ARTEASUDEM IBARADEN
HACIA UNA POÉTICA DE
Por Liberto
La poesía,
todavía hoy, en el siglo XXI, sigue siendo una de las
artes, una de las formas de expresión de las personas que más nos sugiere o
insinúa, que más nos susurra o nos habla de nuestras más hermosas o terribles
interioridades, pero también de la vida colectiva, de sus frustraciones y contradicciones,
de sus injusticias y miedos, de la rabia contenida, de la ira el odio y la
impotencia del sufrimiento, del dolor, de la más infinita tristeza, de la
insondable verdad, de certezas y visiones, de sueños truncados y de esperanzas
vivas...
La poesía, la
poesía que nos mueve y conmueve es esa que desnuda y nos desnuda ante uno y
ante la vida; esa poesía que es cruel, terrible, despreciable, o tierna, querible, adorable, infinitamente encantadora, brutalmente
aborrecible y despiadada.
Y uno no puede
más que rebelarse con todas las armas que tiene a su alcance y desvelar la
verdad que se esconde tras la aparente normalidad de lo cotidiano, debajo de
las máscaras de los energúmenos ilustrados, al lado de las sonrisas
aparentemente felices e idiotas de los cortesanos de turno, de los esbirros
encorbatados con olor a "debe y haber", de las negras sotanas de los
oscuros sueños, de los sables envenenados con uranio enriquecido y fosfato
blanco.
Entonces verás
ya claro y nada podrá ser igual. Entonces nada debería ser igual. Nada.
Pero sí que
podrás ver que la poesía también nos habla de su querencia solidaria, de
nuestra más infinita inquietud, fijas las pupilas -y esa otra mirada- en las
estrelladas luces de los rompientes Atlánticos, en el cielo circular que abarca
todos los firmes anhelos, en la costa desierta de todas las derrotas, todo un
mundo interior de querencias y olvidos que nos convoca de nuevo, sorprendidos,
desenfadados, pero nunca derrumbados -sí con un contento comedido,
necesariamente alegre- por el hasta ahora truncado sueño libertario, al
siempre vencido anhelo solidario, al siempre ultrajado afán dignificador,
donde, más que nos pese, seguirán prevaleciendo las penas y los olvidos, pero
también, y quizás sea esto lo más relevante, estamos absolutamente convencidøs de que “aunque no haya motivos para la
esperanza, siempre tendremos razones para la dignidad”.
No sé a ustedes,
pero yo con tan sólo leer “Todos los días, salvo los de fiesta,/
mecanografío la tristeza/ de mi voz diariamente asesinada”, escrito por el
ya desaparecido poeta canario Agustín Millares Sall;
o los versos del majorero Domingo Velásquez “Apenas si nacidos/ nos arrancan
de cuajo la alegría,/y nos vendan los ojos/ -o nos pintan en ellos los caminos
del llanto-/ y nos echan a andar por esta muerte,/ con un rol de gabelas bajo
el brazo/ y luego no hay modo de entenderse”; o los Pedro Lezcano, cuando nos advertía -con rabia, con asco,
pero con la firme convicción de los que no cejarían en su lucha, en su denuncia
de las injusticias y los abusos de poder- en uno de sus más recitados,
musicados, interpretados y conocidos poemas que “van a venir de afuera/
técnicos de alambrar los horizontes,/ de encadenar la arena,/ de hacer nidos de
muerte en nuestras finca,/ de emponzoñar el aire y la marea,/ de cambiar
nuestros timples por tambores,/ las isas por
arengas,/ las palabras de amor por ultimatums,/las
tumbas por acequias.../Si se instalan los técnicos del odio / sobre nuestras
laderas,/ los niños africanos, desvelados/ bajo la lona de sus tiendas,/
mirarán con horror las siete islas/ no como siete estrellas/ sino como las
siete plagas bíblicas,/ las siete calaveras/ desde donde su muerte y nuestra
muerte/ indefectiblemente se proyectan...¡que cojan ellos la maleta!.../Los
invasores de la paz canaria.../Los que venden la tierra que no es suya..../ Los
que ponen la muerte en el futuro..../ ¡que cojan ellos la maleta!...”
Aunque para
ponernos frente al espejo más cruel, infame, atroz, oscuramente pesimista –y
muchas veces el más acertado y cercano en dibujar la auténtica, la profunda
naturaleza humana- sea quizás el poeta Justo Jorge Padrón y su poema Y SI
DIOS SE CANSARA DE NOSOTROS “... nos
encerrarían en reducidos recintos/ Y en sórdidos trabajos/ que nos irían
reduciendo a sombra/ y ruina la vida./ Para que no pudiéramos amar/
Pues lo que
decía, que con tan sólo leer estos pocos versos sueltos de tan sólo cuatro
poetas canarios nos desvelan qué delgada es la línea que separa
Y pasaron los
años y terminaron casándose también con don Manuel/ sólo tienen una niña
llamada Isabel/ como mi abuela materna/ cariño mañana vamos a ver la segunda
parte de Harry Poter ¿no?/ todavía no he terminado de
leerme el libro/ Pues podríamos ir a ver una película canaria/ ¿canaria?/ sí,
me la recomendó el jipi de Bencomo/ dice que es una
adaptación libre de una novela de un escritor canario/ ¿y tú lo conoces?/ Me
suena de algo, pero ahora no caigo/ creo que la novela se llama “Dejaron el
muerto”...o algo así/ ¿y cómo se llama el escritor?/ un tal Víctor Ramírez que
es también profesor en Lomo Blanco/ Me suena de leer algún artículo suyo en
Internet/ Ah, ya decía yo que me sonaba de algo/ sí, a veces he visto su nombre
en la web http://www.elguanche.net /creo que es
independentista radical por algunos artículos que recuerdo ahora/ además he
oído que esa página es de
Y a pesar de
todo -o quizá por ello mismo- “Nadie nunca sabrá de la herida que llevo
porque a todøs daré mi sonrisa más sana”.
Y lo que sucede
cuando abres los ojos y optas consciente, libre, decididamente parcial, a INTENTAR
comprender esas actitudes por las que se deciden la gran mayoría de los seres
humanos, y que indudablemente también tú participas de ellas aunque te
esfuerces cada momento, cada instante, cada día, al menos ha neutralizar esos
nefastos sentimientos, sensaciones, actitudes, ideas, comportamientos,
creencias....y más que nada porque, entre otras cosas, me gusta
vivir, “...porque me gusta la andanza y la aventura/ y viajar en tercera en
trenes cansinos;/ otear las llanuras ondulantes/ y saturar mi pecho de
palpitantes brisas./ (...)Vivo porque me gusta/ descubrir el espíritu de los
pueblos remotos/ y aplaudir su alegría/ y evocar los silencios que guardan
estas gentes/ en sus entrañas hondas.../(...)Y volver. Y entregarme a las
blancas espumas/ y dormir al socaire de las orillas tibias...”
Porque como Polas, “...amaré hasta desangrarme,/
hasta el último suspiro escalofriante y sombrío.../ amaré hasta que el mundo
quede iluminado.../gritando, alborotando, lucharé, combatiré, moriré amándote
siempre Libertad”.
Artevirgo.