Los problemas estructurales de la economía canaria
Pablo
Paz *
Sin olvidarnos de que estamos inmersos en una crisis
global, tanto desde un punto de vista financiero como económico, no estaría de más
volver la vista hacia nuestras Islas Canarias y hablar de nuestra propia crisis
interior. Comenzando por la propia crisis de identidad política entre quienes
luchan por destacar como los verdaderos y únicos defensores de la verdad
ideológica que definitivamente nos hará libres; y siguiendo por quienes aún no
se han enterado de que la política debe ser, ante todo, un compromiso de
servicio a la comunidad por parte de quienes voluntariamente se dedican a su
ejercicio; pero entendiendo que, en cierto modo, el político asume y se
responsabiliza de sus palabras y de sus acciones mediante un contrato público
con la sociedad a la que sirve. Por ello, sería conveniente y hasta deseable
que el pueblo canario tuviera la suerte de contar con un grupo de gobernantes
que demostraran cierta altura de miras; mezclado con una pizca de audacia,
entrega e iniciativa que, partiendo de una preparación intelectual y moral
adecuadas, comenzaran de una vez a trabajar, con honradez y austeridad, por el
interés general de todos los canarios.
Dando por sentado que nuestros bancos y, sobre todo,
nuestras cajas de ahorros, saben y pueden timonear en medio de este temporal
financiero en el que nos hallamos con las mejores de las artes, bien abatiendo
a tiempo los recursos, bien largando las velas mayores cuando mejor convengan a
la travesía, nos fijaremos en los problemas concretos de nuestra economía; que
podríamos decir que son, básicamente, de dos clases: estructurales y
coyunturales. Que tenemos un problema económico estructural no lo puede negar
nadie: la caída del sector de la construcción es un hecho incuestionable;
después de décadas de un crecimiento inmobiliario desaforado, donde había más
oferta que demanda, y que ha ocasionado no sólo un grave deterioro
medioambiental, lesionando gravemente el mantenimiento del equilibrio básico de
nuestro entorno natural, sino que ha puesto incluso en riesgo la capacidad de
carga del ecosistema de nuestro archipiélago.
Por otro lado, se añade a dicho problema estructural
la pérdida continua de la competitividad; el elevado endeudamiento de las
empresas y de muchas familias canarias, así como el exagerado coste energético,
del cual dependemos en casi en el 99 % del exterior; la rigidez del mercado
laboral; la baja cualificación de nuestros trabajadores, sobre todo en el
sector servicios; la pésima calidad de nuestra enseñanza y el elevado fracaso
escolar, así como los conflictos continuos de los enseñantes
con
A estos problemas estructurales hay que añadirle otro,
aún peor si cabe, que es el que denominamos coyuntural: que es aquel que
ocasiona el contar con una mayoría de políticos irresponsables que andan a la
caza de la causa que más votos les dé; y más preocupados por subirse los
sueldos y permanecer en sus cargos que por luchar y defender los problemas
actuales que agobian y atenazan a la mayoría de los canarios. Tal vez por ello
aún no se han enterado de que nuestra economía se encuentra peligrosamente
dependiente del sector turístico y del sector servicios; por lo que parece que
estamos abocados hacia el monocultivo economico-turístico,
en detrimento de otros sectores y actividades productivas industriales; o
incluso más tradicionales y vitales para nuestra supervivencia como la
agricultura, la pesca o la ganadería.
El futuro que nos aguarda debe pasar, inevitablemente,
por elaborar y llevar a la práctica una economía menos dependiente, menos
desigual. Una economía que tenga en cuenta lo vital que es para nuestra
supervivencia la utilización con mesura de los escasos recursos naturales de
que disponemos. Una economía que dé pie a incentivar el desarrollo sostenible,
la diversificación del turismo, fomentar la recuperación de nuestro patrimonio
cultural, facilitar el acceso a la vivienda, el desarrollo rural, apoyar la
investigación en I+D+i, el diseño industrial, la mejora de las
infraestructuras, apostar por las energías renovables y limpias, la atención
sanitaria, el cuidado de nuestros mayores, la erradicación cuanto antes de las
lacerantes bolsas de marginación y exclusión social...
Para la sociedad canaria, resolver con eficacia y
ecuanimidad todas estas cuestiones son vitales, porque nuestra estrategia de
desarrollo parte de un planteamiento que se basaba, a su vez, en la necesidad
de un crecimiento económico concatenado irremediablemente a un "desarrollo
regional" que debe contemplar -y mucho me temo que no lo hace- los límites
del crecimiento debido, precisamente, a los factores estructurales a los que
anteriormente hemos hecho referencia; pero sin olvidarnos de la continua
presión que ejercemos sobre los ecosistemas menguantes que nos rodean.
No podemos seguir creciendo a cualquier precio; de lo
contrario, incrementaremos peligrosamente nuestra propia vulnerabilidad y
dependencia. No podemos seguir renunciando a nuestro suelo fértil, cambiándolo
por cemento. Es vital mantener nuestro paisaje y seguir apostando por mantener
una política de desarrollo sostenible, a través de un compromiso social que nos
haga ver que la sostenibilidad y el futuro de nuestros hijos pasa por llevar a
cabo hoy una economía justa, equilibrada, igualitaria, responsable, sólida,
creativa, competitiva, social, exigente... y, sobre todo, que lidere con
sensatez el curso de los actuales acontecimientos. Nos estamos jugando nuestro
presente, pero sobre todo, el futuro de nuestros hijos.