El campo y el congelador
Wladimiro
Rodríguez Brito
Hago estos surcos de
papel convencido de que estamos en la necesidad de cambiar modos y modas para
Canarias, y en particular, para los que habitan y trabajan en el medio rural.
En estos días, me han convertido, sin pretenderlo, en una oficina para atender
quejas de vecinos que se ven agredidos por unas leyes hechas supuestamente para
defender "el campo". Posiblemente sin saberlo o quererlo, lo que
propone dicho marco legal es un campo sin campesinos, puesto que el marco de
supuesta protección, cargado de diferentes categorías, unido con una
Administración con miles de personas que supuestamente cuidan el campo con
criterios propios de la cultura urbana, apoyados en la fotografía aérea y el
todoterreno, hace que toda actividad que no se encuentre en un marco teórico de
protección de flora y fauna, en la que no incluyen a los campesinos, haya que
aplicar multas cuantiosas y demolición, modelo Cho Vito.
Veamos algunos
ejemplos: una familia recoge material de la jardinería de Arona
y otros municipios del Sur, le incorporan purines de una granja de vacas y
gallinaza procedente de granjas de
En otro estado de
cosas, se han impuesto multas por construir un cabezal de riego en una finca;
multas y demolición por poner una plancha de cemento a un cuarto de aperos
construido hace más de 40 años; multas de más de 30.000 euros por ampliar una
vivienda de una familia de agricultores que viven en una infravivienda en un
asentamiento agrícola; multa y demolición para construir estanques en las
proximidades del espacio protegido del Barranco de Herques
(en Aguerche); demolición de la ampliación de un
cuarto de aperos de
Querido lector, me he
tomado la libertad de hacer referencia de algunos casos de los muchos que me
han expuesto porque asocian lo que escribo y propongo para el medio rural y lo
que en verdad está ocurriendo con un marco legal alejado de los problemas de nuestra
gente. Este conjunto de leyes, reglamentos, órdenes y demás no ayudan a un
mejor cuidado del medio ambiente puesto que el campo sin campesinos puede
significar el tener una hoguera cada verano, sin olvidar que la presión
poblacional que tiene este territorio nos obliga a la expansión sobre suelo
rústico, entre otras cosas, para actividades agroganaderas, puesto que hemos de
volver al campo, no sólo como fuente de trabajo y para producir alimentos
frescos, sino también como espacio vital. Si el nuevo marco legal que está
pendiente de aprobación no corrige la actual situación, pienso que debo dejar
de tener responsabilidades políticas, por no ser coherente en lo que defendemos
y lo que se hace en la gestión política de esta tierra.
No podemos sacrificar
lo que queda de campo por un marco legal hecho desde los despachos cargados de
burocracia que entiende que al 'mago' hay que controlarlo en la supuesta
defensa de una naturaleza agredida por los hombres del sacho. No olvidemos que
tenemos la mejor masa forestal, posiblemente de los últimos 500 años, árboles
que nacieron y crecieron antes de las leyes de protección de la naturaleza en
Canarias. Todo lo que hoy tenemos es la resultante del compromiso y del trabajo
de los campesinos de esta tierra, a lo largo del tiempo. Por ello, nos vemos
obligados a la defensa del campo y los campesinos, porque han sido los hombres
y mujeres del campo los que nos han dejado el patrimonio que hoy tenemos, y los
mayores daños a la naturaleza se han hecho desde la ciudad y no del medio
rural.
Por supuesto que hay
pícaros en el medio rural, pero por ello no es preciso promulgar leyes a la
defensiva que dan más protección a un pájaro que a un agricultor. Claro que
hemos de evitar las edificaciones tipo Falcon Crest y el mal uso que se ha hecho muchas veces del suelo
rústico, pero ello no puede ser motivo para que se haga un marco legal que no
permita hacer un estanque, o llevar a cabo la limpieza de una huerta para
ponerla en cultivo y tratar al campesino como si fuese un delincuente. El mundo
rural no lo podemos poner en un congelador parando toda actividad propia de los
tiempos y de las demandas de la vida.