Tránsfugas, cínicos y corruptos

 

Justo Fernández Rodríguez

 

En no pocas ocasiones, las actuaciones de los políticos, sus piruetas estratégicas, contradicciones ideológicas o incoherencias éticas producen asombro, cabreo, descontento y, lo que es peor, indiferencia de los ciudadanos hacia la política. Extrañamente, esta situación, que produce una gran abstención, en Canarias beneficia precisamente a los políticos menos honestos, fielmente apoyados por sus "redes clientelares".


Sin embargo, es muy difícil encontrar algún lugar donde el chalaneo, el cambalache, el transfuguismo, la ruptura de compromisos, el aventurerismo y, en demasiadas ocasiones, la indignidad política no causen estupor y bochorno en muchos ciudadanos.


Siempre he considerado que un cargo público tiene derecho a discrepar de la estrategia o decisiones de las cúpulas dirigentes de su formación política si contrarían sus más profundas convicciones ideológicas o éticas. Pero en el sistema español nadie se presenta a título individual. Las listas electorales, cerradas, van amparadas por las siglas de una formación política determinada, que decide el orden de presentación de los candidatos, elabora las reivindicaciones del programa y costea la campaña electoral.


Para ser coherente y mantener una cierta honestidad con los electores que, en la mayoría de los casos, hubieran elegido la misma papeleta electoral aunque los nombres de algunos candidatos fueran otros, las discrepancias insalvables deberían llevar a diputados, senadores, alcaldes o concejales a cesar en sus cargos y volver a sus actividades anteriores. Sin embargo no todos actúan así. Una buena parte siempre encuentra razones para no dejar el escaño, mantener el sillón municipal conservando el sueldo o vendiendo su voto al mejor postor para una moción de censura a cambio de algunas prebendas, aunque, por supuesto, siempre pensando en el "interés general" suyo.


Estos tránsfugas son objeto de toda clase de presiones de su partido para que dejen su cargo y ser sustituidos por otro compañero de la lista electoral por la que se presentaron. Son acusados de deshonestidad, indecencia o, simplemente de traidores y desvergonzados, sin que casi nunca varíen las firmes "convicciones" del desafecto.


Pero si este aspecto de la política resulta deleznable para muchos ciudadanos engañados, estafados o burlados, no lo es menos que esos mismos dirigentes políticos que claman contra los tránsfugas no sienten el más mínimo rubor para aliarse con ellos si fueran necesarios sus apoyos para mantenerse o alcanzar el Poder.


En algunos casos el cinismo bate récords. Mientras un determinado partido lanza toda clase de decalificaciones sobre una formación política que se ha aprovechado de un tránsfuga para descabalgarla del poder, en otra ciudad, al mismo tiempo, se producen hechos similares con los papeles de los protagonistas cambiados. En ambos casos pretenden hacernos creer que lo hacen en beneficio de los ciudadanos.


En los últimos días estamos asistiendo al escándalo montado en Fuerteventura, por Domingo González Arroyo, que como presidente del PP majorero, con el respaldo de todos los comités locales, ofreció al PSC apoyar un voto de censura con sus siete concejales para desalojar a Coalición Canaria de la Alcaldía de La Oliva y dársela al PSC con dos concejales. Según el presidente pepero, "el pueblo ha desautorizado a CC en las últimas elecciones
. Han estado 30 años engañando la ley". No se trata de un caso de clásico transfuguismo, sino de un ofrecimiento de compartir poder con "premio". Las amenazas de expedientes y ceses no tuvieron efecto y la moción de censura se hizo realidad dando la alcaldía a Rosa Fernández. Esta censurable operación también ha generado tensiones en el seno del PSC, donde se han producido críticas y dimisiones.


Pero lo que pretendo resaltar es la desvergüenza de quienes ahora se han lanzado a criticar y descalificar al PSC por haber permitido esta operación, cuando muchos recordamos su actitud ante casos similares o, incluso, mucho más importantes de traición y engaño.


¿Hasta dónde puede llegar la desvergüenza de José Manuel Soria y otros dirigentes del PP cuando mientras lanzaban amenazas al presidente de su partido en Fuerteventura e insultaban al secretario general del PSC, el Partido Popular, en Denia (Alicante) pactaba con un tránsfuga socialista al que habían ofrecido la Concejalía de Urbanismo, triplicándole el sueldo, para arrebatar la Alcaldía al Partido Socialista Valenciano. Mientras los especuladores inmobiliarios aplaudían la destitución de la alcaldesa socialista, 2.000 vecinos se manifestaban en su favor y acusaban de especuladores a los concejales del PP.


Ninguna respuesta de regeneración política por parte de Mariano Rajoy. Solo unos días después de pedir en Baleares que "se separe a los corruptos del partido", en Valencia catalogaba a Carlos Fabra, presidente de la Diputación de Castellón, imputado por 18 delitos, que cuadruplicó su patrimonio en cinco años, con 94 cuentas bancarias, como "ciudadano y político ejemplar", después que ocho jueces y siete fiscales hayan abandonado la investigación y, desde hace más de dos años no se haya podido cubrir la plaza de juez, en el juzgado 1, de Nules. Da la impresión que Rajoy, buscando el centro político, se ha dado de bruces con el "centro" de la corrupción.


¿Dónde estaba Paulino Rivero, Miguel Zerolo, José Miguel González, Ana Oramas, José Miguel Barragán o José Torres Stinga y demás dirigentes de Coalición Canaria cuando, con nocturnidad, Manuel Hermoso, vicepresidente del Gobierno encabezado por Jerónimo Saavedra, le daba garantías de que no iba a presentar una moción de censura mientras ya estaba entregando la documentación correspondiente en el Parlamento para favorecer el lanzamiento de Coalición Canaria? ¿Qué opinan de utilizar para poder alcanzar el número de apoyos necesarios para desbancar a Jerónimo Saavedra, ejemplo de debilidad y estupidez, en las concesiones a Hermoso y sus adláteres a dos corruptos con varias condenas firmes, como Dimas Martín y Honorio García Bravo. ¿Qué opinan de la "extraña" desconexión del fax del Parlamento para evitar la recepción de uno del Tribunal Supremo advirtiendo que Dimas Martín no podía votar la moción de censura por haber sido inhabilitado durante seis años por un delito de cohecho cometido en sus primeros años de alcalde de Teguise. Después, las condenas y encarcelamientos por casos de corrupción se han sucedido.


Todavía recuerdo el vergonzoso espectáculo que dieron todas las formaciones políticas (AIC, AHI, CCN, ICAN y Asamblea Majorera) controladas por dirigentes empresariales, unas más que otras, para llegar a lo que denominaron el "pacto de hormigón", de Coalición Canaria, del que nunca he logrado saber si tal denominación se derivaba de la fortaleza de su "cohesión ideológica" o de su identificación con los intereses de algunos promotores inmobiliarios.


El 22 de noviembre de 1993, en la COPE, en ’El Paseíllo’, del programa ’La Mañana’, de Antonio Herrero, en el que se repartían vueltas al ruedo, ovaciones, banderillas y estocadas a personajes políticos que hubieran destacado positiva o negativamente en la última semana, tomamos la decisión de otorgar la estocada a Jerónimo Saavedra "por memo e imbecil ", al haber sido el último en enterarse de las intenciones, cantadas, de desalojarlo del Gobierno canario, por el conglomerado de intereses, autodenominados nacionalistas de su "aliado" Manuel Hermoso y que han conducido Canarias a la desastrosa situación socio-económica actual ¿Saavedra vuelve a las andadas? ¿Los políticos no se jubilan?