Solidaridad con los niños inmigrantes
Los educadores de los centros de menores acogidos en
Canarias solicitan a la población canaria solidaridad y a la Consejera de Bienestar Social que no baje
la guardia en sus obligaciones para que no se repitan situaciones como las del
año pasado.
Los educadores de los
Centros de Emergencia (DEAMENAC) que se tuvieron que poner en marcha en
Tenerife a principios de verano del año pasado, junto con el sindicato UGT,
solicitan a Dña. Inés Rojas, responsable de
Los niños acogidos en los
centros de La Esperanza estuvieron todo el invierno pasado durmiendo con varias
piezas de ropa sobrepuestas, además de un impermeable con gorro, ya que
únicamente se disponía de una manta por
menor. Las noches esperanceras empiezan a alcanzar ya los
Esta situación provocó que
durante el invierno pasado la salud de los niños empeorara considerablemente ya
que al padecimiento del frío extremo se unía la deficiente dieta alimentaria
que la empresa del catering les proporcionaba, no adecuada ni para su edad ni
para las condiciones ambientales de la estación invernal, sumada a la no
disponibilidad de agua caliente para el aseo diario de todos los menores, lo
que empeoró enormemente las condiciones de vida de las criaturas.
A pesar de que la situación
este invierno ha mejorado algo, gracias sobre todo a la enorme generosidad y
solidaridad de la ciudadanía -que ha ido donando su ropa cuando renovaba su
armario- y donaciones recibidas por el personal laboral, todavía hoy no se
dispone de agua caliente suficiente, ya que sólo hay termos con capacidad para
que se duchen los diez niños primeros, la comida sigue siendo de catering y de
mala calidad, y muchos menores se pasan de la mañana a la noche con el único
calzado que tienen: unas cholas playeras, con los pies al descubierto, ya que en
su mayoría carecen de calcetines y
calzado de abrigo.
Asimismo, para las actividades
en las canchas, tienen que esperar unos a que otros terminen el juego para que
éstos les cedan las viejas zapatillas de deporte que conservan, compradas por
ellos mismos con sus pagas quincenales, con el consiguiente sacrificio de
reducir drásticamente las llamadas familiares a sus países de origen o las
necesarias golosinas de las que todo niño debe disfrutar.
Así que el personal laboral de
los centros y
También esperan que Dña.
Inés Rojas no olvide que, aunque para nuestros niños canarios una naranja
signifique muchas veces sólo un problema en el comedor de su colegio y la
desprecien, para estos niños acogidos, una naranja, un plátano o una pera,
representan “El Dorado”.
Santa Cruz de
Tenerife, 26 de noviembre de 2007
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