Contra el nacionalismo canario
Juan
Manuel García Ramos
Uno de los errores más clamorosos del
nacionalismo canario, en cualquiera de sus versiones, es ignorar que en las Islas
existe un nacionalismo españolista radical, casi al borde del inconstitucionalismo, que se agazapa en radios y
televisiones dirigidas desde Madrid, en parte -y digo en parte y no en todo,
para los que ya están pensando en ir al juzgado- de los cuerpos y fuerzas de
seguridad del Estado, en parte de la fiscalía, en parte de la judicatura, de
los columnistas de prensa y de editores de diarios, en parte del funcionariado estatal destinado en Canarias, en parte de
los directivos de grandes corporaciones peninsulares, bancos, aseguradoras, touroperadores con intereses aquí, en parte de los
claustros universitarios, en parte de los partidos políticos con sedes
centrales en Madrid... Un entramado perfectamente urdido en contra de cualquier
asomo de fuerzas políticas de exclusivo origen en el Archipiélago.
El nacionalismo canario es menos tolerado por estos nacionalespañolistas
que cualesquiera otros nacionalismos surgidos en territorios pertenecientes al continuum peninsular, porque aquí esos movimientos
ideológicos recuerdan con sorda amargura la pérdida del viejo imperio español,
con las recientes réplicas africanas de Guinea, Gran Ifni y Sahara Occidental,
y las posibilidades de emancipación son más reales en virtud de las condiciones
geoestratégicas.
En ese sentido, el colonialismo mental que ejercen estos nacionalespañolistas
en el Archipiélago no presenta la fisonomía acostumbrada en otras latitudes, es
más sutil, más inteligente, aunque a veces se le haya escapado la mano. Se le
escapó con Secundino Delgado, a quien tuvieron casi un año preso en la cárcel
Modelo de Madrid sin fórmula de juicio alguna, lo que le costó su vida, pues
ese encierro resquebrajó fulminantemente su delicada salud; se le escapó la
mano con los destierros de líderes como José Cabrera Díaz, fundador del Partido
Nacionalista Canario en
A lo largo de la historia, ese nacionalismo españolista radical sí ha
intentando burlar la ley cuando lo ha creído conveniente para anular cualquier
asomo de nacionalismo canario, y ese nacionalismo españolista radical sigue hoy
vivo y con mando en plaza.
En eso no caen los nacionalistas canarios actuales. Entre nosotros continúan
los celos tribales, los desencuentros insulares, y todo ello genera
enfrentamientos entre organizaciones que si se pararan a pensar descubrirían
que defienden proyectos similares, aunque en esos proyectos también se cuelen
algunos nacionalespañolistas a hacer el trabajo sucio
que tan bien saben hacer. Ya uno viene de vuelta.
A estas alturas de la historia colectiva de nuestro pueblo y de mi propia
historia personal y profesional, sigo teniendo miedo de esos sectores de poder
fáctico a los que denomino nacionalespañolistas,
porque se mueven en la sombra y golpean a uno cuando menos se lo espera y donde
menos se lo espera. Pero no debemos cesar a la hora de transcribir y de
transmitir nuestras ideas. Eso de la conciencia nacional canaria es algo
todavía por construir y por definir.
Yo sólo espero que ese ubicuo nacionalismo españolista radical entronizado en
nuestras islas sea un poco más respetuoso para los que queremos, civilizada,
pacífica y dignamente, defender el nacionalismo canario en el que creemos.
Ese nacionalismo españolista radical en Canarias ha tumbado movimientos
nacionalistas emergentes, como fue el caso de Unión del Pueblo Canario en la
legislatura 1979-1983, si no contamos, como ya aludimos, las aventuras
ideológicas, de Secundino Delgado, Guerra Zerpa, José
Cabrera Díaz, Gómez Wangümert, o las aventuras
intelectuales de Ossuna van den Heede,
en el Tenerife de principios de siglos XX, cuando en
el asta del Ateneo de
Ese nacionalismo españolista radical en Canarias está en estos momentos desarretado por tumbar de una vez al nacionalismo canario
superviviente de todas sus escabechinas, al
nacionalismo canario de Coalición y del PNC. En los últimos meses, esos nacionalespañolistas han desplegado una estrategia
descomunal, con la activación de los restos del naufragio de Televisión
Española, que ahora sí sirve para lo que sirve, aunque se anunciara la
desaparición de sus sedes canarias por imperativos de reestructuración de la
empresa, con el despliegue de firmas y voces de sus columnistas y de sus
portavoces leales, con la introducción de los consiguientes virus pleitistas
que llegan a inocular hasta a ingenuos nacionalistas de esta tierra y los hacen
jugar papeles repugnantes.
Si quieren que les diga la verdad: no veo ilegítima la existencia de ese
nacionalismo españolista radical en nuestras islas, forma parte de la historia
de este territorio y tendremos que cargar con él, hasta respetándolo. Pero
exigiendo al mismo tiempo igual respeto para todos aquellos paisanos que
quieran vertebrar la vida política de Canarias no a través de delegaciones de
partidos peninsulares en nuestras jurisdicciones, sino a través de fuerzas
políticas nacidas de nuestra voluntad colectiva de organizarnos por nosotros
mismos.
Lo malo es que en esa tarea de organizarnos por nosotros mismos haya tantas
cabezas de ratón no dispuestas a ceder protagonismo a estructuras superiores.
Bien es verdad que esas estructuras superiores son difíciles de sostener a lo
largo del tiempo -le sucedió, como ya dijimos, a Unión del Pueblo Canario- y
puede que vuelva a suceder ahora con Coalición Canaria si no lo evitamos
aquellos que, de verdad, creamos que nuestro pueblo está maduro para caminar
por sus propios pasos, y no con los pasos perdidos de los que vienen de fuera a
impedir que seamos lo que somos y sentimos. La historia camina despacio, pero
camina.
Respeto: señores nacionalespañolistas. Ya está bien
de zancadillas. El pueblo canario es pacífico y los nacionalistas canarios
también han demostrado esa virtud. Trabajen por su lado y dejen trabajar. Ya
han cometido muchos errores y parecen no haber aprendido de ellos. Suerte a los
compañeros y compañeras de Coalición en su IV
Congreso y ánimo al resto de las organizaciones nacionalistas canarias en su
trabajo de unificación organizativa.