La pausa del petróleo
Juan Jesús Bermúdez
El impresionante ciclo alcista del precio del crudo,
que comenzó en el año 2003, está culminando con un también abismal
desplome histórico de éste en las postrimerías del año 2008. La palpable
consecuencia de la escalada ha sido la entrada de la economía mundial en una
recesión de caballo, razón última a su vez del comportamiento de colapso
posterior del precio del petróleo, y todo ello poniendo en la picota al
mismo modelo de crecimiento exponencial (acelerado) que nos trajo estos ritmos
de consumo y producción que no se pueden mantener por mucho tiempo. Así, tiene
el Mundo desarrollado hoy millones de coches que no encuentran comprador, y
también millones de viviendas vacías, porque se generó un mercado financiero
suicida que llevó sus excesos de creación de deuda a los inmuebles, como otrora
lo hiciera con otros bienes.
Hay quien circunscribe la actual parálisis y
decrecimiento económico a la consecuencia de los juegos contables de algunas
irresponsables entidades financieras, olvidando que conditio
sine qua non para la existencia de esa dinámica de generación de crédito,
es que tengamos la movilización de energía y materiales suficiente que soporte
los crecimientos y las altas tasas de retorno de las inversiones especulativas,
con los que pagar los intereses de lo prestado.
El alivio que está sufriendo la carrera frenética
hacia el abismo del consumo, vía depresión económica, genera preocupación
amplia, por sus importantes repercusiones sobre la subsistencia de millones de
personas. Resulta que la “pausa petrolera” se convierte, en el actual modelo,
en una condena trampa para los que trabajan en muchos sectores económicos,
poniendo en juego el sustento de los eslabones más vulnerables.
Se está planificando, al tiempo que ahondamos en la
depresión económica, un “reflotamiento” económico que implicaría, básicamente,
recuperar la senda del crecimiento, algo que, como se ha comprobado
empíricamente, precisa más energía y materiales. He ahí el principal dilema y
problema que vamos a enfrentar, de forma recurrente, en el próximo periodo.
Cuando se quiera recuperar ese camino, vendrán de nuevo los límites – sobre
todo los energéticos– a recordarnos que hemos
consumido el petróleo fácil, y que el mismo crecimiento económico basado en su
precio de saldo no podrá repetirse. Así nos lo ha transmitido la misma Agencia
Internacional de
Como dijera Albert Einstein, las ideas que crearon los
problemas no pueden ayudarnos a salir de ellos. El recetario necesita ser
replanteado, para decrecer de la forma menos traumática posible, previo
reconocimiento de que el enfermo tiene un diagnóstico claro: empacho de
crecimiento voraz, angustia al darse de bruces con los límites del plato, y
comienzo de pánico al no saber qué hacer con tanto incómodo comensal que
también quiere participar del resto del pastel de lo que nos queda en la mesa
común, la diezmada Tierra.