Entrevista a Marcelo Colussi
“El socialismo sigue siendo una esperanza abierta”,
manifiesta rotundo el escritor y periodista Marcelo Colussi.
Por José Almeida Afonso
1.- Según ha manifestado usted en más de una ocasión, y
después de revisar seria, rigurosa y profundamente lo que ha sido la historia
de los seres humanos, concluye no sin cierto pesimismo (precisamente utiliza la
cita del pensador e intelectual Antonio Gramsci en uno de sus últimos artículos
que titula “Socialismo y poder” que dice: “hay que actuar con gran pesimismo en
la inteligencia, junto a un férreo optimismo de la voluntad”), que en realidad
las personas nos movemos en buena medida por un afán de poder, y que, por lo
tanto, estamos irremediablemente condenados a seguir ese molde, incluso para
apoyar esta tesis también cita al Premio Nobel de Literatura, José Saramago
cuando manifiesta que “No nos merecemos mucho respeto como especie”; y llega a
concluir que casi estamos tentados a afirmar que “esto no tiene arreglo” ¿Cómo
es que si tiene esta “convicción” lo vemos siempre comprometido con las causas
que apuestan precisamente por darle “otra” oportunidad al ser humano que lucha,
que combate, comprometido, por construir un mundo más justo, más digno, más solidario,
más libre; en definitiva, una comunidad socialista, es decir, la aspiración a
un mundo más justo?
Que nuestra condición humana nos confronte con esas
"mezquindades" (el afán de poderío que pareciera constituirnos tan
estructuralmente, ese egoísmo tan enraizado que lleva a Saramago a perder las
esperanzas), con esas características tan poco altruistas, tan faltas de
solidaridad en muchos casos, no significa de ningún modo que no debamos seguir
buscando siempre, con la más absoluta convicción, el mejoramiento de lo que
somos. O si se quiere decir de otro modo: la aspiración a un mundo más justo
–por el que uno puede estar dispuesto a dar la vida incluso–
no riñe con este conocimiento que se pueda tener de nuestros límites.
Efectivamente somos finitos, limitados, bastante mediocres, llenos de
flaquezas, pero todo ello no significa que se deba abandonar la lucha por un
mundo mejor, más justo, más equitativo. En todo caso es necesario saber qué
somos, cómo somos, dónde está nuestro talón de Aquiles, saber de nuestros
límites, para saber a qué podemos aspirar, para no hacernos ilusiones
desmedidas. Pero una cosa no quita la otra. Por otro lado, si es cierto que hoy
podemos ver ese tipo de sujeto humano lleno de mezquindades –eso somos, hay que
reconocerlo, no lo neguemos– nada nos dice que
estemos irremediablemente condenados a seguir ese molde. Cómo será el famoso
"hombre nuevo" del socialismo, no lo sabemos; pero sin ninguna duda
podemos y debemos seguir aspirando a algo mejor que esto que somos hoy día. En
todo caso, el pesimista que cree que esto "no tiene arreglo" es
Saramago. Yo soy un convencido radical que la historia humana es una perpetua
búsqueda de mejoras, de avances. Es decir: una sucesión interminable de nuevas
oportunidades. La historia nunca está escrita, la escribimos con nuevas
oportunidades segundo a segundo. El socialismo, aún con todos sus errores,
sigue siendo una esperanza abierta. Y si es cierto que la lucha en torno a los
poderes vertebra toda nuestra vida (social,
subjetiva, relaciones de pareja, etc., etc.), ello no significa que nuestro
objetivo no sea tener claro eso y buscar más equidad en esas relaciones. En ese
sentido tomaría las palabras de Marthin Luter King cuando dijo, con una convicción radical, con una
esperanza infinita que también hago mía: "aunque supiera que mañana vaya a
ser el fin del mundo, hoy, de todos modos, plantaría un árbol".
2.- Usted afirma que “un sistema económico enfermo da
como resultado un planeta enfermo”, en un lúcido artículo el que inicia con una
cita de Adam Smith que mantiene que “no puede haber una sociedad floreciente y
feliz cuando la mayor parte de sus miembros son pobres y desdichados” ¿Cuál
sería la alternativa a este sistema económico? ¿No cree que para cambiar de
sistema económico, y que sea factible y duradero, habría que cambiar las
estructuras educativas, sociales, culturales, políticas?
La alternativa abierta al sistema capitalista –hay que
decirlo con todas las letras, aunque hoy, en el medio de la marea neoliberal de
estos últimos años esto pueda haber pasado a ser una mala palabra–
es el socialismo. Es decir: un sistema donde la estructura última de la
organización social no sea la búsqueda del lucro económico. Si el motor de la
sociedad, y consecuentemente la ideología de cada uno de los miembros que la
componen, se ciñe solo al beneficio económico, estamos ante un absurdo. El
capitalismo lo evidencia de modo patético: ese sistema no tiene salida. Un
sistema que destruye el medio ambiente en el que vivimos en función de obtener ganancias
económicas, que tiene las guerras como válvula de escape siempre presente para
resolver sus problemas estructurales insolubles, que puede llegar a la
descabellada noción de "poblaciones sobrantes", que hace de los
simples instrumentos para la vida un fetiche donde un teléfono celular o un
automóvil –por poner algún ejemplo– pueden llegar a
ser "lo más importante" de esa vida, todo eso tiene mucho de absurdo,
de tragicómico. El proyecto socialista, del que conocemos solo los primeros
pasos balbuceantes –los cuales, pese a enormes
dificultades y con los errores del caso, han dado ya resultados infinitamente
más justos que los siglos de acumulación capitalista–
es un camino que aún prácticamente no se ha recorrido. La involución de
3.- De sus artículos y reflexiones publicados en
diversos Medios de Comunicación Alternativos de
La injerencia de los más poderosos sobre los más débiles
es una constante en las relaciones políticas entre países. En Latinoamérica, si
algo significan los procesos de liberación –pensemos en Cuba, en
4.-Recientemente ha publicado un libro, conjuntamente
con un periodista colombiano, dónde trata un tema “delicado” como es la
cuestión del lucrativo negocio de la droga, cómo es utilizado por EEUU como perfecta excusa para “implantarse” en países como
Colombia, pero con otros fines “inconfesables”; quién está detrás en verdad de
este “negocio” y a quién le interesa que todo siga como hasta ahora. ¿Qué
impacto ha causado su edición? ¿Han recibido algún tipo de amenaza o
advertencia por su publicación?
Contestando un poco en broma diría que lamentablemente
no hemos recibido ni una sola amenaza, lo cual podría hacer pensar que nadie
siquiera se enteró del libro. Pensábamos con Ramón Martínez, el otro autor, que
podríamos tener algún problema: amenazas o provocaciones. Pero hay que ver que
el libro se publicó en Venezuela, con una edición bastante limitada, y en ese
país la presencia del narcotráfico no es especialmente significativa, como
sucede en otros lugares, como Colombia, Centroamérica o México. Me imagino que
sectores del poder y ligados directamente al negocio de las drogas lo habrán
conocido, pero una publicación pequeña, bastante limitada (fueron 500
ejemplares) no alcanza para conmocionar a poderes tan inconmensurables como los
que están implicados en estos asuntos. Para el año 2009 está prevista la
publicación de la obra dentro del marco del Proyecto ALBA Cultural, que impulsa
5.- A parte de su labor como docente y periodista,
usted también destaca como excelente escritor de libros de ficción. Uno de los
más geniales que he tenido la oportunidad de leer ha sido el libro “Cuentos
para olvidar”. (Algunos de estos textos se pueden leer en la web www.elguanche.net
de los que destacaría “Decisión” “Telebasura: el show
más inaudito de la televisión”....). ¿Tiene algún libro de ficción inédito o
algún proyecto en marcha?
Proyecto editorial propiamente dicho no tengo ninguno
ahora. Igual que tantos escritores desconocidos y siempre esperanzados en ganar
algún concurso por ahí, en conseguir algún editor por allá, tengo dispersos
cantidad de materiales por todas partes. Donde más publico es en internet, que si bien no es lo mismo que un libro en
sentido estricto, también tiene una amplia difusión. Creo que en España están
por aparecer algunos relatos míos en una publicación colectiva dentro de poco,
en una antología de autores latinoamericanos, pero eso no constituye un
proyecto editorial en el que yo esté directamente involucrado.
6.- ¿Cómo y cuándo fue su primer contacto con la
escritura, con la palabra?
Para ser sincero…., ni me acuerdo. Siempre he escrito,
pero es más, muchísimo más lo que destruí que lo que conservé. Anteriormente lo
hacía con la máquina de escribir, así que lo que eliminaba eran papeles. Años
después vino la computadora, y eliminar pasó a ser sinónimo de borrar del disco
duro. Pero si bien escribí desde siempre, publico regularmente artículos y
ensayos desde hará unos 20 años, en revistas y medios de ciencias sociales y/o
derechos humanos. Literatura –ni sabría decir por qué–
recién me atreví a publicar hace unos pocos años, en el 2004, luego de haber
obtenido una mención en un certamen internacional de relatos.
7.-¿Podría decirnos cuáles
son los escritores que más le han marcado o cuáles han sido fundamentales en su
vida?
Son tres: Dostoiewsky, Kafka
y Borges.
8.- A parte de “intentar” escribir bien ¿se le debe
pedir al escritor que salga afuera para sacudir y atacar a la conciencia
pública como sugería el francés Antonin Artud?
Creo que a un escritor no se le puede pedir mucho, como
en general no se le puede pedir a un artista. La creación tiene algo de mágico,
y cuando alguien crea, transmite algo que tiene necesidad de decir. Si eso
tiene "compromiso" social, político, si ataca a la conciencia pública
o no…, es bastante difícil de precisar. Sería deseable que todos los artistas
tuvieran una posición política crítica frente a la realidad, pero también sería
deseable que todo el mundo la tuviera. Y sabemos que en general eso no es lo
más común. Podemos esperar que un escritor sea crítico, pero no tenemos ningún
derecho a exigírselo. Y por supuesto, muchos de los más grandes escritores (ahí
está Jorge Luis Borges por ejemplo) son reaccionarios políticamente,
conservadores, grises y aburridos representantes del statu quo. Así como en un
sentido también lo fue Sigmund Freud, un médico de clase media conservador,
contrario a las ideas revolucionarias en términos políticos, pero quien, en
cuanto a lo que legó como obra intelectual, es uno de los más osados
revolucionarios en el orden conceptual, en el campo del pensamiento. Por
último: ¿quién se tiene la suficiente autoridad moral para pedirle a un
escritor que sea "comprometido"? ¿Desde dónde pedírselo?
9.- Una cuestión que se le suele plantear a løs escritorøs es preguntarle
porqué escribe. Algunos escritores irreverentes llegaron a responder que
“porque me da la gana” ¿Qué nos diría usted?
Sin el más mínimo ánimo de ser irreverente en la forma
de responder, creo que esa respuesta es la más exacta. Es más: creo que es la
única respuesta posible. ¿Por qué alguien se dedica a la tarea de crear, de
inventar ficciones, de hacer arte y transmitirlo a otros? Solamente porque así
lo desea. Si alguien tiene esa pasión, lo hace pura y exclusivamente porque su
deseo lo lleva allí, pues en principio nadie vive de la literatura (la gran
mayoría de escritores vivimos soñando con el premio o la gran publicación que
solo en contadísimas ocasiones llega para muy pocos). Por tanto, sí: uno
escribe porque tiene ganas de hacerlo, y no hay mucho más que agregar. En
términos psicológicos –y esto es algo muy de orden personal, privado se diría– cada escritor tendrá una particular historia que lo
constituye como tal, historia marcada por un entrecruzamiento de causas:
subjetivas, familiares, ideológicas, culturales, etc. Pero en definitiva
podríamos decir que se escribe porque uno tiene ganas, así de simple. Al menos
en lo tocante a literatura.
En lo referido a ciencias sociales, a lo politológico, la situación es distinta: se escribe porque
hay un compromiso social, ideológico, porque quien escribe intenta generar
debate en torno a ciertos temas, a despertar conciencia, a aportar soluciones
en la construcción de alternativas. Que se consiga, es otra cosa, pero el
motivo de base anida en el compromiso político.
10.- Otra queja muy común entre una gran mayoría de
escritores, al menos, en Canarias y en el Estado español, es que la industria
editorial sólo apuesta a caballo ganador ¿Ocurre lo mismo, por ejemplo, en
Guatemala, en particular, y en Latinoamérica en general?
La industria editorial, como cualquier negocio dentro
del marco capitalista, se mueve por una pura lógica empresarial de lucro. Por
tanto, la mercadería literaria se maneja como cualquier otro bien mercantil: si
vende, es bienvenida; si no vende, se la deshecha. De ahí que para tantos
escritores sea tan difícil abrirse paso en ese mundo editorial, ámbito marcado
por todos los juegos económicos, codazos y zancadillas que pueden encontrarse
igualmente en cualquier otra esfera del quehacer mercantil. Quizá uno no se
sorprende tanto cuando se habla de las mafias de la industria de los
armamentos, o del espionaje industrial entre, por ejemplo, los fabricantes de
vehículos, o de computadoras, pero sí produce cierto escozor cuando vemos todo
esto entre literatos y toda la industria editorial. Pero, más allá que la
mercadería en juego en este ámbito es distinta a una ametralladora, un tractor
o una motocicleta –yo prefiero un libro, aclaro– en
sustancia, en términos empresariales, no hay muchas diferencias en los manejos
propiamente mercadológicos. El monopolio, las mafias
y las zancadillas también están aquí.
11.- Después del llamado “boom” latinoamericano donde
esa industria editorial apostó fuertemente y dieron a conocer a todo el mundo a
escritores como Gabriel García Marqués, Mario Vargas Llosa, Juan Rulfo, Carlos
Fuentes, Julio Cortazar, Álvaro Mutis, José Lezama Lima... con el llamado
“realismo mágico” en el género novelístico (en el poético ya habían conquistado
el “mercado” autores como Rubén Darío, César Vallejo, Alfonsina Storni, Pablo Neruda...), pareciera que ya no existiesen
más y mejores autores ¿cuál es su opinión al respecto?
Comparto eso a medias. Siempre hay buenos autores.
Sucede que hay momentos especiales, estelares. Las décadas pasadas, años mucho
más movidos en términos políticos y culturales, dieron como resultado una gran
creatividad rebelde, irreverente, novedosa, desafiante. Y la industria
editorial supo transmitir (y hacer negocio) de todo ello. Para los años 70 y 80
del siglo pasado, en toda Latinoamérica hubo una clara involución política
(fríamente calculada por los grandes poderes, por supuesto) que marcó un
repliegue en todos los avances, en lo político, en lo ideológico, con
dictaduras manchadas de sangre que produjeron un silencio generalizado. Por eso
hoy día lo que más se produce y se vende son libros de autoayuda –principal
rubro de la producción librera a nivel mundial, por otra parte–.
Pero entiendo que es un poco exagerado, o quizá injusto, decir que hoy día ya
no hay grandes autores en los países latinoamericanos. Preferiría decir que hay
una situación distinta. En todo caso, la época de dictaduras y post dictaduras
con democracias de baja intensidad como las actuales no favorece ese
"boom" de años anteriores, pero no creo que se haya terminado la
inspiración. Ya reaparecerá; o, en todo caso, no tendrá la misma forma. Lo que
sí es evidente que años atrás hubo un momento de especial creatividad en la
literatura latinoamericana, así como hay momentos de especial fertilidad en
distintos órdenes, y luego pasan: la filosofía en el siglo V a.C. en Grecia, los pintores en el Renacimiento italiano,
los pensadores en el idealismo alemán, los grandes jazzistas negros en las
primeras décadas del siglo XX en Estados Unidos,
etc., etc. Son momentos especiales, memorables. Es cierto que en Latinoamérica
hubo en los 60 y 70 un despertar literario que ahora no se ve. Pero buenos
escritores sigue habiendo.
12. La última cuestión la dejo siempre abierta para que
el entrevistado tenga la oportunidad de expresar cualquier asunto, observación
o tema que desee sugerir y que considere de interés.
Yo no sabría si definirme como proyecto de escritor
–en sentido de narrador de cuentos– o de pensador
–como alguien que intenta reflexionar sobre la realidad–.
Quizá como pensador soy un divertido cuentista, y como narrador soy un aburrido
filósofo. Pero eso no importa. Lo que creo realmente importante es estimular la
reflexión, la creatividad, la imaginación, el espíritu crítico, la sana
irreverencia. Y escribir me parece una importante, quizá vital, posibilidad
para dar salida a todo eso. Escribir no es nada fácil, porque eso fuerza a
poner en orden las ideas, a saber qué se quiere decir para que lo entienda el
lector, a decir las cosas con precisión y calidad. Escribir constituye un
hermosísimo ejercicio de creatividad, y eso es siempre algo portentoso, casi
milagroso: ¿cómo hacer para que, a partir de una hoja en blanco –una pantalla
en blanco podríamos decir hoy–, al cabo de un rato, y
luego de dejar allí plasmados unos cuantos garabatos, alguien pueda encontrar
en esos nuevos símbolos algo que lo conmueva, le transmita conocimiento, le
abra una perspectiva nueva, le aclare cosas, lo agrade, lo haga reír o llorar,
lo haga querer seguir leyendo más adelante?
* Marcelo Colussi, italo-argentino, es psicólogo,
licenciado en Filosofía, docente universitario, escritor, articulista en medios
de prensa alternativa electrónica, tanto de Latinoamérica (www.aporrea.org www.argenpress.info o
Como cuentista tiene
publicados “Nosotros, los mediocres”, en Guatemala (2004, mención del
Instituto Iberoamericano Vargas Llosa); “Cuentos para olvidar” (2006,
Fundación Editorial el perro y la rana, en Venezuela).
Como ensayista e investigador
social participó en varias publicaciones colectivas sobre derechos
humanos, salud mental y psicología social. En la actualidad escribe para Aporrea.org; Rebelión.org; Argenpress.info y ocasionalmente para
las webs canarias http://elguanche.net y Canarias.Indymedia.org para las que concedió esta entrevista en
exclusiva.