Luis Roldán
Luis Ortega
A bombo y platillo, se anunció la
comparecencia televisiva del preso más famoso de España. condenado
a treinta y un años de cárcel por malversación de fondos públicos, cohecho,
fraude fiscal y estafa; y para rentabilizar el pago de cincuenta mil euros se
programó en la hora reina de la casquería, la noche del viernes, cuando
nutridos de callos y vísceras, los espectadores entran en el sabroso fin de
semana. Administraron la primicia la pertinaz María
Teresa Campos, que, batida en retirada, busca nuevas cuotas de popularidad, y
cuatro periodistas de diverso pelaje y similar estilo que, para gozo de
parroquias, presentes y virtuales, pusieron al invitado a caer de un burro,
mientras los mensajes se repartieron entre insultos al reo, consignas
partidarias, declaraciones y reconciliaciones amorosas.
Precedida de un documental, que relató el
escándalo y el epílogo del último gobierno socialista de González, ni
Como era previsible ni tiró de la manta,
su amenaza en todas las declaraciones tras el escándalo, ni dijo nada nuevo. El
destino del suculento botín sigue en un limbo compartido con Francisco Paesa
-otro pájaro de cuidado- a la espera de cumplir los dos años de régimen abierto
que le quedan; expresó el tal Roldán, un ladrón convicto y procaz, que su
aparición obedecía a su deseo de pedir perdón a la ciudadanía y a la
institución a la que estafó. De la farsa, consentida y bien pagada, apenas
queda la reacción positiva de