La crisis y los
sindicatos
Justo
Fernández Rodríguez
Han sido numerosos los compañeros, amigos
e, incluso, enemigos políticos que me han preguntado, con indisimulado tono irónico, qué están haciendo los
sindicatos para evitar o aminorar los efectos de la crisis financiero-económica,
que afecta a una gran mayoría de ciudadanos de la mayor parte del mundo,
especialmente a las clases trabajadoras y con consecuencias inadmisibles para
los cientos de millones de personas, que soportan una situación de desempleo y
pobreza severa. Confieso que, alguna vez, me he hecho la misma pregunta,
especialmente en Canarias, donde la proliferación de sindicatos y su falta de
unidad colaboran, me imagino que sin quererlo, con los intereses de los
sectores empresariales que controlan un gobierno de Coalición Canaria y el
Partido Popular, supeditado a sus intereses. No puedo entender cómo se puede
soportar, sin hacer nada, que la clase trabajadora y los ciudadanos con menor
poder adquisitivo tengan que soportar la peor política socioeconómica de todo
el territorio (salarios, precios, pensiones, precariedad laboral, despido o siniestrabilidad) conocido como España y los mayores
índices de tráfico de influencias, favoritismo, amiguismo y corrupción.
En Sevilla, en mayo de 2007, el Congreso de la Confederación Europea
de Sindicatos (CES) denunciaba el "capitalismo
de casino, de beneficios inmediatos", exigiendo a los gobiernos combatirlo
con impuestos, regulación y participación de los trabajadores. La pasividad
cómplice y la ausencia de respuestas por parte de los gobiernos de los países
más desarrollados y las instituciones como el Fondo Monetario Internacional,
Banco Mundial, Organización Mundial del Comercio, Naciones Unidas y todos los
G-5, G-7 y G-20 que, en teoría, deberían haber ejercido una función de control,
denuncia y corrección de los abusos e irregularidades de un sector financiero
demasiado poderoso, que ha gozado de la complicidad de algunos gobiernos,
especialmente el de EE.UU., permitiendo la avaricia e irresponsabilidad en la
actuación de Wall Street,
han dado lugar a una crisis financiera que comienza a afectar a la economía
real y a la situación de miles de millones de ciudadanos de todo el mundo.
La recesión económica, relacionada con la crisis financiera creada en EE.UU.,
está ocasionando un incremento inadmisible del desempleo y agravará los
objetivos de la
Organización Internacional del Trabajo (OIT) para avanzar
hacia un trabajo decente. La Comisión Europea, a principios de octubre,
reclamó a EE.UU. su deber de "asumir su responsabilidad". El Banco
Mundial, sin reconocer su responsabilidad en la situación actual, advierte que,
lejos de los 985 millones de personas que vivían por debajo del umbral de la
pobreza estimados en 2004, ahora la cifra alcanzará los 1.400 millones de
personas. Parece evidente que ninguno de los países en desarrollo y la mayoría
de los desarrollados podrán alcanzar los Objetivos del Milenio de reducir la pobreza
a la mitad, si no se aumentan los 34.800 millones de euros destinados a ello.
Lejos de aumentarse, la mayoría de los países comprometidos ni siquiera han
cumplido los compromisos adquiridos.
El Fondo Monetario Internacional, (FMI), uno de los principales responsables de
la actual situación, por dejación de sus funciones, anuncia que las economías
avanzadas sufrirán, en 2009, la primera caída global del Producto Interior
Bruto (PIB) desde la
Segunda Guerra Mundial, anunciando, al mismo tiempo, un recorte
de siete décimas en la actividad económica española. Guy Rider, secretario
general de la
Confederación de Sindicatos Internacionales (CSI), advertía que "sería inaceptable que el sector
financiero privado, que es el responsable de la situación catastrófica en la
que se encuentra actualmente la economía mundial, pudiera tener una mayor
influencia en la formulación de las nuevas disposiciones reglamentarias que los
que sufren las consecuencias de una deficiente reglamentación, preconizada por
las instituciones privadas".
Los sindicatos han tenido que rebajar su cólera e indignación ante la decisión
del Gobierno Bush de utilizar los impuestos de los trabajadores para financiar
los resultados de la irresponsabilidad, los abusos y la codicia de quienes, con
su complicidad, han llevado a los mercados financieros mundiales al borde del
colapso y han provocado una recesión que se extiende por todos los rincones del
mundo.
Las organizaciones sindicales no pueden ser cómplices de la creación de
profundas y cada vez mayores desigualdades. Tienen que presionar a los
gobiernos para reconectarse con la realidad de las vidas de las familias
trabajadoras, intentando liderar las respuestas que estas exigen de todos los
estamentos nacionales e internacionales.
Es preciso luchar, con una acción internacional concertada, para estimular el
empleo y el crecimiento, brindando asistencia a las víctimas, pero sin
recompensar a sus responsables. Hace falta corregir los desequilibrios que han
ocasionado una caída o estancamiento de los salarios reales, mientras el
capital cosechaba beneficios récord.
Como ha manifestado la CES, "este capitalismo, liberado de
regulaciones serias desde hace 25 años, especialmente en EE.UU., ha sido
utilizado como modelo a seguir por el resto del mundo. Ha dominado a la
mayoría, mientras la explotaba para beneficio de una minoría, después de años de
exaltación de la privatización, la desregulación y los mercados sin control.
Ahora sus excesos lo han llevado cerca de la ruina, lo que amenaza la economía
real. Tenemos que ser absolutamente claros. Esta crisis ha sido causada por la
avaricia y la imprudencia de Wall Street,
Londres y otros centros financieros importantes. Los altos ejecutivos
promovieron una enorme especulación, mediante inversiones que ellos sabían que
estaban contaminadas. Los perdedores son muchos e incluyen a los trabajadores
de la industria, empresas de inversión de capitales y todos, como
contribuyentes, a la salvación de los bancos... Costará años recuperar el
dinero, incluso si gestionamos bien el modo de hacerlo, por lo que nuestra
capacidad futura de construir y mantener servicios públicos está siendo
amenazada. La CES
hace un llamamiento a luchar, en Europa, por los derechos de los trabajadores,
por salarios decentes y justos, por empleos estables y por prácticas fuertes de
negociación colectiva, independiente y no subordinada a los tribunales de
justicia y jueces".
En España, los sindicatos tienen que estar
preparados para impedir que, aprovechando la situación actual, las organizaciones
empresariales consigan las reivindicaciones que vienen haciendo al Gobierno,
adecuación de los salarios a la productividad, mayores controles del absentismo
e incrementar las facilidades para un despido más barato. Estoy de acuerdo con
José María Fidalgo. El abaratamiento del despido no crea empleo.