¡Qué
malita está la patria, Secundino!
¡Ay,
Secundino, mi niño, en manos de quien está la patria! El fin de semana
te nombraron en el auditorio Alfredo Kraus, te pusieron en sus teóricos textos,
y no pasaron cuarenta y ocho horas y empezaron a pedir perdón. Ya ves. Tú lo
dijiste, el grito está lanzado, vivan las Canarias libres. Pero esta gente no
termina de soltar el grito cuando sus compañeros de poder se desmarcan de ese
grito y los patriotas reaccionan agachando la cabeza, y aclaran que nunca
pidieron la libertad de la patria, que los estamos interpretando mal. La nueva
flamante presidenta del patriótico partido, Claudina Morales, se fue ¡a
Madrid! para dar una rueda de prensa y tranquilizar a las fieras
nacionalistas... españolas.
Estos patriotas de fin de semana regresan los lunes a
sus despachos para compartir las moquetas con los compañeros de partido de los
que usaron el terrorismo de Estado para intentar asesinar al fundador de la
bandera canaria. El domingo levantan esa bandera y el lunes la esconden y se
dedican a defender a los máximos representantes de los que ellos mismos
llamaron jacobinos. Ayer el patriota canario José Miguel Ruano, el mismo
señor que tiene que guardar nuestra Justicia, dio la cara en el Parlamento por
el líder del españolismo, y decidió absolverlo antes de que los
tribunales terminen de investigar, y volvió a apoyar públicamente a quien
llamó terrorista a la bandera de siete estrellas verdes, y abrigó con un
manto de inocencia al protagonista de feas complicidades con el constructor
extranjero, complicidades selladas en los ríos nórdicos, tú me enseñas a pescar
en tu tierra yo te abro las puertas en la isla para que levantes hoteles y
apartamentos. Ya ves, Secundino, que malita está la nación isleña, con
estos patriotas de fin de semana.
Ya lo escribiste tú Secundino, frente al caciquismo
había que organizar a los obreros para que “al empuje unísono eche a tierra esa
cucaña de politicastros que deshonran la región que nos cobija. Solo ellos nos
cohíben la instrucción, son ellos quienes autorizan el latrocinio, ellos
quienes envían sus esbirros a cometer hechos inquisitoriales con los nuestros,
si osamos rebelarnos”. Qué sorpresas nos da la historia, Secundino, cuánto
presente hay en este texto que escribiste hace un siglo.
Los mismos que el sábado pasado se reunieron hasta la
madrugada diciendo que somos una nación, que debemos defender un territorio
verde, ayer argumentaron a favor de la expulsión de las instituciones de
alguien que quiso defender el verde de la patria. Eso hizo Domingo Berriel ayer mismo, cuando justificó el cese de Faustino
García Márquez en ese Parlamento canario decorado con murales que rinden
homenaje a los conquistadores.
Aquí sigue la patria enferma, Secundino, y la
enfermedad no es esa tuberculosis pulmonar que mató a tus jóvenes hijos Darwin
y Lila y luego te arrancó a ti de este mundo. La enfermedad de la patria es
la codicia de algunos de sus hijos que desde el poder han hecho asuntos
sucios que investigan los tribunales. Las Teresitas, por ejemplo, ya
no es aquella playa donde se bañaban desnudos Gabriel y su amigo, los
protagonistas de tu cuento 'El golfillo canario”, aquel golfillo que se
encontró unas monedas en un zaguán, se las enseñó a su amigo y al
regresar de la playa se encontraron con una muchacha pobre que lloraba porque
había perdido su dinero, y Gabriel le devolvió las monedas.
Hoy el golfillo canario no usa la playa para bañarse
desnudo, sino para multiplicar sus monedas después de engañar a los vecinos más
pobres, en aquella playa de tu cuento los nuevos patriotas montaron un pelotazo
que investigan en Anticorrupción. Qué cosas se han hecho en ese ayuntamiento
donde el Partido Popular Autonomista que tú promoviste logró un concejal en
1901, un municipio que sigue rindiendo homenaje en una céntrica plaza a
Valeriano Weyler, el genocida que te mandó a la
cárcel Modelo de Madrid. Y la plaza principal se llama Plaza de España, y sus
ramblas centrales Francisco Franco. Ya ves, Secundino Delgado, cómo está
la patria y la ciudad que gobiernan los que utilizan tu nombre en vano.