¡El "boom" de la desconfianza!

En el caso de Canarias, la situación es especialmente grave en todos los aspectos. El hecho colonial queda patente una vez más, y España nos arrastrará al abismo por "imperativo legal". ¡Y si no, al tiempo!

 

Ramón Moreno Castilla

 

¿Pueden los habitantes de este planeta, convulso e insolidario, confiar en las políticas económicas de sus respectivos Gobiernos y, por extensión, en el sistema financiero internacional, en evidente declive y con claros síntomas de agotamiento? ¿La furibunda globalización llevada a cabo por el capitalismo salvaje no nos ha llevado, inexorablemente, a la mundialización de la crisis actual? Una cosa sí ha quedado meridianamente clara: los mercados no se han regulado solos, como pretendían los ultraliberales y las economías mundiales están aterrorizadas ante este capitalismo de pánico, que requiere una urgente revisión.

Pero, antes de continuar con este enrevesado asunto, quiero poner un toque de sano humor, a propósito de tantos indicadores económicos e índices bursátiles que tienen a todo el mundo de cabeza. Se trata de un "chiste gomero", pero no de los que se cuentan habitualmente, tratando de ridiculizar a mis paisanos en general, sin tener en cuenta que "el gomero más tonto es abogado", aunque no sea mi caso. Dos gomeros, debajo de una higuera, inmóviles, en un día de tórrido calor y altas temperaturas; y tras un largo silencio, uno de ellos le dice al otro: "Según el último índice de Dow Jones, estamos a 50 grados a la sombra", y el otro todo circunspecto, le contesta: "Pues yo no pienso sudar ni una gota hasta que no lo confirme Wall Street".

Y de eso se trata -ahora en serio-, ya que los valores de la economía norteamericana, con repercusión a nivel planetario, se han hundido literalmente, poniendo en evidencia la vulnerabilidad del sistema. El asunto, por demás, no es nuevo. Siempre se había dicho que cuando USA estornudaba, los países desarrollados se veían aquejados de una gripe y el llamado Tercer Mundo cogía una fuerte pulmonía. ¡Actualmente, el virus ha atacado directamente Norteamérica!, referente mundial del capitalismo, y su sistema inmunológico (léase financiero) está seriamente afectado como consecuencia -entre otros factores que veremos- de los nocivos "activos tóxicos" que han producido una contaminante "toxicidad activa" en el sistema financiero internacional.

Ya lo advertía a comienzos de año Alan Greenspan, ex presidente de la Reserva Federal estadounidense: "La crisis que está contagiando ya al resto del mundo es la más dolorosa desde el final de la Segunda Guerra Mundial" (Financial Times, Londres, marzo de 2008). Sólo dos cifras son suficientes para darnos una idea de la magnitud del desastre: en los primeros meses de 2008, las mil principales empresas del mundo habían perdido 158.000 millones de euros, es decir, más que el PIB anual de países como la República Checa o Colombia. Y el valor bursátil de ese millar de corporaciones, en los ocho meses últimos anteriores a marzo pasado, habían disminuido en unos tres billones de euros, o sea más que la suma de los PIB anuales de Alemania y Brasil (L´Expansion, París, marzo de 2008).

España, como vemos, no está a salvo de la debacle. La crisis del "ladrillo" (ver Le Monde Diplomatique, abril de 2008) empezó a trasladarse a las entidades financieras. Según el Banco Central español, al cierre de 2007, las Cajas de Ahorro acumulaban ya 1.600 millones de créditos dudosos concedidos a constructoras e inmobiliarias. Y en el contexto internacional todo se ha acelerado, y nadie parece saber nada, lo cual enloquece más el sistema, y deja perplejos a los ciudadanos. Si tomamos como ejemplo la cifra más generalmente admitida de 300.000 millones de euros de pérdidas -¡que es mucho mayor en realidad!- y la comparamos con el volumen del mercado financiero, ésta representa sólo el 1% del mercado de acciones norteamericano. Pérdidas que se han producido habitualmente en Wall Street sin que nadie se preocupara por ello, y que banqueros y agentes de bolsa asimilaban de modo rutinario.

¿Por qué, entonces, ese llamémosle pequeño grano de arena ha podido generar tamaña crisis? Sin duda, porque ha habido tanta especulación y tanto engaño que ahora mismo domina la desconfianza generalizada. Los rumores se extienden como regueros de pólvora, y toca el sálvese quién pueda. Lo que no impide, en medio de lo que empieza a parecer un naufragio, que los carroñeros financieros sigan al acecho, impulsados por un espíritu depredador, sin importarles para nada el destino de un sistema que se tambalea. Ellos son los culpables -entre otras-, de la espectacular caída de Bear Stearns, el quinto banco de inversión del mundo. El prestigioso New York Times (ver Internacional Herald Tribune, 19 de marzo de 2008) relataba cómo una jauría de especuladores que el propio diario llama "Gans of Wall Street" y de la cual formaban parte algunas de las personas más poderosas e influyentes de la bolsa neoyorkina y de Washington organizó en apenas tres días la caída de esa entidad bancaria. Y con la complicidad de la Reserva Federal favoreció su compra a favor de JP Morgan Chase, lo que el periódico califica de "latrocinio".

Estos especuladores, que encarnan la versión más infernal del capitalismo, dan miedo y causan pavor, ya que aprovechan la inquietud y el temor reinantes para obtener más ganancias aún a costa de quien sea. Y lo peor es que crean escuela. Ahora, muchos quieren cometer la misma felonía: conseguir que el valor de un banco se divida por 15, en sólo unos días, y pueda ser adquirido a precio de saldo. Resulta revelador que a base de campañas de rumores, el valor del banco hipotecario Halifax Bank of Scotland (HBOS), por ejemplo, empezara por desplomarse un 18%; el del Lehman Brothers perdíera un 20%, y Unión de Banques Suisses (UBS), atacado también por la especulación, tuviera que desmentir que fuera a ser comprado por el Crédit Suisse.

Los especuladores, que arriesgan poco, saben -es la otra enseñanza del "affaire" de Bear Stearns-, que en caso de dificultad, los Estados intervendrán, como así ha sido. Y ello, porque los Gobiernos tienen verdadero pánico a la posibilidad de que el derrumbe de un banco, por el efecto dominó, sea capaz de hundir el sistema. Recuérdese que el Ejecutivo británico, renegando de su fe absoluta en el mercado, se vio obligado a nacionalizar el banco Northern Rock, y en muchos países, de sesgo neoliberal, donde se repetía insistentemente el sagrado mandamiento "neocon" según el cual "aún hay demasiado intervencionismo del Estado", hemos asistido a una cascada de intervenciones estatales: paquetes de medidas fiscales, reducción de tipos de interés, inyecciones de liquidez y hasta nacionalizaciones. Medidas aprobadas, con bombo y platillo, por los críticos de antaño; y todas ellas -¡qué inmoralidad!- financiadas por los contribuyentes. De nuevo, hoy, se socializan o se mutualizan las pérdidas. Y una vez más queda demostrado -como decíamos al comienzo- que el mercado, por sí solo, es incapaz de autorregularse. ¿Qué han hecho los Bancos Centrales?

Era evidente que, a medida que iba recrudeciéndose la crisis económica en Estados Unidos, los temores ante un avance del proteccionismo se acrecentaran; hasta el extremo de que todo el mundo era consciente de que el día en que Norteamérica debiera hacer frente simultáneamente a una recesión y a un déficit comercial abismal, la doctrina del libre comercio sería puesta en tela de juicio, precisamente, por su más ardiente y significado defensor. No es de extrañar, pues, que los Estados hayan resucitado a Keynes, quien proponía, para contrarrestar la espiral negativa derivada de la Gran Depresión de los años 30, que en momentos de estancamiento económico el Estado tiene la obligación de intervenir. Así hemos visto cómo todos los Gobiernos han ido a salvar sus bancos e instituciones financieras con ingentes cantidades de euros y dólares, para apuntalar el sistema y que no cundiera el pánico; nacionalizando algunos bancos, medida a la que se adelantó Gran Bretaña, seguida por EEUU y los 27 Estados miembros de la Unión Europea. ¿Quién acudirá al rescate de los ciudadanos, más endeudados cada día, y sin ninguna expectativa de futuro?

En el caso de Canarias, la situación es especialmente grave en todos los aspectos. El hecho colonial queda patente una vez más, y España nos arrastrará al abismo por "imperativo legal". ¡Y si no, al tiempo!

rmorenocastilla@hotmail.com