Transgénicos y agricultura
Wladimiro Rodríguez Brito
La semana pasada el señor Sarkozy ha puesto freno a los
cultivos de maíz transgénico en Francia, apoyando al líder campesino José Bové,
tema éste de gran importancia dada la potencia agraria del país vecino y la
ideología del señor Sarkozy, dejando para España en el primer plano en los
cultivos genéticamente modificados. En el caso del maíz, España se sitúa entre
los primeros países tras Estados Unidos y Argentina, y mientras que Alemania,
Austria y Hungría lo prohíben, España lo defiende. Y esto no es cuestión
baladí, ya que la soberanía alimentaria, la agroecología, la soberanía
energética y el medio ambiente son temas de extrema importancia, ya que supone
depender lo menos posible de las multinacionales, como es el caso de la
variedad de maíz llamada Mon 810 diseñada por la multinacional Monsanto, al que
le dedica más de
Estos temas son de una
gran trascendencia ambiental y social y deben preocuparnos porque los cultivos
genéticamente modificados pueden tener consecuencias no previstas y, por tanto,
no controlables por los humanos. No olvidemos que los supuestos logros
conseguidos en los laboratorios están en conseguir semillas resistentes a las
plagas y que alterar la naturaleza podría entrañar peligro, como es el caso del
polen de maíz sobre las variedades no modificadas en laboratorio, o la posibilidad
de la propagación de un gen virulento no controlable por el hombre. Estamos,
pues, ante numerosos interrogantes.
En este marco de
relaciones sociales con la agricultura, el señor Sarkozy se alía con el líder
campesino José Bové y éste deja la huelga de hambre que mantenía contra los
transgénicos. Mientras, en España, el gobierno del señor Zapatero se sitúa en
el marco de las multinacionales de los alimentos. No olvidemos que los peligros
de los cultivos con semillas genéticamente modificadas no sólo es alterar la
naturaleza en los laboratorios, sino también depender de las multinacionales o
de monopolios político-económico en el control de las semillas.
Pero no sólo ha sido
el señor Sarkozy el que ha entendido la importancia de los transgénicos, ya que
más de 300 investigadores y representes de la sociedad civil (científicos,
agricultores y ecologistas) han firmado una declaración en contra de los
transgénicos. Frente a las promesas de la industria de éstos, este documento
denuncia los peligros e impactos de su introducción en el medio ambiente y en
nuestros platos. La clase científica es una parte importante del debate y la
sociedad en su conjunto es quien debe tomar las decisiones que afectan a la
agricultura, alimentación y el derecho a producir y consumir en libertad, sin
estar sometidos a las multinacionales. Además, el comisario europeo de Medio
Ambiente, Stavros Dimas, ha propuesto recientemente en Bruselas la prohibición
de dos maíces transgénicos por los riesgos que suponen para el medio ambiente,
por lo que no debemos andar muy equivocados los que defendemos la agricultura
tradicional frente a este novedoso y oscuro mundo de los transgénicos.
Es bueno que sepamos
que agricultura es cultura y no sólo producción de alimentos; y que la
agricultura ha conseguido a lo largo de la historia una armonía con la
naturaleza en la que la rotación de los cultivos, la agricultura y la ganadería
han conseguido que el hombre cultive tierras durante miles de años sin
agotarlas, como ocurrió en Egipto, China, Mesopotamia y un largo etcétera de
civilizaciones. Ahora, sin embargo, vemos con preocupación, tanto ambiental
como para la salud humana, estos productos de laboratorio conseguidos en un
sueño productivista de obtener alimentos sin campesinos.
José Bové y la crisis
energética pueden ser referencias sociales y ambientales de una agricultura
ambiental y socialmente posibles, y es en este marco en el que tenemos que
hacer un esfuerzo en cuidar las valiosas semillas y frutales que nuestros
agricultores nos han dejado cultivados adaptados al clima y suelo de las islas.
En Canarias, por razones obvias, estamos en la obligación de defender una
agricultura ambientalmente sostenible, sin olvidar el plano social con la
alimentación sana. Esperemos que el señor Zapatero aprenda del señor Bové,
alguien a quien sí parece haber entendido el señor Sarkozy.