Del G-20 al G-22
Juan
Jesús Ayala
De todos son conocidas
las pretensiones que tenía Rodríguez Zapatero por estar como fuera en la
"cumbre" del siglo, celebrada en Washington, con vistas a encarrilar
de alguna manera el modelo capitalista que se encuentra herido de muerte. Sarkozy, como presidente de
Pues bien, ahí se
tomaron los acuerdos a los que se llegó y que se tienen que desarrollar para
recuperar a una economía mundial en recesión, asolada por la perplejidad de
muchos millones de personas y por la desidia de esos mismos mandatarios allí
reunidos, que, asesorados por los sabios de siempre, han logrado hundir lo que
fueron incapaces de mantener y que ahora pretenden reflotar.
Es de desear que los
afinamientos no sólo teóricos, sino también prácticos, se adecuen dentro de una
ciencia, la económica, hoy en entredicho, y sean capaces de hacer mejor la
tarea. Para ampliar la gestión, España va a engrosar el grupo que, junto a otro
país emergente, ya se constituirá, el G-22, donde de esa manera tomará parte
más activa en la reunión a celebrar el próximo mes de abril.
En realidad, lo que
han aprobado los convocados en Washington, y haciéndole caso a los
observadores, no es más que una hoja de ruta y de buenas intenciones sin
grandes apoyaturas internacionales por los allí presentes.
De ahí que estará por
ver si efectivamente los deseos se universalizan y se dejará atrás alguna que
otra manifestación de voracidad por los listos y poderosos de siempre, donde
España poco o nada tiene que decir. Y más aún cuando, en una encuesta elaborada
por un prestigioso periódico norteamericano, se llega a la conclusión de que el
peor gobierno que ha gestionado la crisis es el español; seguramente haya sido
porque Rodríguez Zapatero tardó y tardó en reconocer que era una situación de
crisis la que se vivía en el país y no un simple desajuste, como no se cansaba
de decir una y otra vez, mirando para otro lado con todo el descaro del mundo y
apoyado en una sonrisa de falsa complacencia.
También hay que decir
que bien poco parecía interesar a la opinión pública americana lo de la crisis
internacional, porque en las horas en que ésta se debatía
En definitiva, que sin
bandera, con algo de gloria y con un poco de honor, Zapatero salvó la figura in
extremis sin saber qué contrapartidas ofreció a Sarkozy
para lograr que la fila del G-20 se abriera para acogerlo definitivamente en la
del G-22.
Hay que recordar que
Bush tendrá que dejar en enero la presidencia a Obama
y saber que la dirección de la política capitalista no la va a cambiar, porque
el modelo es el que es, que está haciendo aguas por todos sitios y que habrá
que reforzarlo y apuntalarlo. La única duda que puede plantearse es si los
gestos que puedan hacerse hacia los países menos desarrollados y en desarrollo
vayan a modificarse, ya que países que están endeudados y, paradójicamente,
siendo ricos como son los africanos, si dejarán de ser la despensa del hambre
abundante de los ricos y expolio de los poderosos de
Obama podrá cambiar algo la ruta, pero pensar en él como la
gran esperanza es desconocer que los orfebres y ejecutores de la política del
gran capital son los poderes ocultos de los magnates americanos, así como los
cerebros militares del Pentágono. Poderes que no estaban presentes en esas
exiguas seis horas de reunión que marcarán la ruta del mundo y que rubricaron
con un almuerzo enalteciendo una foto de familia que, al ser propiciada por un
francés y aceptada a regañadientes por Bush, no despertó interés en el gran
público americano.