FIESTA IRRACIONAL
Agustín
Mora
“Cuando la fiesta nacional/ yo me quedo en la cama
igual/ que la música militar/ nunca me pudo levantar…” (“La mala reputación” de Georges Brassens e interpretada por Paco Ibáñez:
http://www.youtube.com/watch?v=DSyXQA4QiTw
)
Hay que
seguir “caminando por rutas imperiales” recordando el genocidio cometido
no solamente contra los pueblos autóctonos americanos, sino contra otros
pueblos como es el caso de las Islas
Canarias, invadidas y masacradas y que en la actualidad significan el
último vestigio del colonialismo español.
Otro año más, el Estado Español se regodea y
festeja su Día de
Es tan mareante y cansina esta demostración “imperial”
que incluso hasta sus defensores más acérrimos la califican como “el coñazo
del desfile”. Un coñazo que sólo sirve para aumentar gastos en tiempos de
crisis (¿o todavía no se puede hablar de crisis, Señor Zapatero?), el
lucimiento del rey -tan pequeño en su esperpéntico papel- y el lloriqueo
por un “imperio sangriento” que se esfumó definitivamente, a golpes de
machetazos para la zafra del azúcar, el año 1898, en Cuba.
Pero nada, estos nostálgicos de aquello de “por el
imperio hacia Dios” siguen jugando a los soldaditos e invitan a su juego a
otros ejércitos (OTAN) amigos; amigos tan poco recomendables para eso que
llaman “la paz” como el ejército de los EE.UU.
Y como yo soy un ingenuo compulsivo, me pregunto
ingenuamente: Si hay que tener un Día de la Fiesta Nacional ¿por qué no se
hace, por ejemplo, un día 20 de noviembre? Recordemos que en esa fecha de 1975
el pueblo español comenzó a romper las cadenas de la dictadura franquista y se
entreabrió un poco la puerta de la libertad y la democracia… pero sólo un poco,
eh.
Pues no señor. Hay que seguir “caminando por rutas
imperiales” recordando el genocidio cometido no solamente contra los
pueblos autóctonos americanos, sino contra otros pueblos como es el caso de las
Islas Canarias, invadidas y masacradas y que en la actualidad significan
el último vestigio del colonialismo español.
“Del mar los vieron llegar mis hermanos emplumados/
eran los hombres barbados de la profecía esperada…”
No voy a profundizar demasiado en los terribles hechos
que comenzaron a partir de un fatídico día 12 de octubre de 1492 (hace 516
años) y que aún, en nuestros días, siguen teniendo nefastos efectos “colaterales”
en los pueblos invadidos. No soy historiador pero sí que no puedo remediar ser
un “curioso impertinente”. Por ello, tan sólo quiero dejar constancia de
algunos datos y consecuencias de aquella “hazaña” que, año tras año, se
conmemora con indecente cinismo y tergiversación de la historia; y lo hacen
bajo rimbombantes lemas como “Día de
Y es que hablamos de invasión, de conquista por la
fuerza de las armas y el crucifijo, de destrucción, genocidio, saqueo y
esclavitud para los supervivientes. Todo ello generó una reacción de
resistencia y lucha por la dignidad y la libertad.
¡Atis Tirma! (Tierra Libre), gritarían los aborígenes canarios al
tiempo que se arrojaban al fondo de los barrancos prefiriendo la muerte
antes que caer esclavos de los españoles…
Y hablamos también del papel de primer orden que jugó
la iglesia católica en el genocidio y la destrucción de culturas en aquel
“Nuevo Mundo”. Otra vez la iglesia en su esencia, señor, señor… Otra vez al
lado de la intolerancia, el asesinato, las hogueras y los Autos de fe de la
Inquisición. Por mucho que les pese a los fundamentalistas católicos que siguen
pululando en nuestros días.
“Se oyó la voz del monarca de que el dios había
llegado/ y les abrimos la puerta por temor a lo ignorado…”
Tal fue el carácter del exterminio que se festeja el
día 12 de octubre, que un fraile dominico español y nada sospechoso de ser
desleal con la corona española, Fray Bartolomé de Las Casas, teólogo y
cronista, relataba de la siguiente manera la matanza y conquista de “
“Entraban los españoles en los poblados y no dejaban
niños, ni viejos, ni mujeres preñadas que no desbarrigaran e hicieran pedazos.
Hacían apuestas sobre quién de una cuchillada abría a un indio por medio o le
cortaba la cabeza de un tajo. Arrancaban a las criaturitas del pecho de sus
madres y las lanzaban contra las piedras. A los hombres les cortaban las manos.
A otros los amarraban con paja seca y los quemaban vivos. Y les clavaban una
estaca en la boca para que no se oyeran los gritos. Para mantener a los perros
amaestrados en matar, traían muchos indios en cadenas y los mordían y los
destrozaban y tenían carnicería pública de carene humana… Yo soy testigo de
todo esto y de otras maneras de crueldad nunca vistas ni oídas”.
(“Brevísima Relación de
“Iban montados en bestias como demonios del mal/ Iban
con fuego en las manos y cubiertos de metal./ Sólo el
valor de unos cuantos les opuso resistencia/ Y al mirar correr la sangre se
llenaron de vergüenza.”
Quinientos dieciséis años de conquista se celebraban
este 12 de octubre. En este día del “Coñazo del Desfile”. Desfile vergonzoso de
un imperio con pies de barro que nunca ha pedido perdón. Al menos la iglesia
tuvo el “detalle” de hacerlo en 2000; reconoció su participación en el
genocidio. ¿Algún día el Borbón pedirá ese
perdón o mandará callar a quien se lo exija.
Nunca, en ningún libro escolar, se escribió y se
obligó a estudiar el significado de tanta barbarie. Nadie, ningún Gobierno,
ninguna institución pública. Nunca. Nadie, habló del verdadero significado que
tiene el 12 de octubre. Pocos saben que en los 150 primeros años de conquista,
17.000 toneladas de plata y 200 toneladas de oro arribaron a España
abriendo las puertas a la Revolución Industrial y al desarrollo
capitalista europeo.
Nunca, nadie, dijo que después de 100 años de
conquista, de los 70.000.000 de indígenas que existían sólo quedaban unos
escasos 3.500.000. Nadie habló de los indígenas que fueron sometidos al trabajo
esclavo, de la aniquilación de su cultura y creencias ni de los centenares de
miles de muertos por enfermedades infecciosas que desconocían.
Y es que todo tiene su lógica. Y dentro de esa lógica
no es lógico pedir perdón cuando la labor de rapiña continúa. Cuando se pasó de
un colonialismo sustentado por la violencia a otro colonialismo económico donde
sigue el imperio “cambiando oro por cuentas de vidrio”, donde se siguen
apropiando, sobre todo, de sus recursos energéticos y naturales, donde el
mercado está tomado por empresas como BBVA, Santander Central Hispano (SCH), Telefónica, Cepsa, Repsol, Dragados, Iberdrola, etc.
Claro que no tiene lógica pedir perdón. Pero sí que la
tiene seguir celebrando ese día con su “coñazo de desfile” porque, estos
ladrones de ahora, son los hijos de Cristóbal Colón; se permiten el lujo de
mandar callar a los gobernantes legítimos y permiten que los vástagos de la “Madre
Patria” (más bien, madrastra) sigan muriendo de abandono y pobreza, de
olvido, miseria y dolor.
“Hoy, en pleno siglo veinte nos siguen llegando
rubios/ Y les abrimos la casa y les llamamos amigos./
Pero si llega cansado un indio de andar la sierra/ Lo humillamos y lo vemos
como extraño por su tierra.”
(“Maldición de Malinche”.
Gabino Palomares y Amparo Ochoa.
http://www.youtube.com/watch?v=eyUwolkWINk
)
16-10-08