¿Cuándo
seremos consecuentes con nuestras ideas?
Fructuoso
Rodríguez
Observo la
vida como si mi espíritu ya no estuviera en mi cuerpo, como si me elevara y
observara las cosas como “Google Earth”,…desde arriba, y según voy bajando me
acerco más a mi yo individual y me veo… más viejo, más cansado… me doy cuenta
que los años no pasan en balde, que las niñas ya no me miran ni les hace tanta
gracia las ocurrencias que les pueda decir. Observo a mi mujer; se está
cumpliendo (más rápido de lo que yo pensaba), el deseo que un día nos juramos en
Venezuela, meciéndonos en un chinchorro a orillas del río Todasana, límite
entre playa y selva, lugar de ensueño, ideal para perpetuar todo tipo de
juramento de amor, juramento como decía de envejecer juntos.
Me elevo un
poco y veo a mis hijos, mis tres hijos, todos ellos rondando los veinte y pocos
años, pienso en su futuro… no tienen, ellos lo saben… hablamos…, presente
tampoco tienen, el mayor va tirando con contratos basura… no sabe si la semana
que viene sigue trabajando o no, eso desde el principio… ”sustituyendo
una baja”,… le dice el encargado, creyendo que está mejor que mi hijo. No se da
cuenta el encargado que él también es un “clínex” -usar y tirar-, mi otro hijo
ya terminó sus estudios, hizo un módulo de empresariales, el último año lo dedicó
a “prácticas”, eso es como le llaman, trabajar para el patrón sin sueldo
alguno, “…papi”, me decía…”creo que le caigo bien al jefe, y que confía en mí,
ya que me entulla con trabajo, con un mogollón de trabajo y eso quiere decir
que hago bien las cosas. Creo que hay posibilidades de quedarme ahí”.
Enseguidita se dio cuenta que en el sistema hay algo que falla.
Mi otro hijo
aún no ha terminado sus estudios de imagen y sonido, este año es el último, yo
le digo que más útil es aprender a sembrar papas… el caso es que lo entiende,
pero sigue con lo de imagen y sonido… así se estalle.
Me sigo
elevando, observo a mis vecinos y amigos… en silencio, sin que ellos se den
cuenta que los observo. Veo las dificultades que tienen para llegar a final de
mes… me meto en sus hogares…, atravieso las paredes… la materia no existe para
mi, sólo sensaciones, amor… cariño,… sólo me apetece dar la mano, ayudar,
abrazar a los míos, y sentirme abrazado. Soy consciente que se nos acerca un
tsunami y probablemente no todos sobreviviremos, y sólo me apetece dar lo mejor
de mí.
Noto la
crispación en los hogares… el que no tiene una hipoteca que pagar tiene un
hijo/a con una, y la felicidad es como agua en un cántaro estallado… se va,
poco a poco se va filtrando y no hay nadie para aprovecharla.
Me sigo
elevando y veo el barrio, “El Falsete”, el bar de pueblo donde vamos los viejos
a “decir mentiras”, y comprobar que nuestros magos del campo talvez no sepan
leer y escribir pero tienen la sabiduría popular, difícilmente alcanzable en
ninguna universidad de prestigio. Me elevo más y veo las instituciones
oficiales, el Ayuntamiento, ese lugar creado para administrar las riquezas de
la población y velar por su bienestar y convertido en “Oficina Ejecutiva de
Me canso de
observar tan cerca y me elevo hacia lo alto, para ver el planeta en su
extensión. Lo que veo no es nuevo, es lo de siempre… guerras entre pobres en
África para que las multinacionales puedan seguir expoliando, para que mis
hijos puedan comprarse
Regreso a
posiciones más cerca,… El Archipiélago,… Gran Canaria… Tenerife… Observo a los
independentistas, (mi gente),… como siempre…, divididos,… como siempre.
Intentando algunos demostrar que son alternativas al poder actual…, no terminan
de entender que la alternativa válida es acabar con el sistema, y no participar
en él. Que las farolas las arreglen ellos, que las carreteras las arreglen
ellos,… nosotros no estamos para eso, nosotros debemos tumbar este sistema, no
sólo es la independencia… es la soberanía individual y sentirnos parte de un
pueblo -el canario- y de los pueblos del mundo; es sentirnos humanos y libres,
es querernos y abrazarnos, es compartir la jornada de trabajo con cuantos más
mejor, y no la de jubilarnos a los 80 años, y las semanas de trabajo de 60
horas. Sigo mirando a mi gente… los trabajadores… traicionados por los
sindicatos y los sindicalistas profesionales… Que miseria de personas estas… -los
sindicalistas-, todavía no termíno de entender por
cuantas monedas nos han traicionado. Los políticos sabemos que es por dinero,
en muchas ocasiones ni por tanto, pero es eso… ¿pero los sindicalistas?,
¿porqué nos han traicionado?, si alguien lo sabe que lo diga por favor.
Mi cuerpo me
reclama, regreso a él. Dejo de volar pero no de soñar… se que voy para viejo,
pero mi yo interior todavía quiere guerra.
Un abrazo con
cariño, con mucho cariño.