Obama, gestor de la decadencia

 

Juan Jesús Ayala

 

Ante lo que se le avecina al nuevo presidente de Estados Unidos, Obama, es considerado por muchos que vaya a ser el gestor de la decadencia. Opinión que subscribo, dado que la crisis económica será determinante para que algunas de sus propuestas y proclamas electorales se queden a medio camino y sean flor de un día.

Dentro de sus objetivos, en los que destaca la idea de concordia universal y de colaboración con los pueblos del mundo y a pesar de la buena acogida que ha obtenido por parte de los países afro-asiáticos, queda en el aire la incógnita de qué hacer con Cuba, Venezuela y Bolivia, no muy proclives a un posible entendimiento con la administración norteamericana. El populismo desarrollado en estos países, por lo que se ve, no tendrá intenciones de cambiar drásticamente de rumbo.

Y luego qué acontecerá con la propuesta que ha hecho de dar cobertura universal a la enfermedad para acoger a más de 40 millones de indigentes; y además qué hacer para evitar el naufragio de los tres grandes fabricantes de vehículos, General Motors, Chrysles y Ford, así como si es capaz, y a tiempo, de impulsar el desarrollo de nuevas tecnologías para apoyar su competitividad y no depender del petróleo, que va camino de su extinción.

Sin embargo, donde tiene una gran papeleta, y de difícil solución, es en el Oriente Próximo, puesto que si se retiran las tropas de Irak, que aunque lo haya prometido hay que ponerlo en entredicho, al que habrá de considerar como vencedor de la guerra será a Irán. ¿Y, por qué? Simplemente porque los aliados de Irán son los chiítas que quedarán con el Gobierno de Bagdad. Por otro lado, se sabe que Arabia Saudita es un aliado importante de EEUU al que se le será muy difícil aceptar esta nueva situación dado el expansionismo del que hace gala Irán. ¿Y qué hay con Israel? Israel, que en realidad es el gendarme y representante de EEUU en la zona, en una de las zonas mas calientes del planeta. ¿Podrá soportar la hegemonía de Irán, que ha amenazado con borrarlo del mapa de la Tierra?

La cuestión es altamente complicada y el dilema es si Obama podrá salirse o no con la suya, con su propuesta, si tanto Irak como Arabia Saudita se oponen con toda la crudeza a que la situación cambie no admitiendo cambio de liderazgo en la zona.

Obama, desde la Casa Blanca, como desde el Capitolio, edificios emblemáticos y símbolos del poderío norteamericano, y que, dicho sea de paso, fueron construidos por esclavos negros, comprobará lo complicado que es la estrategia mundial cuando desde otro edificio también emblemático como es el Pentágono se piensa diferente y con más capacidad de decisión.

El mundo se mueve a una velocidad de vértigo, que hace que los acontecimientos sean imprevisibles como imprevisible fue la revolución americana que abolió la esclavitud, pero que no fue capaz de abolir la pena de muerte, la que sigue en un país que se erige en defensor de los derechos humanos y que hoy, a pesar de Obama, continuará moviéndose en el espacio de la incertidumbre y sometido a diversos poderes que dificultarán no ya ser gestor del éxito, sino, más difícil aún, gestor de la decadencia.