Bienvenidos a la nación canaria

 

 

Jaime Bethencourt Rodríguez

 

Tras las ocasiones en las que hemos afeado a los miembros de Coalición Canaria su incierta ideología, es ahora justo reconocer el avance producido durante la celebración de su reciente congreso y la clarificación ideológica iniciada a partir de la aprobación de algunas de las ponencias y resoluciones debatidas por sus militantes.

 

El reconocimiento de Canarias como nación, la propuesta para la celebración del Día nacional Canario, el reconocimiento de la figura de Secundino Delgado como apóstol de la canariedad o la aceptación de una evidencia tal como que Canarias ha sufrido durante seis siglos la represión de su identidad deben ser considerados como un buen comienzo, merecedor de la satisfacción de todo canario bien nacido o, lo que es lo mismo, de aquellos isleños con conciencia de pertenecer a una misma comunidad de rasgos diferenciados a los de cualquiera de los pueblos que integran la entelequia llamada España. Otra cosa diferente es que las orientaciones ideológicas emanadas del Congreso no sean capaces de hacer callar a algunos de los cargos políticos de la Coalición, quienes, en sus actividades de representación popular, parecen en ocasiones representar más al Gobierno español de turno que a un Archipiélago secularmente lastrado por los intereses foráneos y necesitado de orientar por sí mismo y soberanamente su destino.

 

De confirmarse la sinceridad de esos principios soberanistas y de verificarse el uso futuro de tales herramientas ideológicas, los de Coalición Canaria tienen ante sí el segundo dilema de cómo van a poder compatibilizar la defensa de autogobierno pleno para nuestra tierra con el nacionalismo español que profesan sus actuales socios de gobierno del Partido Popular. La España indisoluble, la unidad patria o el enfermizo rechazo a las 7 estrellas verdes, junto a otras muchas monsergas de tinte reaccionario heredadas de la dictadura franquista que el PP convierte en santo y seña no parecen que vayan a ser las mejores aliadas de un proyecto político que pueda ir dirigido al objetivo de que Canarias consiga su deseable homologación con cualquiera de las comunidades que hoy conforman el foro internacional de las Naciones Unidas.

 

Por aquello de "obras son amores y no buenas intenciones", esfuerzo van a tener que desarrollar los compañeros de don Paulino Rivero en La Palma para ponerse al día con las nuevas directrices salidas del IV Congreso de su organización política, porque, según reconocen algunos sectores de la propia Coalición, en nuestra Isla se encuentran precisamente los más furibundos partidarios de la españolidad del Archipiélago, quienes, además, tienen por uso y costumbre tratar con sorna o desdén cualquiera de aquellas manifestaciones autóctonas que nos separan de la impuesta condición de españoles.

 

Por aquello de evitar la fácil crítica sustentada en la simplista e hiriente teorización, reseñemos algunas "perlas" del deambular ideológico anticanario de algunos de los altos cargos de CC en La Palma. Comenzaremos con el actual alcalde de Fuencaliente, quien, haciendo gala de su extraviada identidad, plagió el "saluda" del regidor del pueblo granadino de Maracena en las fiestas de San Joaquín, para presentarlo como propio durante las Fiestas de la Vendimia de 2008 en la localidad palmera.

 

El desatino españolista tampoco ha excluido a la capital insular. Para ello, el Sr. alcalde, también del mismo grupo político, viajó a Sevilla para, una vez recibido el galardón Cicop 2007 a las fiestas lustrales, sin sonrojo, alabar y homenajear a los andaluces que durante la Conquista de La Palma masacraron al noble pueblo guanche y dieron cobarde captura al mencey Tanausú.

 

Continuando con la progresión en escalafón, cuando el pasado agosto el periodista Francisco Pomares entrevistaba a nuestro diputado y presidente del Cabildo, don José Luis Perestelo, éste, y ante la pregunta de si era soberanista, reaccionó, con un gesto entre cómico y despectivo, respondiendo: "Soberanista ¿de qué?".

 

En el análisis sicológico del sometido, comportamientos como los anteriormente expuestos son denominados por los entendidos como "complejo del colonizado", caracterizado por el rechazo y desprecio de los que este mal padecen a su propia realidad étnica o cultural para optar y reivindicar la idiosincrasia foránea que les sojuzga y que creen superior a la suya.

 

Veremos si el 3 de mayo del próximo año, al menos para comenzar a ser coherentes, el alcalde, don Juan Ramón Felipe, siguiendo las enseñanzas de sus homónimos y compañeros de partido en La Laguna y Santa Cruz de Tenerife, opta definitivamente por dejar de pasear y rendir honores al pendón de la Conquista, símbolo esclavista y rememorador de la matanza y conquista de los nobles guanches. Y paralelamente, con prontitud, el gobierno de CC devuelve a las aulas la temática canaria como materia lectiva, para hacer verdad aquello de la necesidad de producir una "educación identitaria", principio también aprobado en el mentado congreso.