Gomera

 

José A. Infante Burgos *

   El nombre Gomera está relacionado con las tribus de igual denominación establecidas en el norte de Marruecos (en castellano tenemos Peñón de Vélez de La Gomera y otros, como pruebas presentes de un origen común). Aparece por primera vez en el libro "El conocimiento de los reinos del mundo", obra atribuida a un fraile ara­gonés que se cree castellanizó los topóni­mos que utilizaban los cartógrafos mallor­quines, con la designación de las Islas. El primer mapa en que aparece la ínsula y su topónimo correcto, es el Atlas de Abraham Cresques (coautor) de 1375.

 

   En Mallorca, el castillo del Temple fue levantado sobre un jardín musulmán de nombre Almunia Gumera, y con los,años recibió el nombre de Fortaleza Gomera, en el límite Noreste de la fortificación judía, a modo de parte final de la muralla. Al comenzar la conquista, la isla se encontraba dividida en 4 cantones o menceyatos: Mulagua, Hipalan, Orone y Agana, identificándose estos territorios con los gran­des valles de Hermigua, San Sebastián, Valle Gran Rey y Vallehermoso, respectivamente, y poblada por los gomeros o gomeritas -según los españoles-, indígenas de la isla. De ellos se conservan varias tradiciones, pero la más famosa es el lenguaje del silbo gomero, una forma de comunicación para superar las limitaciones de la accidentada orografía de la que también se registran escritos, en cuanto a su utilización antigua, en Tenerife y La Palma.

 

   La Gomera nunca fue conquistada, for­malmente y a lo largo de los años, cuando los nuevos pobladores europeos fueron esta­bleciéndose, los aborígenes fueron reco­nociendo su autoridad no sin mostrarse como un pueblo inconformista y rebelde que se levantaba cada vez que se cometía una tropelía o una injusticia -la más famosa, la llamada Revolución de los Gomeros de 1488- Esta isla, al igual que El Hierro, Lanzarote y Fuerteventura, estaba bajo el señorío, que duró hasta principios del siglo XIX, a diferencia del realengo, en el que se incluían las islas de La Palma, Tenerife y Gran Canaria. El señorío de La Gomera está relacionado con la familia Peraza, que se caracterizó en los primeros años por su crueldad y tiranía.

 

   En 1447, Guillen Peraza -comandante castellano, hijo de Hernán Peraza (el Viejo) e Inés de las Casas y heredero al derecho a la conquista de Canarias- parte de La Gomera con tres naves y 500 hombres, diri­giéndose a tomar Benahoare (La Palma), donde encuentra la muerte y derrota en la batalla de Tihuya, a manos del  mencey Echedei.

 

  La misma suerte que corrió su descendiente Fernán Peraza, que se enamora de Iballa, una guapa indígena gomera, y en uno de sus encuen­tros amorosos es asesi­nado por Hupalupo, padre de Iballa, y por Hautacuperche, pretendiente. Después de su muerte, el pueblo gomero, castigado por ello, se levantó de nuevo contra el señorío. Pedro de Vera acu­dió nueva e inmediatamente en socorro de Beatriz de Bobadilla, que había tenido que refugiarse en el castillo y, desembarcando con numerosa tropa de castigo, hizo huir a los naturales a las cumbres. Pedro de Vera, mediante una clásica astucia, quiso vengarse y publicó un bando en el que cualquier gomero que no acudiera a las honras fúne­bres de Fernán Peraza sería acusado de cóm­plice y traidor; asimismo indultaría a aque­llos que se personaran. Los que acudieron al funeral en la Villa fueron inmediatamente detenidos, así como también fueron apre­sados algunos de los que permanecían alza­dos en las cumbres. Se ordena la condena a muerte de todos los indígenas mayores de 15 años, si bien esta medida no se puede lle­var a la práctica. No satisfecho con los ase­sinatos, a su llegada al Real de Canaria, ordenó ajusticiar a todos los gomeros que se encontraban en aquella isla, deportando como esclavos a gran parte de niños y muje­res hacia la Península o hacia las otras islas. Posteriormente muchos de los que fueron vendidos como esclavos regresarían a La Gomera.

  

   Todo esto aconteció antes de que, unos años más tarde, entrara en los libros de his­toria como la última tierra pisada por Cris­tóbal Colón antes de llegar a América, en su primer viaje de descubrimiento.

 

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* Reproducido de El Día