Las leyes, las personas y el territorio
Wladimiro
Rodríguez Brito
Estas líneas pretenden
hacer una lectura en voz alta de un marco legal sobre el territorio que nos
hemos dado aprobado en el Parlamento de Canarias, en el que se han puesto de
acuerdo gobierno y oposición. Marco legal de difícil aplicación, dado que
muchas leyes se dictaron sin tener en cuenta las peculiaridades de nuestro
territorio, por lo que su aplicación hace que se discrimine a los hombres y
mujeres que viven en el medio rural, ya que la población urbana que demanda
construir en el suelo rústico tiene más medios para difundirse.
La autoconstrucción ha
sido la única manera que han tenido nuestros campesinos para poder dotarse de
una vivienda, ubicándola normalmente en una parcela cercana a los terrenos de
cultivo. La construcción en suelo urbano con proyecto ha sido minoritaria en
nuestro medio rural, mientras que esperar por un suelo urbanizable o por una
vivienda social no ha sido alternativa para dejar la infravivienda.
Esta situación
histórica social se agudiza en los tiempos que corren, en especial por el peso
de las multas con cuantías millonarias y por la necesidad que se produce en
volver al medio rural; espacio convertido en una jungla de leyes, en muchos
casos antepuestas y en otros sin desarrollar, o bien hechas desde un despacho
alejado de la realidad y aplicadas con un marco teórico aparentemente justo y
correcto, pero cargado de complicaciones con muchas injusticias, puesto que no
hacen una discriminación positiva cuando tocamos a los que viven del campo,
dándose agravios comparativos cuando tocamos en la puerta de los moradores del
territorio.
Entremos en materia:
no es razonable la maraña de marcos legales de protección que tiene el
territorio; marco legal de difícil aplicación, ya que el presupuesto para su
gestión no existe o es insignificante, ya que gestionar un 50 por ciento de
Sin embargo, la
situación actual nos obliga a la vuelta que demanda una serie de
transformaciones que, en muchos casos, la rigidez del marco legal impide, sobre
todo, mejoras en las viviendas, accesos rodados e instalaciones complementarias
a la agricultura como estanques, cuartos de aperos, gañanías, bodegas,
movimientos de tierra y red de riego. Así, encontramos declaraciones románticas
sobre el medio: suelos de vocación forestal -sueño romántico de ampliación del
bosque sobre suelos cultivados-, o leyes de protección de la flora bascular,
por la que está protegida una tabaiba, un pino y no lo está una higuera, o un
almendro, por ejemplo.
Como vemos, el marco
legal que nos hemos dado tiene numerosas dificultades para su aplicación en los
tiempos que corren, y lo que es peor, nos encontramos con la lentitud en
Por otra parte, el
nuevo marco legal que se pretende aprobar por el Gobierno de Canarias debe dar
alternativa al futuro. Mientras tanto, debemos buscar una nueva moratoria para
todo lo que sea legalizable en el nuevo marco legal en una lectura menos rígida
hacia las actividades en suelo rústico, sobre todo priorizando viviendas y
otras instalaciones relacionadas con el agro, en el que el principal valor es
que se cultive y que sus moradores sean reconocidos con los mismos derechos y
obligaciones que los urbanitas. Por ello, leyes y protección ambiental sí, pero
acorde con las personas. En este marco las leyes han de proteger por igual los
Tengamos un marco
legal que facilite la actividad agroganadera en el suelo cultivable y que sólo
potencie recursos para actividades agroforestales en las laderas y malpaíses con problemas erosivos y desertización. En todo
caso, hagamos una lectura sosegada de lo que ocurre en el territorio, tendamos
puentes para los que cultivan la tierra o aspiran a la vuelta al medio rural.
El actual sistema de sanciones, no sólo en muchos casos se aleja de la justicia
con multas de precios de la época de las vacas gordas de miles de euros,
demoliciones y un largo etcétera de difícil realización en los tiempos que
corren, sino que arruina o deja por el camino a numerosas familias que
necesitan el medio rural.
Claro que hemos de
frenar los procesos urbanizadores en el medio rural, alejando la construcción
de residencias tipo Falcon Crest,
en el paisaje agrario, pero sólo en esos casos y no para los que hacen surcos
en el medio rural. Lo que pedimos no es una moratoria más para urbanizar suelo
rústico sino sólo para lo que cultivan o para los que se hallan en una
situación muy desfavorecida. Y las multas no pueden ser únicamente la relación
entre los metros construidos y los costes posibles de la obra sin una lectura
del entorno y de la situación social de las personas relacionadas con las
mismas. No puede ser delito vivir en la finca donde cultivas y tienes las
gallinas y el cochino, como tampoco lo pueden ser el construir un cuarto de
baño dentro de un cuarto de aperos en una finca cultivada.