VENEZUELA, LA CRISIS DEL DÓLAR Y EL
PETRÓLEO
Andrés García Montes
En el trabajo titulado: “Venezuela en la Mira de la Tormenta” y publicado en
este medio, les decía a mis amables lectores que en las investigaciones realizadas
para producir ese trabajo, había descubierto que la crisis que amenaza a la
humanidad y especialmente a Venezuela e Irán, es mucho más compleja y explosiva
que lo allí señalado, lo que originaba que me declarara en deuda con mis
lectores. Pues bien, el presente, salda esa deuda.
Las contradicciones del sistema social capitalista y los
enfrentamientos de los grandes intereses que conviven en su seno y conforman su
estructura, han venido cavando la tumba del mismo. Es la historia que avanza
enterrando en su camino todo aquello que se opone al proceso de evolución y
desarrollo.
Comencemos por un hecho histórico, el cual por razones
estratégicas de ocultar los trapos sucios, poca o ninguna publicidad se le ha
dado ¿Se ha preguntado distinguido lector cuál fue la causa que generó el
llamado “Milagro Japonés” allá por las décadas del 60 y 70 del pasado siglo?
Veamos:
Terminada la II Guerra
Mundial, es bien conocido como Estados Unidos de América (EUA) para impedir que
el Socialismo se tragara a la Europa
Occidental ante las favorables condiciones que creó la
guerra, envió un chorro de dólares a Europa que se conoce como el “Plan
Marshall” esto logra el objetivo de mantener a esa parte de Europa bajo el dominio del sistema, pero creó otro agudo y
difícil problema. Con esos recursos, Europa limpia los escombros que le dejaran
los más de 20 millones de kilos de explosivos que le destruyeron e inicia su
recuperación, pero en ese proceso aplica los avances tecnológicos desarrollados
por la guerra en la reconstrucción de su industria, poco tiempo después eso le
permitió producir los bienes de consumo no sólo a mayor velocidad, sino a más
bajo costo, a lo que se le unió que la mano de obra ampliamente especializada,
por efectos de la crisis, era mucho más barata que en los EUA, ello le permitió
competir ventajosamente en el mercado mundial despojando a su benefactor, éste
se da cuenta que el problema es tecnológico y orienta sus esfuerzos en ese
sentido, creando grandes centros de investigación científica, baste recordar
uno de los más importantes en Marsella, donde se decía que trabajaban los 500
mejores cerebros de Europa. Mucho le debe el salto tecnológico de estos últimos
60 años, a este hecho.
Como bien es conocido la tecnología es llevar la ciencia y sus
descubrimientos a la práctica, eso es lo que hizo el imperio norteamericano, le
aplicó el mismo tratamiento que los europeos le habían aplicado, con la
variante de quedarse como socio, todavía se consigue un libro muy famoso en las
décadas del 60 y 70, escrito, si mal no recuerdo, por un periodista francés
titulado “El Desafío Americano” en el cual se denunciaba que EUA, sin invertir
grandes capitales se estaba adueñando de Europa. Esto, entre otros males,
generó que para evitar que su angélico socio los tragara, las castas dirigentes
de los pueblos europeos enredadas durante siglos en guerras y luchas internas
se unieran, nació así la
Comunidad Económica Europea (CEE) hoy Unión Europea (UE).
Logrado tal objetivo, aplicaron medidas proteccionistas a sus mercados
internos, incrementaron aranceles y otros impuestos a las importaciones y
volvieron a la carga. Ante tal situación los EUA no tuvieron otra salida que
producir en las condiciones que le permitieran competir con la CEE en los mercados mundiales,
para ello recurren a un país desarrollado y altamente capacitado que para la
época lo tenían ocupado y de rodillas, me refiero a el Japón, dejan de invertir
incluso en los mismos EUA, reconstruyen la industria japonesa con una
tecnología incluso más avanzada que la europea y una mano de obra que nada
tiene que envidiar a la de su contendor incluso, más barata y enfrenta la
competencia europea en mejores condiciones. Este es el tan mentado “Milagro
Japonés”. Pero esto ha tenido su costo, esta maniobra fue el inicio de lo que
hoy es el grave problema financiero que amenaza la propia existencia del
Imperio. Al dejar de producir en el campo interno, hay que importar más, lo que
no sólo representa exportación de capitales, sino que disminuyen los ingresos
al fisco y sientan el precedente de centrar a mayor velocidad los grandes
beneficios en manos de las grandes corporaciones y empresas transnacionales. Estas
prácticas crean, entre otros males, un déficit fiscal, o sea, que los gastos
superan a los ingresos y la llamada balanza de pagos o comercial que mide las
importaciones y las exportaciones sea deficitaria, lo
cual ejerce un poderoso peso en la capacidad financiera del país que lo padece.
Esto determina que para poder pagar los gastos que los ingresos no cubren, el
Estado venda en el mercado internacional papeles (bonos, letras del tesoro,
entre otros) para cubrir esos gastos, ello determina el crecimiento de la deuda,
tanto externa como interna. También es importante señalar que los apremios son
tan exigentes, que el gobierno ha venido emitiendo papel moneda inorgánico, o
sea, sin respaldo, para hacer frente a sus obligaciones. Esta compleja
situación ha determinado que hace más de 20 años la economía de los EUA, ante
la imponente deuda externa, que sigue creciendo, se viene financiando y depende
del capital extranjero. Esto se ha venido agravando ante la actitud de sus
grandes empresas y corporaciones que prefieren invertir en países que ofrecen
buenas ventajas que se convierten en jugosas ganancias como China o Vietnam, donde
los costos de producción son mínimos y la mano de obra muy baja. En Vietnan un trabajador labora todo un mes por 22 dólares.
Esto daña en forma cada vez más acelerada la economía del país, haciéndole más
débil y vulnerable en el campo económico-financiero, golpeando fuertemente al
dólar.
Es aquí donde el problema toma su auténtica dimensión. El que el
dólar sea la moneda del mercado internacional y que las transacciones se hagan
mayoritariamente en esa moneda, le proporciona a EUA un conjunto de ventajas y
una capacidad de maniobra excepcional. Basta saber que, sólo por ser la moneda
en la que se hacen las transacciones en el campo internacional, le proporciona
a EUA un auxilio financiero que oscila en los 2 a 3 mil millones de dólares
diarios. Pero una moneda que aspire a desempeñar este papel en la economía y
las finanzas del mundo, tiene que ser una moneda sólida, con gran respaldo, que
permita un alto nivel de confianza. ¿Puede la economía del país que ampara y
emite el dólar ofrecer las garantías que tal condición exige? Veamos:
Para comprender el difícil momento que en el campo económico y
financiero vive el imperio estadounidense, necesario es tomar en cuenta dos
aspectos que son decisivos, aunque no únicos en la sobrevivencia de su
condición imperial, ellos son: primero, la importancia determinante que en su
economía tiene el vital petróleo, factor central en la crisis energética y
segundo, el demoledor impacto que sobre su economía tendría la sustitución del
dólar como moneda de reserva y del mercado internacional. Claro que esto hay
que verlo dentro de un país con una descomunal deuda. Según datos recientes, de
8,4 trillones de dólares, un déficit en la balanza comercial de 800 billones de
dólares y un hueco o déficit fiscal de 500 billones de dólares, más los miles
de millones de papel moneda inorgánico emitido y en
circulación, entre otros aspectos.
Un somero análisis sobre el primer punto nos dice que el
descomunal consumo de energía en los EUA llega a tragarse 20 millones de
barriles diarios de petróleo, casi la cuarta parte de la demanda mundial, de
los cuales importa el 75 por ciento, camino, a dentro de poco tiempo, ante el
acelerado agotamiento de sus reservas, llegar al 90 por ciento.
El punto dos, no es menos dramático. En la década del 70 del
pasado siglo se conformó la
Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), en
ese momento los EUA firma un acuerdo con Arabia Saudita, principal productor y
exportador de la OPEP,
que las naciones del cártel realizarán todas las operaciones de venta en
dólares. Ello ha beneficiado en estos 30 últimos años con la acuñación del
papel moneda que el gigantesco mercado petrolero ha ido exigiendo y con el
retorno de buena parte de ese dinero a su mercado por la compra de papeles e
inversiones que los países de la
OPEP han venido haciendo, lo que le ha permitido ir cubriendo
su creciente déficit. Sólo Arabia Saudita posee inversiones por 900 mil
millones de dólares. Un cambio en esta situación sería catastrófico para el
Imperio.
Cómo es fácil deducir, la supremacía económica de EUA ahora
depende de su poder para obligar principalmente a los países productores y
vendedores de petróleo a seguir facturando en dólares, y es esta necesidad, en
gran parte, la que originó la invasión a Irak que sigue siendo una seria y
brutal advertencia a todos los productores y vendedores de hidrocarburos, pues
queda muy claro que si EUA no logra mantener al dólar como moneda de cambio y
reserva en el campo internacional, el dólar caería en picada y con ello se
derretiría la supremacía del Imperio.
Sin embargo, ya es un hecho que el dólar inició desde tiempo
atrás su descenso y todo indica que esa caída no se detendrá. La más clara
realidad la presenta su constante variación frente al euro. Como se recordará,
éste nació con un valor inferior al dólar, en relativo poco tiempo se igualó y
desde ese momento hasta ahora, en cuestión de un par de años, el dólar ha
perdido frente al euro un 50 por ciento, hay poderosos razones para que las
autoridades del Tesoro de EUA, los países que tienen sus reservas en dólares y
los miembros de la OPEP,
más los que tienen grandes inversiones en dólares, se sientan muy preocupados.
Recientemente autorizadas voces como la de Gerard Duménil, Director de Investigación del Centro Nacional de
Investigación Científica de Francia y William Gaviria, miembro de la red del
Comité para la Anulación
de la Deuda Externa
de los Países del Tercer Mundo, coinciden en afirmar que la depreciación de la
divisa norteamericana responde a un problema de larga data que se expresa en un
fuerte déficit en su balanza comercial y de pagos. Estos especialistas opinan
que, dado que la causa que lo genera no es corregida, la moneda podría seguir
en caída incontenible.
No se requiere ser un experto en economía para saber que los EUA
no están en capacidad de reducir, y menos de eliminar, los enormes déficits en
su balanza comercial y de pagos. Los mismo podemos decir que, de llegarse a
concretar la sustitución del dólar por otra moneda tanto en el mercado mundial
como en las reservas que hoy guardan la mayoría de países en dólares, las
gigantescas masas de papel moneda acuñada por los EUA, volverían de regreso al
circulante del imperio decretando, sin que se pueda evitar, una hiperinflación
que se tragará al Imperio. Así de simple es lo que está planteado, soy de los
que opina, y en esto no estoy solo, que el Sistema Social Capitalista no
sobrevivirá al derrumbe de su principal base de sustentación, los EUA. De allí,
la desesperación y el alboroto de toda la derecha mundial.
No hay en el mundo un bien de consumo que mueva las inmensas
masas de dinero que agita el petróleo, de allí la especial atención por lo
mediático que el imperio le dedica. La mejor muestra es el siguiente hecho:
para 1999, Irán decidió realizar sus transacciones petroleras en euros (hecho
aún no concretado) en el año 2000 Irak hizo lo mismo. En el 2001 Bush señala a
ambos países como miembros del “Eje del Mal” un año después, para finales del
2002, el ejército imperial invade a Irak. Así de importante y decisivo es para
EUA el mercado petrolero y su facturación en dólares.
Pero la incesante caída del dólar, más la crisis del imperio que
amenazan con una recesión de imprevisibles alcances, están despertando fuertes
temores frente a una posible devaluación y derrumbe del dólar. No debe causar
sorpresa que en la III Cumbre
de la OPEP,
recientemente realizada, Irán, Ecuador y Venezuela, propusieran sustituir el
dólar por el euro en la venta del petróleo, es lógico pensar que la defensa de
su economía pesa más en esta petición que los intereses políticos. Pues
informes internacionales dan a conocer que Rusia se deshace masivamente de sus
dólares y varios países asiáticos hacen lo mismo y que se está en presencia de
una intensa reconversión de reservas de Bancos Centrales. A no dudarlo, un
cambio en la OPEP,
o sólo en algunos de sus países, originaría una estampida imposible de
controlar. Pues solo pensemos en que el mundo consume 85 millones de barriles
diarios de petróleo, si estimamos en 100 dólares el valor de venta por barril,
vemos que el costo del movimiento de la musculatura mundial, se eleva a 8.500
millones de dólares diarios, si el dólar se devalúa sólo en un 10 por ciento,
esto representa una pérdida diaria de 850 millones de dólares. Así que las
medidas de protección están ampliamente justificadas y a la larga, no hay otra
salida.
Ahora bien, la OPEP
parece tener el detonante de esta bomba atómica financiera y dentro de esa
organización dos países parecen comandar la acción, Irán y Venezuela, ambos por
razones obvias están en la mira del Imperio. Un ataque a cualquiera de ellas
disparará el precio del petróleo a niveles que es dudoso que la economía
mundial lo soporte, pero como lo que está en peligro es la vida del Imperio y
del Sistema, las posibilidades aumentan peligrosamente. Ahora bien: ¿en qué
orden se llevará a cabo ese posible ataque? Por razones que explicaba en mi
última entrega titulada: “Venezuela en la Mira de la Tormenta” [1] es obvio que la
primera será Venezuela, pues Irán no sólo produce más petróleo que Venezuela,
sino que puede cerrar el Estrecho de Ormuz, por donde obligatoriamente pasa
entre el 40 y 50 por ciento del petróleo que produce el Medio Oriente,
provocando un colapso en el suministro y elevación en los precios, cuya
previsible crisis puede tragarse al Imperio y hasta al mismo sistema. Por
tanto, primero hay que controlar a Venezuela que suministraría si no todo,
buena parte del petróleo que dejaría de suministrar el Medio Oriente, hasta el
dominio de Irán si lo consiguen. Esa sería la más probable estrategia del
Imperio, aunque no es ninguna garantía, pues fácilmente podrían surgir dos
nuevos Irak que destruyeran sus aspiraciones.
Esto es lo que se estaba jugando en las elecciones del 2 de
diciembre del 2007, donde el Imperio estaba dispuesto a todo, hasta crear una
Guerra Civil si era necesario y que el presidente Chávez con su decisión y su
tacto de líder y gran estratega neutralizó al reconocer la victoria de la
oposición y desmontar, con ello, toda la estructura estratégica que el Imperio
y sus aliados internos y externos tenían planificado.
No vamos a ser tan incautos e infantiles, para creer que esta
sabia decisión va a hacer el milagro que la derecha mundial, con el Presidente
Bush a la cabeza, desistan de su empeño de destruir la Revolución Bolivariana.
Sabemos seguirán en su empeño, cada vez con nuevos y renovados bríos, lo que
nos impone a aprovechar estos respiros para organizarnos mejor, incrementar el
nivel de conciencia revolucionaria de nuestro pueblo, aumentar el nivel de disciplina
y conocimiento, que nos permita presentar un frente de lucha capaz de hacer
trizas a los ataques que los poderosos enemigos del proceso revolucionario
vayan presentando, sin olvidar que el arma más contundente es la unión en torno
al líder que capitanea la acción, y hasta este momento ha demostrado ser un
estratega firme, decidido, valiente y sobre todo, con una concepción y visón
histórica insuperable.
[1] Venezuela en la mira de la tormenta