El rebote del petróleo

Juan Jesús Bermúdez Ferrer

El camino del precio del petróleo a los 50$ ha truncado de forma vertiginosa la tendencia de incremento constante que amenazaba los 200$ hace tan sólo unos meses. La rapidez –volatilidad– es el sino de nuestro tiempo: en un día, el crudo puede oscilar hasta en una decena de dólares, algo insólito hace tan sólo un lustro, y durante la práctica totalidad de la historia del petróleo. Curiosamente, como cuenta Daniel Yerguin en The Prize, en los orígenes de la historia de explotación de este compuesto de hidrocarburos, la incertidumbre sobre la existencia o no de reservas produjo importantes oscilaciones del precio. No hay que olvidar que el crudo se mantuvo durante décadas –salvo en momentos puntuales que seguían, fundamentalmente, a incidentes geopolíticos– en una orquilla de cotización muy estrecha y “tranquila”. Ahora pareciera que alguien se hubiera vuelto loco y estuviera manipulando de forma siniestra los índices del mercado; o que hubiera una confabulación de grandes amasadores de dinero –los siempre recurrentes especuladores– para provocar dolores de cabeza a los planificadores de la economía familiar y mundial.  

Jeff Rubin, del CIBC World Markets canadiense, estima que estamos ante una recesión económica global consecuencia, entre otros factores, del último repunte en el precio del crudo, una recesión que no habríamos visto en décadas por su dimensión, ámbito y previsión de duración. Para él, el petróleo ha condicionado parte importante de las últimas crisis económicas desde 1973, como en la guerra de Irán-Iraq de 1980 o en la invasión a ese último país en los años 90. Ahora, y para siempre, la estrechez entre oferta y demanda habría roto las reglas de tranquilidad que inspiraban el mercado normalmente. Ya esto lo reconoce hasta la Agencia Internacional de la Energía (AIE), que empieza, en su último informe, a hablar de la dependencia tremenda de países productores que no son miembros de la OCDE, cuyos intereses representa y, lo que es más importante, considera que nos adentramos en una situación de acelerada escasez del petróleo convencional conocido (esto es, barato). La citada Agencia habla ya también de declive en los países que no son de la OPEP, lo que pone sobre el tapete, a las claras, el objetivo geoestratégico de los países ricos, auténticos yonquis del crudo como somos, al decir de Pedro Prieto, editor de www.crisisenergetica.org.

Jean Lahèrrere, geólogo cofundador de ASPO, piensa que dependiendo de cómo de profunda sea la recesión hacia la que nos adentramos, así tendremos un declive también de la producción –hay proyectos que con precios “bajos” del petróleo no tiene sentido ponerlos en el mercado, porque cada vez cuesta más energía obtener petróleo en determinados ámbitos: aguas profundas, petróleos pesados, etc. Esa disminución puntual de producción estaría condicionada, más que por factores puramente de agotamiento geológico, por los recortes de producción ante la disminución del consumo, lo que podría incidir en un rebote posterior de la producción en unos años. Para algunos, ese rebote posterior sería señal de “que aquí no pasa nada”, por muchas evidencias que la realidad física esté mostrándonos sobre lo contrario. Claro que, a medio plazo, el rebote de producción, al que seguría el del consumo, se vería de nuevo con los límites, paralizando –como ahora– los crecimientos, en una espiral de permanente choque con el techo de extracción global del petróleo y los líquidos asimilables, lo que pone en un brete nada menos el reciente desarrollo de la globalización.

En ese escenario nos moveremos, probablemente, durante los próximos años: unas enormes oscilaciones de precios, que en última instancia reflejarán lo que cada uno puede llegar a pagar por el crudo, en competencia con otros, y con precios que tenderán a subir cada vez que se quiera recuperar la demanda; condicionado todo ello por la recesión global que reduce la necesidad de crudo, la escasez de inversión –inclusive en el ámbito petrolero– y unos yacimientos cada vez más pequeños de los que extraer, mientras se acelera el declive de los grandes yacimientos que soportan nuestro modelo económico (el World Energy Outlook 2008 de la AIE es sintomático en ese sentido), un modelo que, como vemos, está siendo crecientemente cuestionado por los límites físicos.