Malos augurios para el empleo

 

Justo Fernández Rodríguez

 

Dirigentes del Partido Popular, como Rajoy, De Cospedal, Aguirre, Sáenz de Santamaría, Arenas, Montoro, Camps, González Pons, etcétera, con perversa reiteración, continúan insistiendo en que el culpable de la crisis financiero-económica que asola el mundo es Rodríguez Zapatero, aunque algunos, ante la magnitud de la estupidez, reculan para centrar las culpas de ZP en la crisis económica interna y las mentiras utilizadas para negarla, lo que, en boca de los personajes que nos engañaron en los casos del Prestige, el Yak-42, las armas de destrucción masiva o el atentado del 11-M, resulta de un cinismo infame.


En los últimos días, en Estados Unidos los especialistas, acusan a Bush de oponerse a actuar contra las hipotecas subprime durante los años previos a la caída de la economía, desoyendo la información oficial que advertía sobre la inminencia de la crisis. "Esperen consecuencias, esperen ejecuciones hipotecarias, esperen historias de horror", advertía la vendedora de hipotecas californiana Paris Welch, a las autoridades estadounidenses en enero de 2006. Cuando se adoptaron medidas, a finales de 2006, la crisis económica se había puesto en marcha.


Bush y su gobierno, desde su lógica neoliberal, confiaban en las fuerzas del mercado, restando importancia a la intervención del Gobierno en la economía, presionados por alguno de los mismos bancos que ahora están en crisis. Ahora, en su camino hacia el obligado abandono de la presidencia, nos hemos enterado de que EE.UU. lleva un año en recesión, según un panel de economistas encargado, oficialmente, de estudiar los ciclos económicos. Por ello, Bush, aparte de las mentiras de las "armas de destrucción masiva", se ha sentido obligado a manifestar su pesar por una crisis que no solo ha recortado los empleos y reducido los fondos para el retiro de millones de trabajadores estadounidenses, sino que se ha extendido por la injusta globalización de economía, con gravísimas consecuencias económicas y sociales a todo el mundo.


En la Unión Europea, la crisis ha afectado al sistema financiero y a los sectores de mayor acumulación de empleo. En España, con un sistema financiero más sano, la crisis parece haberse asentado en la mayoría de los sectores productivos, especialmente en el de la construcción, con un modelo implantado por los gobiernos aznaristas, de desarrollo salvaje e incontrolado, caracterizado por la especulación urbanística, la destrucción masiva del suelo rústico y el deterioro irrecuperable del medio ambiente, cuyas consecuencias negativas han venido pronosticando muchos especialistas nacionales e internacionales, sin que se hiciera nada por enmendar tal situación.


Cuando rozamos los tres millones de desempleados, las distintas organizaciones patronales exigen al Gobierno, para salir de la crisis, la única medicina que conocen, apoyada por el Partido Popular, mayores facilidades para la explotación de los trabajadores y pensionistas: adecuar los salarios a la productividad, con cláusula de descuelgue empresarial; mayor control del absentismo; revisión del modelo de financiación de la Seguridad Social y abaratamiento del despido. ¿Y los sindicatos, qué dicen?


La Organización Internacional del Trabajo (OIT) me ha enviado un informe en el que se pronostican momentos difíciles para 1.500 millones de asalariados del mundo. Según el director general de la OIT, Juan Somalia, "el crecimiento económico lento o negativo, junto con los precios muy inestables de los alimentos y la energía, erosionarán el salario real de muchos trabajadores, en particular de los hogares pobres y de bajos ingresos. Las clases medias también se verán gravemente afectadas".


El estudio de la OIT, tras considerar las más recientes estimaciones del FMI, estima que los salarios reales crecerán un máximo del 1,1% en 2009, seis décimas menos que en 2008, aunque es previsible que los salarios disminuyan en un vasto número de países, incluyendo las economías más desarrolladas. Esta perspectiva desalentadora se presenta después de una década en la que los salarios no lograron progresar al mismo paso que el crecimiento económico.


Entre 1995 y 2007, cada 1% adicional del crecimiento anual del Producto Interior Bruto (PIB) sólo genero un aumento del 0,75 %, en el crecimiento anual de los salarios. En casi las tres cuartas partes de los países del mundo disminuyó el porcentaje del trabajo en el PIB. Hubo grandes diferencias regionales. El crecimiento de los salarios reales fue de cerca del 1% o menos, al año, en la mayoría de los países industrializados y en América Latina, pero alcanzó el 10% o más en China, Rusia y un número de otros países en transición.


Desde 1995, la desigualdad entre los salarios más altos y los más bajos ha aumentado en más de dos tercios de los países analizados, alcanzando, con frecuencia, niveles socialmente insostenibles. Alemania, EE.UU., Argentina, China, Tailandia y Polonia están entre los países en los que la brecha entre los salarios más altos y los más bajos creció con mayor rapidez. Algunos países, como España, Francia, Brasil e Indonesia, lograron reducir la desigualdad salarial, aunque las diferencias se mantienen en niveles altos.


La diferencia de remuneración de las mujeres, con respecto a los hombres, continúa siendo inadmisible y se reduce con demasiada lentitud. Aunque casi el 80% de los países de los que se dispone datos han registrado un aumento del coeficiente promedio de salarios femeninos y masculinos, la magnitud del progreso es pequeña. En la mayoría de los países los salarios de las mujeres representan en promedio entre el setenta y el noventa por ciento de los salarios de los hombres, pero no es difícil encontrar coeficientes más desfavorables, especialmente en Asia.


La OIT exhorta a los gobiernos a manifestar un sólido compromiso para proteger el poder adquisitivo de los asalariados y, por lo tanto, estimular el consumo interno. En primer lugar, los interlocutores sociales deberían luchar para evitar una reducción futura de la parte del PIB destinada a salarios con respecto a la proporción asignada a beneficios. En segundo lugar, los salarios mínimos deberían proteger de manera eficaz a los trabajadores más vulnerables. En tercer lugar, los salarios mínimos y la negociación salarial deberían ser complementados con la intervención pública, a través de medidas de apoyo a los ingresos.


Los sindicatos deberán aumentar el número de trabajadores protegidos por la cobertura de la negociación colectiva, la percepción del salario mínimo y la protección social por desempleo, enfermedad o jubilación. ¿Tendrán voluntad real de luchar para conseguirlo?