Última réplica a Octavio
Hernández
SOBRE LAS ASCUAS, LAS SARDINAS Y EL POTAJE IDEOLÓGICO
Julián Ayala Armas
La atinada explicación de Octavio Hernández me ha
sacado de dudas. No fue un “ejercicio de
esquizofrenia”, como dije en mi artículo anterior, ni un caso de ciclotimia
aguda (ya saben, ese desorden de la personalidad que hace que quien lo sufre te
de besos en la boca hoy y te clave un tenedor en el ojo mañana) lo que motivó
la dualidad de pensamiento y acción de nuestro hombre, a la hora de enjuiciar
el monográfico de Canarii sobre Javier Fernández Quesada. Lo que ocurrió en realidad
fue que alguien, vaya usted a saber con qué intención, pronunció la frase
clave, el abracadabra que abrió las puertas de la caverna: “El artículo te salió bastante suavito” (1).
Ante ese
reclamo irresistible, al igual que el sabio y amable Dr. Jekyll después de tomar
la pócima de su invención se transformaba en el encanallado y cruel Mr. Hyde,
emergió a la superficie desde lo más hondo de su ser la parte más torva y
oscura de su personalidad, y empezó a desbarrar contra nosotros. Pardiez, que
este argumento tan inapelable desde el punto de vista racional, me deja fuera
de juego. Reconozco, contrito, haber
incurrido en el juicio de intenciones que yo mismo he echado en cara a mi
interlocutor.
Con la
íntima y amarga impresión de lo difícil que me va a ser remontar el debate
después de esta declaración de rendición sin condiciones, voy a intentar, sin
embargo, por aquello de que “la esperanza es lo último que se vende”
(Kalvellido dicit), pergeñar algunas reflexiones
al respecto. Y lo haré no porque crea que exista la contingencia, por remota
que sea, de convencer a mi interlocutor, que parte de una posición preconcebida
y dogmática, sino en consideración a la posibilidad de que aparte de nosotros
dos exista algún lector masoquista interesado en esta cuestión.
SOBRE EL ‘NUDO GORDIANO’. No me extenderé mucho, pues Octavio
Hernández se limita en lo que denomina “nudo
gordiano de toda esta discusión” a intentar darle la vuelta a mis
argumentos, confundiendo y mezclando conceptos de distinta índole, y dando
lugar a un verdadero potaje ideológico. A medida que engulle cucharones de ese
puchero, se va creciendo y embalando cada vez más, quizá con la vista puesta en
derrotar él sólo a todos los romanos, como Astérix después de tomar la poción
mágica.
Así, cuando
yo digo que hace treinta años el nacionalismo era una referencia para mucha
gente, él basándose en eso concluye que “existía
una hegemonía cultural independentista”. Primera confusión de conceptos, nacionalismo
e independentismo (encima, “hegemónico”). Primera mezcla de bubangos y pantanas.
Después vendrán las “papas chineuas”, las zanahorias, el puñadito de
habichuelas y el colorante alimentario, para darle ese tono suavemente rojizo
al comistrajo. Veámoslo.
De “esa hegemonía cultural independentista”,
que él mismo se inventa, coloca como icono y símbolo inmanente a una persona
que tuvo la mala suerte de ser víctima de un asesinato en medio de una protesta
social, en la que participaba gente de diversas ideologías y donde el
independentismo no era en absoluto hegemónico, pues ni
Su potaje,
pues, tiene dos ingredientes falsos: 1º) Que Javier Fernández Quesada manifestó
de manera incontrovertible y firme sus ideales independentistas, y 2º) que
existía una “hegemonía cultural” de dicha ideología. Y esto lo intenta basar en
lo que dijimos nosotros. Es un maestro en el arte de tergiversar los argumentos
ajenos. Veamos otra muestra de su rara habilidad: “El asesinato en su contexto
–afirma más adelante sin cortarse un pelo– fue también un crimen político
contra esa hegemonía cultural antifranquista, rupturista y, sí,
independentista”. ¿Observan cómo nos va llevando mediante la enumeración de
cosas evidentes para todos a otra que sólo es evidente para él? ¡Qué capacidad
de mixtificación la de este hombre!
Aunque, sin
embargo, hay notables ausencias en su planteamiento, que hacen que se le vea el
plumero. Porque no es que pase de puntillas, es que ni siquiera cita (porque
naturalmente no conviene a su montaje histórico) lo que sí es una verdad incontrovertible:
que fue el régimen del momento, en su intento de confundir a la sociedad y
desviar la atención de un acto represivo sin mínima justificación ni
precedentes, un verdadero crimen de Estado, el que exageró el papel
protagonista del independentismo. La guardia civil disparó, según la versión
oficial, porque se vio acosada por una turbamulta de bárbaros, radicales y
extremistas, que no estaban movidos por reivindicaciones asumibles por el
sistema (como podían ser las de los trabajadores en huelga), sino por el afán
de destruir, entre otras cosas esenciales, la sacrosanta unidad de la patria.
En ese contexto, así lo creían, la muerte de una persona casi podía aparecer
como algo “normal”.
Si lee usted,
Don Octavio, las declaraciones del coronel jefe de la guardia civil, Manuel
González, y del gobernador civil de la provincia, Luis Mardones, ante
‘CONTAMINAR’
Cuando digo
que Fernández Quesada era hijo de su tiempo lo que quiero significar es que es
normal que se sintiera influido por las ideas de su tiempo, entre ellas el
nacionalismo que, reitero, era un referente (añado ahora, uno más) para muchas
personas. Pero una influencia de ese tipo puede ser profunda o epidérmica. Estoy
absolutamente seguro que lo que se desprende del texto de Javier, así como de
lo que dicen quienes lo conocieron, a los que ha interrogado entre otros el
abogado de
Que conste
que es muy dueño de creer lo que quiera y eso no voy a discutírselo ni a él ni
a nadie (no me meto en cuestiones de fe); pero vamos a ver, Don Octavio, de
todos sus apasionados alegatos se concluye que Javier Fernández era un firme
independentista, que su escrito es una declaración de principios y que estaba
dispuesto a jugarse la vida por ellos, ¿no? Vale, veamos ahora la realidad: ¿Dónde
está el activismo de Javier? En aquélla época existían ya organizaciones que
eran cobertura legal del nacionalismo independentista, ¿en cuáles se sabe con
certeza que militó Javier? ¿Se pueden tener firmes ideas políticas sobre algo y
no intentar luchar por su puesta en práctica?
CONSIDERACIONES FINALES. Me quedan unas últimas consideraciones
que hacer respecto a las alusiones personales con que reiteradamente me
“obsequia”, pese a que en el preámbulo de su artículo, revestido de la piel de
cordero que suele usar en estos casos, se muestre dolido e intente dar
lecciones de ecuanimidad como una forma más de defenderse. Es normal. La
historia sólo conoce el caso de un acusado que puso la otra mejilla, Nuestro Señor
Jesucristo; pero era Dios y no tiene mérito.
Digresiones
aparte, los que me conocen, que no es su caso, saben que nunca he jugado a “flirtear con el independentismo”. A lo
más que he llegado y llego (sobre todo por convicciones profundamente
democráticas) es a defender el derecho de autodeterminación de las naciones y
pueblos diferenciados, que en el Estado español considero que son, aparte de
Canarias, Cataluña, el País Vasco y Galicia, así como, naturalmente, cualquier
otra posible nacionalidad cuyos ciudadanos decidan reclamarlo (2).
En todos
estos años he cambiado en muchas cosas, naturalmente, pero no de bando o de postura en lo que es
esencialmente un bando o una postura. Pero aunque así fuera, es usted el menos
indicado, carece usted absolutamente de fuerza moral y reciedumbre ética para
echar en cara a nadie sus posibles cambios, después de haber pasado, en un
tiempo casi meteórico, por una cantidad tal de metamorfosis políticas e ideológicas
que le podrían hacer acreedor a ocupar un puesto destacado en los records Guinness
del mundo.
Lamento
recordarle estos tristes tópicos y deseo de todo corazón que la próxima vez que
ofrezca sus servicios a un partido con posibilidades de poder, como el PSOE,
vea satisfechas al fin sus ansias. Que
todo el mundo tiene derecho a un lugarcito en el Sol, qué diantre.
ADDENDA: Usted puede hacer lo que quiera, naturalmente, pero
en lo que a mi respecta doy por cerrado este debate. Creo que la persona y la
memoria de Javier Fernández Quesada no merecen ser llevadas de un lado para
otro como un pim-pam-púm político. Está, además, la sensibilidad de su familia,
que debemos respetar por encima de cualquier otra consideración. No pienso, por
tanto, volver a discutir este asunto. Ni con usted ni con nadie.
Hasta más ver.
--------------------
(1) En referencia al artículo “Fernández Quesada: en honor a la verdad”.
Canarias-Semanal.
(2) Desde luego, algo muy distinto a lo
que puede decir Octavio Hernández, que en el año 2003 –creo, no estoy muy
seguro de la fecha exacta– durante el
Congreso de Los Verdes de Canarias celebrado en Fuerteventura, al que asistió como representante de Los
Verdes de Tenerife, se empeñó en que fuera retirado el artículo de los estatutos
del partido sobre el derecho del pueblo canario a la autodeterminación. Los
partidarios del artículo tuvieron que sudar la suyo para lograr que las cosas
siguieran como estaban. Poco tiempo antes nuestro hombre había salido de
Alternativa Popular Canaria, partido autodeterminista e independentista, de
donde entró en Los Verdes de Tenerife, pretendiendo, como hemos dicho quitar de
sus estatutos la referencia a la autodeterminación, y ahora se pone a defender la independencia de
Canarias y se empeña en hacer de Javier Fernández un mártir de la (su) causa.
¡Tiene bemoles la cosa!