EL
MILAGRO DE LOS LIBROS Y LOS PECES
Emilio J. Armas *
Cada final de
verano, al síndrome postvacacional, se une la
inevitable sangría de la vuelta al “cole”. Por
desgracia, la particular coyuntura económica que estamos padeciendo este año,
hace que este inicio de curso esté siendo aún más gravoso, si cabe, para las
familias. Y ello a pesar de que, hace ya más de un año, tanto el gobierno
central como el autonómico nos hayan prometido la gratuidad de los libros de
texto. Medida ésta que ha decepcionado enormemente a padres y madres.
La primera
decepción que los padres y madres han sufrido ha sido el hecho de que esta
gratuidad no incluya al resto de material escolar: cuadernos, libretas,
diccionarios, compases, mochila, chándal, zapatillas de deporte y un largo etcétera
de costosísimo aparejo.
La segunda
decepción que sufren los padres es que, la aludida gratuidad de los libros de
texto, no beneficiará a todas las etapas educativas, sólo a la educación
obligatoria. Como si la postobligatoria: Bachillerato, Formación
Profesional, Escuelas de Arte o de
Idiomas, etc., fuera menos importante, más barata o concerniera al gobierno de
otro país -como Finlandia, frente al que tan mal parados salimos en el informe
PISA, pero del que nadie parece tomar nota de lo que significa la expresión
“enseñanza gratuita”- Además, los que sí tienen derecho a dicha gratuidad, no
lo van a poder ejercer de manera inmediata, sino que, tendrán que someterse a
un calendario de aplicación progresiva que empezó el curso pasado con primero
de E.S.O. y que continua este año con segundo. Por lo
que es posible que algunos alumnos hayan concluido la etapa obligatoria para
cuando termine de aplicarse la medida. Quedando, por tanto, privados de este
derecho.
La tercera
decepción estriba en que la supuesta gratuidad de los libros de texto ya no es
tal, pues ha quedado reducida a una ayuda de ciento y algunos euros por alumno,
cuantía a todas luces insignificante si tenemos en cuenta el precio actual de
los libros.
Pero están
muy equivocados si creen ustedes que con estas tres decepciones ya están
servidos. En efecto, nuestro gobierno autónomo, en su afán por dar mayor
aliciente a la, de por sí, entretenida tarea de comprar libros de texto y
material escolar, ha diseñado un nuevo método para disponer de la ayuda
aludida.
El curso
pasado, cada padre podía comprar los libros que estimara de entre los
recomendados por el centro educativo -siempre dentro del límite del importe de
la ayuda- posteriormente, con la factura de compra y con los libros adquiridos,
debía acudir al centro para que éste inventariara los libros que, a partir de
ese momento, quedaban en depósito con el compromiso de devolución por parte de
los padres. En muchos casos, los padres optaron por que fuese el propio centro
quien gestionase la compra directamente a las editoriales, lo que supuso un
importante ahorro que permitió que cada alumno pudiese disfrutar de, al menos,
un libro gratis más que no tuvo que ser comprado con cargo al presupuesto
familiar.
Pero este año,
el gobierno, con el argumento de no perjudicar los intereses de los libreros,
ha establecido un complejo sistema de tarjeta de crédito, que lleva meses para
ser expedida por una entidad bancaria colaboradora. Los padres deberán acudir,
tarjeta en mano, a alguno de los comercios que han firmado un acuerdo con el
gobierno autónomo para comprar allí los libros.
Lo primero
que nos llama la atención es el hecho de que se argumente que el interés de
ciertos negocios, por muy legítimos que sean, esté por encima del derecho a una
educación gratuita. Pero no menos sorprendente es que el ejercicio del referido
derecho se restrinja a ciertos establecimientos, lo que pone en tela de juicio el
propio argumento esgrimido por el gobierno para justificar el cambio de procedimiento.
Lo verdaderamente
lamentable es que, sea cual sea el ánimo que haya impulsado este cambio de
sistema, los perjudicados van a ser, naturalmente, los padres que no podrán
beneficiarse de mejores precios al imponérseles la obligación de comprar en
ciertos establecimientos y que, además, perderán el saldo que quede en su
tarjeta y que no alcance para comprar un libro completo.
Pero lo que,
a todas luces, resulta vergonzoso es que, casi dos meses después del inicio de
curso, los alumnos de 2º de E.S.O. no han recibido
aún las tarjetas de marras. Lo que significa que, o los padres han tenido que
rascarse ya los bolsillos con la esperanza de que algún día recuperarán parte
de ese dinero o, por el contrario, miles de estudiantes están todavía sin libros
de texto. Y a esto lo llaman calidad.
En
definitiva, ni la enseñanza es gratuita, ni el material escolar, ni tampoco los
libros de texto. Y, por si fuera poco, la ayuda de este año llega más tarde y
va a dar para menos que la del año anterior.
Visto lo visto,
los padres tendrán que recurrir, un año más, al milagro de multiplicar los
libros igual que los panes y los peces.
* Padre de alumna de 2º de E.S.O.
y Delegado de