A propósito de Cho Vito
Francisco
García-Talavera Casañas
Hace más de 20 años publiqué en el periódico EL DÍA, (19-XII-1987) el siguiente artículo titulado "Una Ley de
Costas para Canarias":
"Una vez más
pudimos comprobar los asistentes a la conferencia-coloquio del director general
de Puertos y Costas, señor Palao, y del director del
Instituto del Territorio y Urbanismo, señor Menéndez, la ignorancia de la Administración Central
hacia los temas canarios. Había gran expectación ante un título tan sugerente:
"Las Islas y el Anteproyecto de la
Ley de Costas". Comenzó el director general con la
proyección de un vídeo-bodrio, de pésima calidad, sobre la incidencia negativa
del Urbanismo en el litoral peninsular, ya que de los 25 minutos de duración
del vídeo (hubo que repetirlo por mala calidad y en la repetición salió
prácticamente igual) con alrededor de un centenar de vistas y tomas de las
costas peninsulares, sólo le dedicó un escaso minuto al litoral canario y con
unas fotos cochambrosas que ni se sabe de dónde son. Dejando pasar esto, y
esperando que los señores conferenciantes a lo largo de sus intervenciones
clarificaran un poco el tema y se centraran en la problemática canaria, cuál
fue mi asombro al comprobar que lo único que hicieron fue echarse flores,
alabando las excelencias de la nueva ley, hoy proyecto, y aludiendo a Canarias
desde una postura defensiva sobre las objeciones formuladas al anteproyecto de
ley.
A estas alturas ya
comenzaba a darme cuenta de que estos señores, como tantos otros políticos de la Administración Central,
habían venido a calmar los ánimos de los cuatro contestatarios ignorantes que
habitamos estas "maravillosas Islas en donde conservamos muy buenos
amigos", etc., etc. Por fin llegó el coloquio y aún conservaba alguna
esperanza de que de una vez se comentarían razones de peso que dejaran la
realidad canaria en su sitio. No fue así. Salvo algunas intervenciones, sobre
todo por parte de empresarios, en las que efectivamente se criticó el proyecto
de ley y la baja calidad de la conferencia-vídeo-bodrio anteriormente expuesta,
ciertas críticas puntuales y alguna que otra alabanza, no se pusieron las
cartas boca arriba.
Concluían el coloquio,
aduciendo los señores políticos causas de fuerza mayor (tenían que coger el
avión a las 11 y cuarto y eran las 10) que les impedían continuar. Mi
desasosiego era tan grande que aproveché el oportuno momento, cuando dijeron si
alguien más quería intervenir, para formular la siguiente pregunta: "¿Se
ha tenido en cuenta la doble especificidad canaria a la hora de elaborar el anteproyecto
de ley? Ya que si por un lado somos un territorio insular limitado, a ello hay
que añadir su naturaleza volcánica. Todo eso conlleva el que la geomorfología
de nuestras costas sea muy diferente a las continentales, con escasez de
plataformas y de zonas abiertas, terrenos ganados al mar, etc. Poniendo como
ejemplo la isla de La Gomera,
en donde la práctica totalidad de su costa es acantilada, ¿cómo se pueden
aplicar los mismos criterios que para las costas peninsulares, en las que se
establece una zona de dominio público hasta los 100 metros de
litoral?". El señor Palao respondió, algo
sorprendido por la pregunta, que efectivamente la ley había sido elaborada
desde Madrid y desde una perspectiva general, pero que soportaba excepciones
para cierto tipo de costas y que, por ejemplo, ya Cantabria había puesto sus
límites excepcionales. También dijo que en las costas acantiladas la franja de
dominio público era "prácticamente nula" y que había que definir
exactamente lo que es un acantilado... En resumen, quedé convencido de dos
cosas: que se habían acordado muy poco de Canarias al elaborar la ley y de la
necesidad que tenemos de una plena autonomía. Pensé en formularle una segunda
pregunta, relacionada con la anterior, pero por respeto a la concurrencia, dado
lo avanzado de la hora, no lo hice. Esta era la pregunta: "Siguiendo con
el ejemplo de La Gomera,
¿cómo queda el tema de las aguas interiores de esta isla tras el nuevo
ordenamiento jurídico?". Pues todos sabemos que en la ley vigente, con la
absurda y disparatada medida de líneas de base recta, La Gomera se queda sin aguas
interiores, con todas las repercusiones socio-económicas que eso implica. Lo
mismo sucede con amplias zonas en las restantes Islas. Así estamos ahora.
En mi opinión, esta
ley es de tanta transcendencia o más para Canarias que la célebre Ley de Aguas.
En ella se ven implicados tres de los sectores más importantes para nuestras
Islas: el turismo, la pesca y la ordenación del territorio y medio ambiente.
Aunque se trate de
competencias de ámbito estatal (también lo era la Ley de Aguas) aquí se
presentan excepciones y singularidades de tanta importancia que merecen ser
tenidas en cuenta. Defendamos nuestras costas y nuestras aguas. Dejemos bien
claro de una vez por todas quiénes somos y dónde vivimos. Que no nos tomen más
el pelo. Pasemos de las protestas y críticas a las propuestas y alternativas.
Señores políticos locales (muchos asistieron a la conferencia-coloquio). ustedes tienen la palabra. "El pueblo dirá la
última".
Como vemos, han
transcurrido 20 años y muy poco ha cambiado en esta colonia.