Moros de la morería

 

 

Monty

 

 

Anda bastante revolucionada la progresía aspirante a la gobernabilidad de las Islas con las recientes declaraciones de Isaac Valencia, hasta el punto de que el portavoz de la oposición lagunera, sin contar con Dios, pretende tomar la identidad del patriarca Abraham y lanzarlo a la pira, previa cuchillada dialéctica en la yugular para que calle para siempre, no vaya a ser que el próximo encuentro canario-marroquí se soliviante antes de empezar a contar cuántos de nuestros empresarios van a participar en la jauja de montar sus empresas en el Magreb a precio de saldo; habida cuenta los bajos salarios y la poca protección laboral de sus súbditos en comparación con las leyes establecidas en nuestro país. Sobre todo ahora que las cuentas no le salen bien al señor del talante, ni a los que nos han gobernado tantos años a nivel regional y no han sabido tampoco racionalizar el ingreso y el gasto públicos.

 

Sin embargo, y pese a esa supuesta ola "pesoística" de indignación general por emplear el edil orotavense la palabra moro, que al parecer los lerdos consideran como insulto y está contemplada en la Historia y en el DRAE con acepciones como "palabra de origen fenicio, término dado a los habitantes de África septentrional, o del latino "maurus" como habitante de la antigua provincia romana de Mauritania", etc.; de lo que no se percataron las avezadas plumas de la vanguardia progre es de que Isaac añadió un nombre propio que su subconsciente asoció como sinónimo de barbarie. Escuchen, pues, sus declaraciones y verán que cita claramente al "moro Mizzián", que fue ni más ni menos que Mohamed Ben Mizzián, el sanguinario hijo del caíd de Pert, que estudió en Melilla y, tras un afortunado encuentro con el rey Alfonso XIII en una visita de éste a la ciudad, consiguió ser tutelado y aceptado años después para ingresar en la Academia de Infantería, tras una modificación de la normativa para aceptar musulmanes en ella. De su fulgurante carrera militar, la historia cita la oportunidad que supuso para su progresión la lamentable Guerra Civil española y su amistad con Franco desde 1921 en la batalla de Annual. Concluida la contienda, el dictador lo nombró comandante general de Ceuta y posteriormente, ya ascendido a teniente general, fue capitán general de Galicia y finalmente de Canarias, hasta antes de estallar la guerra de Ifni-Sahara.

 

De su trayectoria militar, se narra el hecho de que las tropas regulares a su mando mataron sin contemplación a más de doscientos heridos republicanos en el hospital de San Juan Bautista, en Toledo, y a todo el cuerpo médico-asistencial; también el corresponsal norteamericano John Whitaker narraba cómo había detenido a dos jovencitas en Navalcarnero, una de ellas con carné de sindicalista, y después de interrogarlas las trasladó a una antigua escuela en donde descansaban unos cuarenta moros de sus tropas, que gritaron alborozadamente al recibir el inesperado "regalo". Ante las quejas del periodista para que detuviera la barbarie, respondió Mizzián sonriente. "No importa, no vivirán más de cuatro horas". Posteriormente renunció a su rango militar en España y se puso a las órdenes del rey Mohamed V al conseguir éste la independencia de Marruecos. Ya al frente de su ejército, participó con el entonces príncipe Hassán en la brutal represión de sus congéneres del Rif, a los que llegó a bombardear con "napalm" para sojuzgarlos. De este modo alcanzó el grado de mariscal. Años después volvería a España en calidad de embajador y allí permaneció, para alegría de Franco, hasta su muerte en un hospital madrileño en 1975. Curiosamente y a pesar de su renuncia, éste le mantuvo el sueldo como militar en la reserva.

 

Volviendo de nuevo a la expresión de Isaac Valencia, tachada por los interesados iletrados funcionales de xenófobas, no tiene más significado que la persistente dejación que el gobierno de Zapatero hace de la protección de las costas y aeropuertos de Canarias, ya que, ante la avalancha inmigratoria, muestra nulo interés por paliarla con medios coercitivos y políticos. Por mucho que se traten de disfrazar, porque es políticamente correcto, las apetencias marroquíes de expansión para crear el gran Magreb no se paran con tener ya masacrado o desterrado al resto del pueblo saharaui en el desierto argelino; Canarias está muy cerca y es un bocado apetecido que colmaría su ambición absolutista. Y si a esto añadimos los intereses petroleros, porque aún no se han buscado fórmulas para trazar las aguas territoriales, y lo que supone ser la encrucijada comercial abierta a tres continentes, nada impide que yo mismo, como el alcalde de La Orotava, exprese mis razonables temores ante un futuro giro de las relaciones políticas con el gendarme de los yanquis frente al integrismo musulmán. Descendiente del que perpetró aquella ignominiosa Marcha Verde, cuyo resultado descolonizador mejor no acordarnos por vergüenza ajena.

 

Se me olvidaba narrar un hecho que prueba el patente choque cultural entre dos países, que en tiempos de la dictadura fue silenciado debidamente. Una de las seis hijas del general Mizzián se enamoró de un comandante español, sobrino del entonces ministro de Exteriores, Alberto Martín Artajo. Al casarse con él contraviniendo la voluntad del padre, fue tiempo después invitada a Tetuán para una supuesta reconciliación. Nada más llegar, el marido fue separado de su mujer y retornado a España, mientras que la esposa fue obligada a casarse con un comerciante de Tánger con quien su padre había apalabrado el compromiso.

 

También se me ha olvidado, por si hay alguna duda, que la expresión latina "maurus" tiene otra acepción: "maúro", que es como nuestros vecinos canariones denominan al mago en su isla tercera. De modo que, progres y también falsos nacionalistas, tasquen las riendas a sus corceles oportunistas y déjense de faramallas, que los jueces, a Dios gracia, están para ejercer la Justicia y no para llevar a trámite supuestas querellas por desconocimiento intelectual. Ocúpense más del paro y las famosas listas de espera, y déjennos en paz para decir lo que pensamos sin pretender agraviar a nadie. Sólo a defender el derecho de ser libres y dueños de nuestra tierra.

 

jcvmonteverde@hotmail.com

 

Reproducido de el periódico El Día, 4-12-2008