Un nuevo modelo sostenible para Canarias

 

Pablo Paz *

 

Canarias necesita urgentemente reconsiderar el modelo territorial vigente. Dicho modelo adolece, aunque nos quieran vender lo contrario, del hecho de no tener como objetivo claro, un necesario e imprescindible desarrollo sostenible; y ello debe ser así porque nuestro territorio tiene unas determinadas y muy peculiares características de fragilidad territorial, escasos recursos naturales y medioambientales que lo hacen especialmente únicos. Lo ideal, por tanto, debería ser el conseguir dicho objetivo cuanto antes; no en vano, el desarrollo sostenible debe ser aquel que satisfaga las necesidades de las generaciones presentes -como la alimentación, la vivienda, el trabajo etc.-, pero sin comprometer las posibilidades de las generaciones futuras que tendrán que atender, a su vez, a sus propias necesidades de bienestar y desarrollo.

 

El ámbito de actuación de dicho desarrollo habrá de ser, necesariamente, aquel que se desenvuelva en los planos económicos, sociales y, por supuesto, ambientales. Solo cabe limitar el desarrollo y, por consiguiente, el bienestar social que éste pueda proporcionar atendiendo al nivel tecnológico, a la capacidad de absorción del medio ambiente y a los recursos que la naturaleza nos proporcione en cada momento; en el sentido de que seamos capaces de devolver al medio ambiente que nos rodea la capacidad que éste tiene para recuperarse y encontrar su propio equilibrio; al menos, al mismo ritmo que el hombre es capaz de esquilmarlo en un irresponsable desafecto.

 

Nuestras Islas poseen un ecosistema de origen volcánico que acoge probablemente los paisajes más hermosos que existan, pero también los más frágiles que pueda ofrecer la naturaleza. Estamos inmersos en un océano que nos brinda una insularidad estratégica, que nos protege en cierto modo con un clima subtropical como rasgos naturales y privativos, y que nos ha proporcionado, a través de los tiempos, el poder disfrutar de un paisaje singular, y de una vegetación de unas características muy acusadas. Por todo ello, es fundamental la defensa de un territorio no sólo frágil, sino también vulnerable y, por consiguiente, no podemos permitir la saturación de su espacio hasta convertir lo que sería un "natural desarrollo" en un puro y lucrativo "desarrollismo" que termine rompiendo la armonía y el equilibrio entre el progreso económico y los recursos naturales de nuestras Islas.

 

No debemos olvidar que, en todo caso, el desarrollo sostenible tiene como objetivo final mejorar las condiciones de vida de los canarios; incluidas las generaciones futuras, pero siempre dentro de un marco donde prime el respeto ético por las políticas que lleven a cabo un cambio profundo en el modelo de desarrollo y, por consiguiente, en la forma de vida de nuestro pueblo.

 

Debemos aprender de lo que hemos venido haciendo mal. No podemos seguir en la tónica de permitir un crecimiento exponencial del turismo que suponga o implique, a la larga, un riesgo de consecuencias irreversibles para la preservación de nuestros ecosistemas que puede, a su vez, ser letal para el mantenimiento del equilibrio básico de nuestras Islas Canarias; que ya incluso amenaza con el desbordamiento de la capacidad de carga de nuestro propio modelo territorial vigente. Y en esto no caben atajos, ni engaños; y, aún menos, la defensa espuria de los intereses particulares de unos pocos.

 

Hemos, pues, de actuar a través de políticas que se basen en estrictos criterios de sostenibilidad; políticas que nos puedan conducir a respetar en lo posible nuestro patrimonio, no sólo cultural, sino también medioambiental; así como disponer de los instrumentos necesarios que nos faciliten el planteamiento territorial para poder gestionar, mejor si cabe, nuestros recursos. Dicho planteamiento ha de pasar necesariamente por dejar claro que hemos de cambiar el signo de los flujos turísticos para, en lo posible, fidelizar una clientela de mayor poder adquisitivo y que, aparte de sol y playa, encuentre otras ofertas que den valor añadido a la imagen de marca de nuestras islas. Esto, sin olvidarnos de seguir apostando por nuestra ganadería y por nuestra agricultura; por nuestras industrias punteras para que, en conjunto, podamos cambiar la pesada carga de la dependencia exterior que padecemos; ya que, en la actualidad, de cada diez alimentos que comemos, ocho de ellos proceden del exterior. Si intentamos combatir dicha dependencia, al menos, podremos intentar ser protagonistas de nuestra propia historia; ya está bien de que sean otros los que nos escriban el guión y, encima, nos digan cómo hemos de interpretar el papel.

 

Necesitamos una nueva política económica que no esté basada exclusivamente en el turismo; hemos de diversificar nuestros riesgos evitando por todos los medios "poner todos los huevos en una misma cesta"; y, a la vez, necesitamos urgentemente un nuevo modelo turístico que apueste por una oferta de calidad, que sea competitiva, profesional, segura, que respete la capacidad de carga de las zonas protegidas, tanto naturales como culturales; en una palabra, un nuevo modelo sostenible, con condiciones limitadas como único instrumento de hacer frente al futuro; un futuro que, por otra parte, ya está ahí.

 

macost33@hotmail.com

 

 * Reproducido de El Día