El por qué y porque de Ana Oramas
Dicen que todo en esta vida tiene su porque y su por
qué. En La Laguna han
corrido lágrimas, y a nosotros se nos antojan que son lágrimas de cocodrilo.
¿Quién las ha derramado? Una antigua amiga de esta Casa. Una persona con cuyo
afecto nos regocijamos. Esperamos que ella también se considere amiga de
nosotros. Pero, ¿por qué llora o ha llorado al despedirse de La Laguna?
¿No es Ana Oramas lagunera de adopción, aunque haya
nacido en Santa Cruz de Tenerife? Anita entre nosotros, guapa, buena madre,
magnífica esposa y destacada política. ¿Por qué ha renunciado a La Laguna? He
aquí el por qué y he aquí el porque. La respuesta estriba en que al estar en
Madrid echándole una mano a los españoles (si es que a
los españoles les sirve de algo que les eche una mano alguien a quien miran con
la curiosidad con que miraban a los procuradores del Sáhara en las Cortes de
Franco), en realidad se está echando una mano a sí misma. No hace falta
explicar que sus simulacros de valentía, cuando los muestra, sus vanos intentos
de amenazas, son del todo inofensivos para los intereses de la Metrópoli
e inútiles para el bienestar de su tierra, que es Canarias, aunque doña Anita
parece que piensa más en Ávila o en Badajoz al practicar su ya famosa política
pura.
¿Qué le importa a los peninsulares que una diputada
canaria vote a favor de los presupuestos, se abstenga o se oponga a ellos? El
Gobierno de España cuenta con decenas de votos en el Congreso de los Diputados
para aprobar lo que necesite; y si le faltan apoyos, los negocia con los
nacionalistas catalanes, vascos o gallegos, pero no con los canarios. Bien
saben en la capital de la Metrópoli
que el nacionalismo canario, timorato y amante de la españolidad, no crea
problemas. Los crearía si exigiese la soberanía para estas Islas, pero eso no
lo hará nunca la señora Oramas, ni los señores Perestelo y Belda. Por eso jamás los toman en serio.
En estas condiciones, ¿por qué renuncia doña Ana Oramas a ser alcaldesa de La Laguna,
ciudad importante del Archipiélago, para quedarse como simple diputada? Lo hace
porque aspira a un cargo de alta posición en el Gobierno de España o en algún
ministerio. De otra forma no se explica que deje el bastón de mando de La Laguna por
una simple acta de diputada. Ana Oramas ha cambiado
la presidencia de un destacado consistorio en su tierra por la nada en tierra
ajena. ¿Por qué lo ha hecho? Misterio, misterio. Desde luego, no estamos en
posesión de la verdad, pero esta sospecha es muy sospechosa...
En definitiva, la actitud de la ex alcaldesa de La Laguna
significa que los canarios estamos hundidos. No podemos contar con los
nacionalistas, que le han dado la puntilla a Tenerife y a las demás islas,
excepto a Canaria. ¿Cómo es posible que no comparta Ana Oramas
las tesis de su compañero de partido y alcalde de Santa Cruz, Miguel Zerolo, respecto a la necesaria soberanía económica y
política para estas Islas? Lamentamos que el señor Zerolo
emplee ahora un lenguaje críptico, quizá por temor a la Justicia. Incomprensible,
pues a la Justicia
no hay que temerla, sino respetarla y acatarla.
Volviendo al caso de doña Ana Oramas,
¿cómo es posible que una descendiente de los guanches, hija de una canaria y
madre de una canaria, haga buenas migas con los asesinos de sus ancestros? ¿No le
duele, señora Oramas, la muerte de niños y niñas
masacrados por los españoles, por aquellas sucias tropas acorazadas escondidas
detrás de la cruz? ¿Es usted una de las nacionalistas enjauladas que temen
volar fuera de la jaula?
En fin, se ha marchado usted del Ayuntamiento de La Laguna sin
hacerle el mayor favor que hubiera podido prestarle a Tenerife: la unión con
Santa Cruz para formar la gran capital de Canarias. Usted sabrá si ha valido la
pena.
http://www.eldia.es/2008-11-19/criterios/criterios7prn.htm