La
gran estafa
Por Fructuoso Rodríguez Morales
Verano del
82; el jet privado se desplaza rápidamente por la pista del Aeropuerto
Internacional de Maiquetía,-Venezuela-,… antes de que sus puertas se abran, ya
están a su lado una gran limusina negra, acompañada de varios carros de gama
alta. Un Jeque Árabe acaba de llegar a Venezuela, acompañado de su séquito,
quienes no dudan en dirigirse rápidamente a sus automóviles como si cada uno
supiera de antemano el vehículo que le correspondía. Los hombres armados que le
dan seguridad son los últimos en subirse y emprenden veloz carrera hacia la capital, Caracas. ¿Su
destino? Hotel Caracas Hilton.
La noticia se
corrió como la pólvora, todos los medios de comunicación se hicieron eco de la
gran noticia: ¡Venían árabes, y venían con la intención de hacer negocios!
…¡Y Caracas se convirtió de la noche a la
mañana en la ciudad de las mil maravillas!, todos estaban ansiosos por
relacionarse con los árabes; los jóvenes en ser parte de sus nóminas, las
jóvenes en “casar” a algún príncipe despistado, pero los más ansiosos eran los
banqueros y señores de grandes finanzas, quienes suspiraban en cerrar algún
acuerdo comercial que los elevara a la
estrastofera.
Y los árabes
se dejaban querer. Fiestas de lujo en algunas de las plantas del Hotel,
bacanales, intercambios de parejas… todo con el buen fin de llegar a algún
acuerdo petrodólar.
El nivel de
gente “VIP” era tal que aquella familia que no estuviera invitada “no existía”,
políticos, banqueros, industriales, empresarios,… el País prácticamente se
paralizó, ya que sus hombres de “Pro”, estaban “negociando” en el Gran Hotel.
Pronto muchos
acuerdos tomaron forma, grandes proyectos tuvieron “luz verde”, sin embargo
había un pequeño inconveniente: El JET privado de los árabes había viajado más
rápido que su dinero y se encontraban que no podían hacer frente a sus
compromisos hasta que no les llegara “El capital” desde su país. “Eso no es
obstáculo alguno” dijeron al unísono empresarios, banqueros y políticos.
Ustedes tienen abierto las cuentas de nuestras instituciones sin interés alguno
hasta que les lleguen sus petrodólares.
Los árabes
pronto descubrieron que el ofrecimiento era sincero y que podían disponer de
todo el dinero que les hiciera falta… y mira que les hacía falta dinero a los
pobres, como que dejaron sin blanca a las entidades financieras, y empresarios
que ingenuamente les abrieron el corazón y la cartera.
Una mañana
cualquiera (cualquiera para todos menos para los infelices engatusados), el
cuento de las mil y una noche se desvaneció. Ni jet privado en el aeropuerto,
ni nadie que pagara las facturas del Hotel, ni príncipe que restituyera la
honra perdida de alguna hija de empresario agraviada, ni dinero en la caja
fuerte de muchos estafados. (Se comentó en su día que los estafados jamás se sabrá los que fueron ni cuanto dinero perdieron por no hacer
pública su vergüenza).
Años más
tarde leí en la prensa que según investigaciones del FBI, los autores de la
estafa fueron delincuentes colombianos. Sean quienes sean, en mi fuero interior
los felicito y les aplico el refrán “el que roba a un ladrón, tiene mil años de
perdón”.
Esta vieja,
estafa muy conocida entre el pueblo venezolano, se me vino a la mente al oír
por las noticias de TV.
Sin embargo
se equivocan los medios de comunicación al proclamar en grandes titulares “La
mayor estafa de la historia”. Esta
estafa es de niño chico comparada con la realmente GRAN ESTAFA.
Srs. si queremos hablar de estafa, de realmente una GRAN
ESTAFA, no tenemos que esperar ni por la mafia colombiana, ni por Bernard
Madoff. Sólo nos tenemos que fijar en el modelo de sociedad que nos han hecho
vivir como si fuera la biblia en verso: Que si Jesucristo caminó sobre las
aguas y multiplicó el pan y los peces, que si Papá Noel viaje cada navidad en
su trineo mágico, que si Cristóbal Colón descubrió America, que si
¡Srs. esto si que es UNA
GRAN ESTAFA!