Cacería de piojos
Ramón
Pérez Almodóvar
“Algunos empresarios
están hartos de pagar comisiones para conseguir licencias de obras. El crimen
organizado ha contado en Canarias con la ayuda de empresarios y políticos. Los
mafiosos, por mucho dinero que tengan, no pueden entrar en algunos círculos de
poder. Cuando tratan de instalarse en una zona, necesitan gente que les lleve
de la mano, ya sean políticos o empresarios, y aquí en Canarias esa gente no ha
faltado”. No lo afirma un izquierdista. Son declaraciones de Francisco de
la Barreda,
ex presidente del PP de Tenerife, ex consejero de
Industria y Comercio del Gobierno de Canarias, ex diputado del PP en el Congreso por Santa Cruz de Tenerife, publicadas en
el número 1.287 de Interviú (25 al 31 de diciembre de 2000).
En el reportaje, se
afirma que Francisco de la
Barreda “no tuvo nunca el respaldo de la dirección nacional
del PP y perdió sus cargos”. “Me llamaron loco, me
dijeron, pero Paco, ¿qué necesidad tienes?... Algunos me reprochaban que no
denunciara corrupciones del PSOE y sí las de mi partido, pero yo les respondo
que son las que más me duelen y las que más tengo que combatir”. En ese año
2000, Francisco de la Barreda
creía que en la sede del PP en Génova “ya no
tienen ninguna duda de que lo que dije es cierto: el sistema en Canarias está
contaminado y algunos nos quieren convencer de que no merece la pena luchar”.
Por si quedara alguna
duda, casi dos años antes, La
Gaceta de Canarias publicaba en portada ‘Un temporal de
corrupción azota las islas’, declaraciones de Francisco de la Barreda. Según el
diario, De la Barreda
aseguró que ya es hora de que exista una limpieza de la clase política canaria
y afirmó que el Archipiélago ‘es la finca de unos cuantos’, llegando a comparar
nuestra comunidad con el sur de Italia”.
En el desarrollo de la
información, en la página 23 de La
Gaceta del 23 de enero de 1999, De la Barreda insistía:
“Canarias necesita una limpieza de aquellos que están en política por intereses
de grupos de presión o multinacionales”. (…) Francisco de la Barreda dijo que ha
sufrido amenazas, entre las que mencionó el saqueo de su despacho en la sede
del PP insular y la recepción de una foto en la que
aparece una lápida con su nombre”.
Junto a De la Barreda, conozco otro caso
de cacería de una persona, en esa ocasión sin utilizar medios de comunicación
como principal ariete, sino las instituciones públicas y la jerarquía
administrativa: el caso de mobbing al que se sometió
al ex director del Museo de Historia de Tenerife, José Manuel Castellano, al
que posteriormente se abrió un expediente de expulsión en el Organismo Autónomo
de Museos del Cabildo de Tenerife porque le dio por escribir, y publicar, una
serie de artículos críticos en su tiempo de ocio, fuera de su trabajo.
“Los mafiosos, por
mucho dinero que tengan, no pueden entrar en algunos círculos de poder. Cuando
tratan de instalarse en una zona, necesitan gente que les lleve de la mano, ya
sean políticos o empresarios, y aquí en Canarias esa gente no ha faltado”.
De la Barreda sí fue objeto de
una cacería, consentida y auspiciada, incluso, en medios de comunicación que
hoy publican el conocido ‘caso del salmón’ y no ha tenido ni el 0,1% de tiempo
o espacio en los medios, para argumentar y/o demostrar sus denuncias, del que
ha disfrutado Soria. Al imputado José Manuel Soria, aún vicepresidente del
Gobierno canario (qué vergüenza para CC y PP), lo que
le molesta es que el escándalo destapado por Canarias Ahora -que su
director Carlos Sosa ha tenido el coraje de llevar a los tribunales-, no sólo
haya pasado de Internet a los periódicos de papel de mayor tirada de Canarias,
sino que en el resto del Estado se empiece a conocer su figura y su forma de
relacionarse con determinados empresarios que tramitan expedientes (que
implican negocios multimillonarios) en instituciones públicas como el Cabildo
que él presidía (aunque por supuesto, Soria no lo sabía) o participaba:
nada menos que el Parlamento (seguro que Adán Martín también desconocía lo de
las camas) (1).
De José Manuel Soria
sólo se han publicado informaciones que lo dejan en evidencia. A Francisco De la Barreda lo menos que lo
llamaron fue ‘loco’ y el caso de José Manuel Castellano ha pasado sin apenas
eco por los medios de desinformación canarios. Eso sí fue una cacería y una
persecución política y laboral, con consecuencias para la salud que no se
valoran.
Soria es un ser
despreciable. Responde al arquetipo de los políticos neoliberales que llevan
gobernando Canarias los últimos 15 años, aquellos que privatizan los servicios
públicos de todos los ciudadanos, los beneficios, quienes hacen apología diaria
de la empresa privada, pero que, curiosamente, no dejan de vivir, a todo tren,
de lo público. Son como parásitos. Políticos-parásitos y antisociales.
Cuando aparecen los
piojos, a los niños les echan de todo en la cabeza, una vez rapada y limpia,
para eliminar los parásitos y lo que van regando. Canarias necesita
una limpieza de políticos-parásitos antisociales, que no hacen sino chupar la
sangre, el sudor y los impuestos de todos los ciudadanos mientras lo van
cagando todo a su paso.
(1) Esta es parte de la conversación entre Santiago Santana Cazorla, promotor
de Anfi Tauro junto con Björn
Lyng, y el entonces presidente del Gobierno Adán
Martín, publicada por el diario El País el 13 de febrero de 2007:
“Con el presidente
canario hablé una sola una vez. Le llamé varias veces y en una ocasión me
devolvió la llamada. Adán me dijo: 'mira Santiago, eso tiene que ir al
Parlamento de Canarias y nosotros lo llevamos allí'. Coño, Adán, le dije, pero
es que se va a acabar la legislatura y al final no va dar tiempo de llevarlo.
Llevamos dos años con ello. Bueno, me dijo Adán, 'en cuanto yo tenga los cuatro
proyectos preparados yo lo voy a llevar al Consejo de Gobierno, en cuanto estén
preparados, y después los llevo al Parlamento. Tú sabes que eso lo aprueba el
Parlamento'. Coño, Adán, eso ya lo sé”.
Fuente: San Borondon