La soberanía
Andrés
Chávez
1.- Desde hace tiempo,
mucho tiempo, desde la historia lejana, venimos soportando los canarios el
maltrato sociológico por parte del Estado. Se trata de un maltrato que se ha
convertido en inherente a nuestra ínfima condición de ciudadanos pedigüeños,
perdidos allá en el mar, sin influencia ante el Estado y sin capacidad para
variar el signo de los gobiernos. Es decir, convertidos en ciudadanos de segunda,
que lo mismo que fuimos españoles hubiésemos, por el contrario, adquirido la
nacionalidad británica o americana, si finalmente entra Nelson o nos
invaden los Estados Unidos, como así lo pretendieron. Los isleños hemos puesto
algunas picas en el mundo y nos sentimos orgullosos de vivir en estos peñascos
perdidos en el Atlántico proceloso, pero nuestro carácter resignado y bonachón
ha propiciado que seamos los bobalicones del Estado español. Sencillamente, se
nos desprecia.
2.- La historia se ha
encargado de hablar del exterminio de nuestra raza. Los conquistadores
españoles no tuvieron piedad con un pueblo sometido, a cuyos supervivientes los
pasearon por el mundo como animales. Es verdad que los invasores sufrieron
duras derrotas ante un enemigo con armamento rudimentario y nulas nociones de
estrategia. Pero, con excepciones, los afanes soberanistas del pueblo canario
no han calado ni en la sociedad española ni en nosotros mismos. Me he alegrado
mucho del extenso artículo de Miguel Zerolo,
publicado en EL DÍA este fin semana[1]. Cada vez que
se escribe la palabra soberanía empiezan los miedos. Y cada vez que se alude a
la independencia de Canarias mucha gente empieza a rezar y a santiguarse como
viejas miedosas; incluso nuestro propio Gobierno autónomo lo hace.
3.- Canarias debe
aspirar a mucho más de lo que nos han dado. Nuestro papel mendicante ante los
poderes de Madrid nos debe avergonzar. Nuestro pueblo se merece gobernarse
solo. No se puede tener miedo a perder la tutela de Madrid, porque Madrid no
nos entiende; ni nos ha entendido nunca. Aquí vienen de vez en cuando desde
reyes a ministros a darse un paseo. Pero, ¿qué nos resuelven? ¿Por qué seguimos
siendo una comunidad autónoma de segunda, con menos competencias que las
llamadas "históricas"? ¿O acaso no fue "histórico" defender
estas islas de las apetencias de