ARRIBA PARIAS DE CANARIAS
LEVANTAREMOS DE NUEVO CHO VITO
Miguel Ángel Díaz Palarea

-Cuando
los “verdessss que te quiero verde”, confiados en sus amos del arco
Para/el/lamento canario, se quitan el disfraz de oveja descubren su piel de
lobos de colmillos de hormigón. Cuando los presuntos verdesssss de
izquierda…, ¡no¡, ¡que no, que no, joder!, ¡que no¡, por supuesto que no
de la izquierda alternativa, ni de la
izquierda ecologista. ¿Pero de qué mierda hablas? –se quejó el niño
educado en los valores españoleros-. Cuando desvisten su chaqueta progre lo
hacen para lamer los culillos de los señoritingos de los muelles deportivos”.
Mira que te digo -Sentenció un candelariero.
Que no, que no se trata de una “ópera bufa”. Sus educadas
reprimendas, sus leguleyos artículos teatralizan la cruel realidad, ironizan el
profundo desprecio que sienten para nuestras gentes canarias. Se burlan en
nuestra propia casa, donde por desgracia existen aún muchos de los “entodavía”,
los de “aojala”; los de “que diferiencia”;
los de los “haiga”; los de “pal sul” o “pal nolte”,
los de “argunos”. Me permito la
licencia y lo hago con todo el respeto que me merecen aquellos que no pudieron
estudiar lo suficiente, pero a los que esa circunstancia no les desmerece, ni
les quita la razón. Vienen a cuento estas palabras por lo que tuve que soportar
cuando el desalojo; cuando hombres y mujeres libres fueron expulsados como
peligrosos delincuentes de sus casas levantadas con miles de sudores. Ante la
cruel estampa de cientos de miembros de las fuerzas represivas -como las llamábamos
antes- en Cho Vito tuve que soportar de una funcionaria del Juzgado sus
ofensivos comentarios. Lanzando sus eses contra las paredes prendió con una
monserga igualita que la de los verdesss. Respondía al comentario indignado de
un canarito, pobre y mal trajeado que esperaba juicio, sobre los
expoliados; aquel ciudadano libre se quejaba del mal trato recibido por nuestro
pueblo. La funcionaria aplaudía el expolio del poblado marinero y con valor
etnográfico de Cho Vito. Sentenció aquella goda rehervida, bien planchá
y emperifollá en el Corte Inglés:
-¿De que os quejáis?, ¿no
comprendéis que la playa es de todos los españoles y ellos afean las costas de
estas hermosas islas? Fíjate –refiriendo con desprecio-
como visten, ves que mal hablan; aquí en nuestra playa española defecando y
haciendo pis sobre la arena. Son unos palurdos,
catetos incultos –puntualizo mientras se retocaba su camisa de
marca sobre su cuello de buitre arrugado.
Después regañó la cara como si saliera de un asqueroso retrete y le
apestaran los detritus de los protagonistas de su historia.
Por fin han respirado los pesoistas, los coalicioneros, los peperos y
muchos otros de estómago agradecido. Por fin reciben una buena noticia, ellos
tienen sus casas aseguradas y sus posaderas incrustadas en mullidos sillones
institucionales. Entre los de confianza musitan:
-¡Había que dar un escarmiento a
esos rebenques, que como si fueran ricos viven en la playa!
Y sentencio yo:
-Vuelvan a darle el premio Harimaguada a Narbona y a sus cuates. Encima
de que nos toman por putas ponemos, y lo que más duele, pagamos la cama.
Y el antisocial estampido lo han dado en las costillas de los más
desgraciados, de los desarrapados, de los parias del mundo. No podría ser de
otra forma, en Canarias los independentistas también cantamos la internacional.
En nuestra tierra también luchamos sin descanso por los pobres y desheredados
del mundo mundial, aunque los españoleros quieran hacer pensar lo contario:
¡Arriba parias de
Comentan que una emisora local llamó al más listo de Canarias, al
cerebelo preclaro, al primerísimo de la clase, al catedrático entre los catedráticos;
al máster del universo universal, al más preparado y locuaz, encargado de la
“caja del agua” de nuestra tierra. Dicen que le preguntaron por el
insultante desalojo de canarias y canarios en Cho Victo y, chasqueando charlatán
sus labios, no quiso dar su opinión. Se excusó
con que –puntualizó petulante su secretaria particular-
en aquel instante se encontraba en Paris, nada menos que en
Les pregunto, mis cuates:
¿Quizás el gato español le comió la lengua al de las frases bien
hiladas, al fecundo lenguaraz en
Me temo, y esto es de mi cosecha, que estos ínclitos piensan igual que
la goda del juzgado.
Pero no sólo el Jefe de los Jefes del PSOE piensa como ella, sino que
los caciques de Coalición Canaria y los del Pepe que te quiero facha piensan
igualito. También lo piensan los que mantienen como hijo predilecto de Santa
Cruz al General genocida Franco; aquellos con sus cuates de hormigón más de lo
mismo. Recuerdo y se me endulza la cara que el juez Baltazar Garzón ha puesto
los puntos sobre las “ies” y ha llamado por su nombre a quienes cometieron
crímenes contra la humanidad en el Estado Español. Más vale tarde que nunca,
que no sólo los Pinochet, los
Videla (sic) y sus cuates que torturaron y asesinaron, deben ser conocidos como
genocidas; pues en nuestro estado muchos otros hicieron lo mismo y disfrutaron
de su hazaña durante cuarenta años chupando del bote y ahora siguen con la
teta. Que coja el avión el juez del Tribunal de Orden Público Español -le
lave un poco la fachada a
Aunque desde chiquitito mi padre me decía, con sones machistas, que “los
hombres no lloran”, tengo que confesar que se me saltaron las lágrimas de
impotencia e indignación con el pendenciero desalojo. Todos estos asestaron puñaladas
a Tío Víctor. Pero miren ustedes por donde se olvidaron, en los
alrededores, pasaron por alto el chalet con piscina de uno de nuestros caciques
locales, hicieron la vista gorda sobre unos hoteles hechos con dinero mandado a
Canarias para los Canarios; se hicieron los locos sobre negocietes
que se cuelan en la misma arena de la playa, de los mamotretos, como el de las
Teresitas y otros al ladito de Cho Vito. Me gustaría me explicaran por qué
pactaron en
Que importa que las palas tumben sus humildes viviendas, son casas de
pobres y su valor etnográfico les importa un pimiento. En el fondo su eslogan
preferido es “quítate tu pa ponerme yo” y montar muelles deportivos donde
defequen sus cuates, que se construya una avenida a cuyos lados levantes chalet
de lujo para que recauden perras los suyos los del hormigón desalmado. Ellos si
tienen derecho pues son bien hablados y educados.
Todos mataron a Cho Vito y él sólo se murió.
Plantemos cara a estos desalmados. Que se vuelva a reconstruir.