Yugoslavia, todo un mito
Juan Jesús Ayala
Los turcos
permanecieron durante 500 años en Kosovo y terminaron
marchándose. Los serbios llegaron en 1912 y tendrán también que irse, por
muchos huesos que rompan y por muchas heridas que provoquen, porque el ímpetu
de un pueblo hará que esto sea así porque la memoria colectiva de los kosovares ha ido desde tiempo hacia su búsqueda.
Yugoslavia nunca fue
nación. La historia fabricada por los hombres y por las guerras compuso un mapa
ficticio que, andando el tiempo, se ha colocado en su sitio y todas aquellas
repúblicas que integraban esa nación hecha de la nada han seguido su camino, su
libre determinación formando parte de
Los pueblos que
componían Yugoslavia, antes de la creación de un ficticio primer Estado en 1918,
no pertenecían ni siquiera a la misma cultura, ya que había un mosaico de
diversidades identitarias y hasta de religión. "Yug" quiere decir sur. Yugoslavia era el espacio donde
habitan los eslavos del sur, pero dentro de ese espacio existían poblaciones no
eslavas y con distintas fisuras entre ellas que motivaron lo que es de todos conocido.
Pero desde que el
parlamento de Kosovo ha decidido elegir la libertad,
el mapa de un territorio falsificado ha terminado de recomponerse diluyéndose
sus fronteras, hechas con los tiralíneas de la guerra y de la opresión. Por eso
no debe ponerse en duda su esencia y fundamento de país y nadie debe sentirse
incómodo por el grito que desde allí se ha dado, un grito colectivo que camina
hacia la conformación de un nuevo Estado.
Yugoslavia ha sido un
mito y solo quedaba Kosovo como una realidad política
que pugnaba por ir hacia sí misma. A ser protagonista de su historia, por lo
que esa situación debe ser saludada con alegría, no con temor y menos con
resabios que pudieran truncar las ansias y deseos de años a la espera de su
oportunidad que ya ha llegado.