Y UN HUEVO PA QUINCE
Miguel Ángel Díaz Palarea
Emulando, con venia, al genial Eugenio:
¿Saben aquel que diu, mis
cuates?
Para ambientar
mi menuda historia tengo que principiar:
“Aquellos
descamisados”, los de mi pequeño relato, resistían una crisis igualita a la
que sobreviven, hoy día, multitud de familias canarias. Insultantes diferencias
sociales; escandalosas y vergonzantes fortunas de escasísimos privilegiados; ricachones
incrustados con sus influencias y perras fáciles; chupópteros carentes de escrúpulos
embutidos en billetes, con pelaje de señores a la antigua usanza, acaparando el
negocio del cemento/política. El multimillonario que no esté empolvado de
hormigón en nuestras paupérrimas islas me temo que no existe, o es una “rara Avis”. Les regalo un riñón si lo
encuentran, pues tengo que guardarme el otro. Un millonario de hoy que no tenga
algún político de la más variopinta ralea en su nómina carece de porvenir. Que
conste que meto en el saco a todos los partidos con representación
parlamentaria; todos, toditos, tienen una ovejita negra en la hoja de salarios
de uno de estos desvergonzados; incluso la izquierda, por llamarlo algo,
española. El que me lo niegue, que se dé una puñetera vuelta por ese Sur de
Tenerife; ese sur que nos avergüenza y sus municipales, algunos de ellos nos
sacan los colores. Que la frase “rico borrico” debe sustituirse por “rico padrino”
con teléfono directo a edil de urbanismo con veleidades propias del vil metal.
Me reconforta pensar que aún existen ediles de urbanismo honrados, algunos de
ellos, me consta, que están sometidos a tentaciones que soportan con tozudez
democrática.
Desde luego ¡mis cuates! a ellos no les
tiran sus casonas con piscinas y canchas deportivas, saunas… Aquellos agazapados entre
las fuerzas del desorden, ordenan desde la sombra derribar las muy humildes viviendas
de los ciudadanos de Cho Vito. Miren mis cuates lo que les adelanto: cuando
quiten nuestra ex vendida UNELCO, aquella zona otrora contaminada con sus
humos, valdrá oro. Se trata de un
diamante bruto; por eso me temo sus premuras y desmesurados métodos coercitivos
nada más constatar que iban a trasladar
¡Manda cojones! Y ahora se inventan para
justificar tan desmedido derroche de material represivo unos “supuestos”, “presuntos”
-pues estas palabras ni siquiera las han dicho para despistar- cócteles
molotov. Pero dejémonos de rodeos demagógicos -dirán los progres de la izquierdona españolera- y entremos en el meollo del asunto:
“Era
una familia, como las de Generalísimo Franco de los premios de natalidad y como
la de las calles de Santa Cruz con su vial fascista” (120 nombres que nos
avergüenzan). Me pregunto ¿no será qué no quieren ofender a sus enriquecidos
herederos? Lo que está tan claro como el agua es que muchos de sus vástagos nos
gobiernan; nos “mandan” muchos de los parientes de aquellos que “mandaron”
matar, torturar y tirar al mar o meter en fosas comunes. Lo que jode, y no pido
mucho, es que, al menos, se excusen. Ellos presumen entre amigotes que los
curas les perdonaron los pecado. En sus iglesias, desde los púlpitos, predican
que es suficiente con rogarlo a Dios. Y se jactan de seguir las enseñanzas de un
tal Jesucristo que por protestón le clavaron en una cruz de madero y si no, que
visiten al torturado Cristo de
Nos avergüenza el silencio cómplice de una
iglesia muda ante las injusticias, que apoyó en el pasado -ahí está nuestra
propia historia en Canarias- la tortura, la muerte y el olvido de los puteados
por sus huestes bajo la sombra de su cruz.
¡Viva
el negociete de las Teresitas!; pero me desvío de las
historia y continúo ¡mis cuates!:
“El
padre, la madre, el abuelo y su cuñado y el compadre en paro, y hasta su escuálido
gato y escandaloso perro sato, no tenía para comer
más que un huevo y 15 hijos que alimentar”. Piensen ¡mis cuates! que follar
es gratis y la iglesia predica dar la bienvenida a los que manda el Todo
Poderoso Creador. Es solo cuestión de tiempo: ahorita toca joderse que después,
cuando nos muramos, -pues mueren ricos y pobres, en el otro mundo -en el más
allá- serán debidamente recompensados. Un tal Jesús predicó: “es más difícil
que un camello entre por el ojo de una aguja que un rico lo haga en el reino de
los cielos”. O algo parecido, quiero recordar ¡Hay que
tener bemoles¡
“La
sufrida madre canaria se las ingeniaba para repartir tal esquelética manduca:
hizo un sinónimo de caldo e hirvió con unas cebollas y tomates casi podridos. Los
sacó de un contenedor de basuras que hedía como la verija de las viejonas de
Miraflores y dispuso a la prole muerta de hambre en torno al humeante caldero.
Después de romperse el cerebro para repartir, medianamente ponderado, tan
desgraciado potaje; concluyó nuestra Candelarita que cada uno debería ir metiendo
el dedo en el caldero y chupárselo. Dicho y hecho, en fraternal concordia uno
tras otro, lo introducían, y después,
con los ojos iluminados lo sacaban y lamían con glotonería. Pero de repente los
chicos protestaron:
-Maaa, que Alesis metió er deo dos veces´.
Y Candelarita sin
argumentos replicó:
-Peor pa é que se indigeste er muy glotón”.
Esta historia que sufrimos en Canarias en
multitud de familias me vino a la cabeza al leer la noticia en la prensa local,
en concreto, en el periódico “
«Los
constructores canarios -hermanitas de la caridad-, a través de sus patronales -angelitos del cielo-, por medio de sus patronales provinciales
al frente de Antonio Placencia y de Jesús García Panasco en Las Palmas, anunció
que el sector está dispuesto a financiar obras públicas -generosos los
pollos- “cogestionar junto a las
administraciones públicas el Fondo Estatal de Inversión local de 8.000 millones
de euros aprobado por el Gobierno Estatal”»
Me quedé patidifuso leyendo estas monsergas
y oyendo, posteriormente, en la radio la retahíla pelotera de unos especímenes de
prensa peligrosos para Canarias y su medio ambiente; perdí el resuello y comencé
a parir este escrito al recordar a un Constructor -amasador de putos euros- que
con sus cagadas, como los pájaros, no puede camuflar su fétido culo. Me vino al
tolmo una historia, mil veces repetida en nuestra tierra, una penosa historia
en el sindicato de CCT en Güímar. La recuerdo como si fuera hoy. Me la contaba
con su propia boca y con lágrimas en los ojos un trabajador con una sola
pierna, la otra extremidad se la tragó una machacadora de esas de buscar
cemento, amasar millones con nuestro medio ambiente y con sangre de
trabajadores a los que obliga a extenuantes jornadas; de inmediato el
desgraciado trabajador fue puesto en la puta calle por la susodicha Teresa de Calcuta. Gritó en la oficina: ¡Pa qué coño quiero un trabajador con una sola
pata¡
Y ahora las hermanitas de la caridad
cristiana, las que pusieron unas perrillas para reconstruir el Obispado y
sacarse la foto con el embajador en el cielo, que a toos hay que ponerlos en nómina -por si se tercia- se quieren comer
el potaje con el huevo incluido; son generosos los “creadores de riqueza” -según dijeron con su sudor-, claro con el
sudor de otros y la riqueza, como no desean otra cosa, sólo suya; estos angelitos
y no precisamente negros de Machín generosones
lo hacen para que los pobres no se
indigesten.
Quieren cogestionar, digo yo, mamar un poco
más de los fondos del gobierno pesoista a los municipios. Me temo que si les permiten
meter er deo en el cardero
no sólo se manducan el huevo, se beben el potaje; sino -más peó entodavía- echan
a la calle a sus trabajadores fijos y meten a otros a cuatro perras pagadas por
el dichoso Fondo de Inversiones Estatal.
Les saldrá gratis, una vez más tirarán de sus políticos y ¡viva er negocio! -me hago cruces para
equivocarme. Sin son capaces de enriquecerse en un día con una decisión
política como en las Teresitas, pesoistas
incluidos (…) ¿qué hay que esperar de
estos pollos, y no precisamente de lucha canaria? Pollos, claro está, de la
mamandurria.