DESDE
EL Guiniguada
EL
TRANSPORTE PÚBLICO
Félix
M. Arencibia
Marzo se va metamorfoseando
en primavera y se despierta indeciso entre los efusivos rayos de Magec y las
sombras de nubes infecundas. Doramas Martín hoy medita sobre el transporte
público en nuestro Archipiélago. Cada día se extiende más el asfalto y el
cemento que fagotizan nuestros paisajes, a la vez los
vehículos van colapsando las nuevas circunvalaciones y autopistas. Desea
compartir su reflexión a través de un correo con su amigo Eugenio Verde. Hola:
Por desgracia
tenemos que hablar de aspectos negativos que quisiéramos que no que existieran. La calidad de vida en nuestra
tierra se deteriora por las excesivas construcciones y carreteras. El
transporte público tiende a debilitarse en vez de adquirir fuerza para
recuperar espacio al hormigón y disminuir la contaminación que contribuye al
cambio climático. Me gustaría, Eugenio, usar más la guagua, tanto para acceder
a la capital como para desenvolverme dentro de ella. La eficacia de dicho trasporte deja mucho que
desear y se me iría gran parte del tiempo en el camino. De todas maneras al
ritmo que crece el tráfico dentro de no mucho tiempo no podremos circular porque
las vías se colapsarían. Así que hay que tomar medidas con urgencia para evitar
llegar a tal deterioro.
Amigo
Eugenio, sabemos que a algunos políticos e importadores de coches no les
interesan el desarrollo del transporte público. Los primeros tendrían que tener
más valentía y no dejarse presionar por tales intereses. Habría que recuperar
la calidad del transporte en guagua, que fuera más rápido y ágil. Los vehículos
con energías alternativas deberían incrementarse para no contaminar. No
descartar ningún tipo de transporte, desde la guagua hasta el tranvía, metro o
lo que hiciera falta con tal de que no se destruya más nuestro medioambiente.
Todavía los tranvías eléctricos, que siguen consumiendo energía proveniente de
los derivados del petróleo, no son lo los que necesitamos, pues contaminan allí
donde su ubican las centrales eléctricas.
Querido
Eugenio, como hemos comentado tantas veces, no deberían faltar los carriles
bici si se quiere ofrecer a los ciudadanos una oportunidad más de trasladarse y
no contaminar sin poner en riesgo su integridad física. Ello no sólo en las
ciudades sino también en muchas carreteras interurbanas. Sabemos como te decía
que esto no interesa a determinados sectores económicos, pero todos debemos
contribuir a hacerlos realidad. Bueno, otro condicionante importante a tener en
cuenta es que la población no puede seguir creciendo al ritmo que lo hace
actualmente, pues ello es parte de lo que está haciendo que se incremente el
número de viandantes e indirectamente se destruyan nuestros paisajes. Estos
últimos necesarios para el mantenimiento de la calidad de vida y del futuro de
nuestro planeta. Bueno, Eugenio, te dejo con unos versos del poemario “Una
temporada en el infierno” (Une Saison en enfer) del francés Arthur Rimbaud: “Igual la pradera / entregada al olvido /
creciente y florida / de incienso y cizaña…
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