Asaga y la inmigración
Pepita Marrero Díaz-Bello
Me gustaría dirigirme al presidente de Asaga, el Sr. don Henry Sicilia Hernández, con todo el
respeto y una enorme admiración, atendiendo a la labor que está desempeñando en
esta tierra, por todo lo que nos llega desde el exterior: verduras, frutas,
plantas ornamentales... Estos productos, cuando llegan clandestinos, invaden,
en muchas ocasiones, de plagas nuestros campos, por lo que son difíciles de
controlar y de exterminar, dada la rapidez con que se propagan.
Un ejemplo de ello es el famoso pico rojo,
que ha destruido a gran cantidad de nuestras hermosas palmeras autóctonas; la araña
de cristal, que ataca a nuestros frutales; al igual que la mosquita blanca, que
no respeta nada, dejando las hojas completamente blancas hasta que las asfixia
y mueren; además de otros muchos más. Debido a esto, no me extraña la
preocupación que demuestra el Sr. Sicilia Hernández y su desvelo respecto del
bienestar de esta Comunidad. Por su magnífica labor, mi enhorabuena más
sincera.
Al propio tiempo, me gustaría que nuestros representantes
políticos tomaran el ejemplo del Sr. Sicilia y se preocuparan por la buena
salud de los que nos invaden, pues no sabemos en qué estado llegan y de las
epidemias que puedan traer consigo. No es solamente proporcionarles
alimentos, bebidas y ropa. Los seres humanos que llegan a nuestras costas son merecedores
de toda la atención y compasión de nuestra parte. Por eso, la felicitación más entusiasta
y cariñosa para los verdaderos
héroes de esta tragedia:
Pero después,
hemos de escuchar a algunos señores políticos decir que tenemos que atender a
los que van llegando, porque muchos canarios de sus familias también han sido
emigrantes. Todavía no he visto a ninguno de ellos haciendo de Madre Teresa.
De lo que debieran
preocuparse, en mi opinión, y seguro que en la de muchos más, es de
acondicionar un hospital de campaña para ser atendidos en las condiciones
necesarias y, así, dejar de oír la protesta de la calle de que estas gentes
están ocupando camas que, por derecho, pertenecen a sus enfermos, a los canarios.