, así como su pena por no haber encontrado la embarcación 15 o 20 días antes, para salvarles la vida a todos.

 

Por otra parte, y aunque sobre el mismo tema, el Centro Nacional de Inteligencia (CNI) ha detectado la presencia de medio centenar de barcos chatarra que operan en el Golfo de Guinea, y que están preparados para transportar inmigrantes, en su mayor parte asiáticos, a nuestras islas, gracias a la extensión a países como Guinea Bissau y Guinea Conakry de los servicios de inteligencias españoles, ha sido posible la detección de estos barcos, así como la presencia de VARIOS MILES de inmigrantes indios y pakistaníes, especialmente en Guinea Conakry, con la intención de llegar a Europa, vía Islas Canarias.

 

Este acuciante problema no tiene solución a corto plazo, sólo creando puestos de trabajo, invirtiendo grandes sumas de dinero en el desarrollo de esos países, podrá frenas este fenómeno, al que hemos contribuido a crear las naciones del primer mundo, esquilmando las riquezas naturales de nuestro continente geográfico, África, poniendo gobiernos títeres corruptos, mientras las multinacionales europeas y americanas explotan los recursos naturales de estos países, haciendo más RICo al RICo y más pobre al pobre.

 

Es hora de devolver parte de lo esquilmado a los países de nuestro continente, en forma de solidaridad con su población, creando empresas y puestos de trabajo, cesando el dominio y explotación de sus riquezas naturales por empresas y países foráneos, propiciando y fomentando la democracia, parando la venta de armas a etnias contrarias para que mientras se maten unas a otra, llevarse los diamantes, el oro, la madera, los fosfatos, el hierro, el petróleo, etc., etc., etc.

 

La muerte de los inmigrantes intentando recorrer parte del atlántico en tan precarias condiciones de navegación,  es un grito desgarrador, al que no debemos hacer oídos sordos, los países del primer mundo.

 

Es un grito desgarrador como el que parece dar la figura del Guernica del collage que he preparado para este artículo, mientras otra yace inerte sobre el cayuco.

 

Que los fallecidos descansen en paz.

 

Quienes no deben descansar en paz son nuestras conciencias, hasta que no logremos parar esta sangría de jóvenes deseosos de trabajar, de labrarse un futuro que no le ofrece su país, de encontrar la paz que tal vez no encuentran en su entorno, de alcanzar ese Paraíso Terrenal que para ellos representa Europa.

 

* Mafersa es Manuel Fernández, Vicepresidente de la Asociación de Vecinos "Virgen Blanca" de Marzagán, de "El Real de Las Palmas", la Federación de AAVV, y miembro de la CAVECAN (Confederación de Asociaciones de Vecinos de Canarias)