¿A qué juega España?:

 

Una política científica no sólo al servicio de la contaminación

 

 

La combustión tiene lugar en casi todas las sustancias orgánicas, proceso mediante el cual se genera dióxido de carbono y agua. El vertido de dióxido de carbono tanto en la atmósfera como en los océanos ha desencadenado un cambio climático sin precedentes al ser uno de los gases del efecto invernadero.

 

La combustión del petróleo y el gas natural es una de las principales fuentes de energía de la sociedad industrial; estos compuestos se forman en la naturaleza mediante la descomposición de la materia orgánica procedente de los seres vivos en medio acuoso sin oxígeno. De los derivados del petróleo se obtienen los clorofluorocarburos, también conocidos como CFC, cuya síntesis han acordado detener los diferentes países del mundo, con una unanimidad sin precedentes, debido a que son capaces de transformarse en especies muy reactivas y destruir la capa de ozono, importantísima en el mantenimiento de la vida en la Tierra.

 

El Consejo Superior de Investigaciones Científicas, la entidad franquista de la investigación es España, cuyas malas mañas mantiene desde sus orígenes, pese a la ley de memoria histórica que no cumple, celebra estos días en Canarias el cincuenta aniversario de la fundación del Instituto de Productos Naturales y Agrobiología, que mantiene una semana de puertas abiertas, que sepamos la primera en sus más de cincuenta años de existencia, lo que nos ha permitido y motivado a recabar algunos datos, como por ejemplo que desde hace más de veinte años todas las plazas que convocan los sucesivos ministerios, igual da que sean del PP como del PSOE, para personal investigador son para el departamento de síntesis orgánica, lo que hace difícil, aún para alguien profano en la materia, establecer un vínculo entre la actividad de síntesis orgánica y el citado Instituto de Productos Naturales y Agrobiología, que incluso parecen representar conceptos antagónicos.

 

La cosa no acaba ahí, sino que los tribunales que han de calificar a los aspirantes, como no, los nombran de, desde, por y para Madrid, metrópoli a la que tienen que desplazarse los candidatos como en los mejores tiempos del franquismo, a más de dos mil kilómetros.

 

España apenas invierte en Canarias, muy al contrario, de aquí salen los más de siete billones de las antiguas pesetas que genera el producto interior bruto, pero cuando invierte es preferible que no lo haga, pues, qué casualidad, siempre lo hace en contra del sector primario, en esa continua danza de perversión del lenguaje, pues como se ha descrito anteriormente los fondos de un supuesto Instituto de Agrobiología se destinan a la síntesis orgánica, claro que de esta forma la economía se hace más y más dependiente, haciendo una mera ilusión aquello de la soberanía alimentaria por la que aboga Naciones Unidas a través de la FAO , Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO, siglas de Food and Agriculture Organization).

 

Necesidad de un nuevo modelo de desarrollo económico acorde con el respeto a nuestro medio ambiente.

 

Desde la invasión de nuestra tierra por España hemos estado sometidos a modelos económicos impuestos y con el centro de decisiones ajeno a nosotros. Esto ha generado ciclos de crisis ante la fragilidad de nuestro sistema económico especulativo que ha buscado siempre la generación rápida de riqueza con la intención de que esta salga al exterior de forma inmediata. Hay que dotar al Archipiélago canario de un tejido productivo que nos permita generar riqueza a medio y a largo plazo y que esta luego pueda mantenerse en el tiempo. Este tejido productivo debe sostenerse sobre varios pilares de producción y generar un proceso encadenado que lleve a nuestro país al desarrollo y bienestar sin hipotecar para ello nuestra naturaleza sino, al contrario, usando este para la generación de riqueza energética y ecológica.

 

 

En este nuevo modelo económico deben fortalecerse los sectores productivos primarios y secundarios, para alcanzar la soberanía alimentaria, acorde con las recomendaciones de la FAO, evitando que, como ocurre ahora, sea un único sector nuestro motor económico y social, con lo que esa dependencia exclusiva supone de inestabilidad ante fenómenos externos a nosotros y diseñar nuestro sistema Científico, Tecnológico y Cultural, actualmente inexistente.