Quijotes
antisoberanistas
Paco
Déniz
Excepto Sartre, todos los colonos del mundo suelen
negar la identidad nacional de los colonizados. Incluso los propios colonizados
acostumbran a horrorizarse de sí mismo y se niegan a la menor ocasión. Pero,
Sartre ya se sabe, su reino era de otro mundo diferente del de
En Canarias no necesitamos una OAS para liquidar la
posibilidad soberanista. A los colonos residentes y
seguidores les basta con dejar hacer a los trillizos para desbaratar dicha
posibilidad. Para los colonos, activistas del difusionismo
etnocéntrico, las singularidades nacionales son copias desvirtuadas y recientes
de lo que sucede en su madre patria, y en su quijotesca tarea de combatir al
enemigo cuentan con dos apoyos principales. En primer lugar, con un ejército de
quijotes mediáticos que destruyen el juego soberanista
en el centro del campo, no crean nada, sólo desbaratan: esa es su función en
las provincias de ultramar. Gramsci lo explicó perfectamente. Y en segundo
lugar, los colonos cuentan con el apoyo de los jefes autóctonos que confunden
las singularidades con su negocio. Por eso, los colonos pueden dormir tranquilos.
El enemigo de los nuevos Quijotes profesionales es el peligro soberanista. Aunque sólo exista en su imaginación, aunque
el demonio nacionalista canario sólo sea fruto de sus desvaríos obsesivos, da
igual, lo verdaderamente importante es tener una misión en la vida. Y si de
paso obtienen los favores del constitucionalismo políticamente correcto, pues
mejor. El asunto es diseñar un enemigo fácil de derrotar para lanzar sus
teclados y voces al unísono. Lo importante es proyectar una imagen del nacionalismo
fácilmente combatible, casi de cómic o de la cartilla de preescolar, un enemigo
a la altura intelectual y política de los nuevos quijotes. Si encima el
supuesto enemigo recula y retira lo dicho, pues mejor, más fácil será la
victoria.
Por si fuera poco, está de moda ser antinacionalista.
Los nuevos Quijotes no tienen nada que perder. Es fácil enfrentarse a enemigos
que sólo existen en la imaginación y que te aplaudan por ello. Ni los
editoriales de El Día, ni la ponencia de CC tienen el menor atisbo de
credibilidad. Sólo hay que ver de qué vil manera CC han negado lo que aprobó en
su reciente congreso. Y es normal que reculen, pues tienen dos problemas: uno,
les queda ancha la ponencia, y dos, muy común en las fuerzas políticas
mayoritarias, no tienen líderes formados con capacidad para pensar, verbalizar,
argumentar y conformar las voluntades políticas de la ciudadanía en torno a
proyectos a medio y a largo plazo. En Canarias sólo hay improvisación y
ansiedad de alternancia. No hay proyectos creíbles. Da vergüenza ajena oír la
escasa capacidad política e intelectual de los portavoces políticos canarios.
No tienen intelectuales ni proyecto, sólo gestores de negocios impopulares y
opositores de conveniencia.
Así las cosas, los aguerridos quijotes que desvarían
con enemigos vencibles lo tienen todo a su favor, no tienen mérito
alguno. No hay contrincante, sólo alucinaciones y ganas de marear la batata.