Sin discurso
político
Juan Manuel
García Ramos
Con un riguroso artículo de opinión, el
catedrático de Sociología en excedencia de
¿Pero dónde poner los huevos? ¿En qué cesta? ¿En las entidades financieras
temerarias, en las familias que pagan sus hipotecas, en las pequeñas y medianas
empresas necesitadas de préstamos para no seguir destruyendo empleo?
Sigue diciendo Ignacio Sotelo que la crisis actual se manifiesta en que no
sabemos lo que pasa de verdad. Frase simple pero de una contundencia que nos
deja helados a los que no somos expertos en economía.
Porque es desconcertante contemplar las comparecencias de los catedráticos del
ramo convertidos en arúspices despreciados por la plebe, transmutados en
meteorólogos sólo capaces de hablar de la tormenta cuando ésta ya ha pasado y
asolado los lugares menos previsibles. Hasta hace apenas unos meses, José Luis
Rodríguez Zapatero y su noqueado ministro de Economía y Hacienda hablaban de la
fortaleza de la banca española y del funcionamiento de nuestras cuentas
públicas. Más tardaron en largar la mentira que en encontrarse con los tres
millones y pico de parados que no cesan de crecer.
¿Sirven las teorías sociales, económicas y políticas de antaño para responder
al mundo cambiante de nuestros días?
Resulta también esperpéntico ver a los socialdemócratas del mundo arrimar el
ascua a su sardina proteccionista, sin aludir para nada a lo que algunas de
esas teorías puestas de verdad en práctica ocasionaron en la antigua Unión
Soviética, y cómo antes de la caída del muro de Berlín los libros escolares de
la gran república de repúblicas defendían con prosa desfalleciente la idoneidad
del partido único y la estatalización económica como
remedios contra la enfermedad occidental del liberalismo. Luego vimos el
desastre que se escondía detrás del escenario.
Ni siquiera el gurú de moda de la economía planetaria, el nobelizado
Paul Krugman, atina a
darnos una salida razonable a la situación que padece el hemisferio occidental,
por ahora. Sus arengas mediáticas se parecen demasiado a las de sus colegas,
aunque Krugman pueda presumir de algo más de
inspiración y de esgrima sintáctica a la hora de redactar sus artículos de
divulgación. Hasta ahí aceptamos.
Recupero la frase: la crisis se manifiesta en que no sabemos lo que pasa de
verdad. Detrás de cada hombre y de cada mujer desocupados se forja un drama, y
hay familias que suman varios miembros en ese estado de incertidumbre (Canarias
es en estos momentos la comunidad con mayor número de hogares con todos o la
mitad de sus miembros en paro). Ahí radica el más extremo de los males de esta
guerra de cifras que ahora padecemos. Si el euro tiene el precio más bajo desde
que se inventó, si el petróleo está por los suelos, ¿por qué no se mueve la
economía en el sentido esperado? La economía no es ni por asomo una ciencia
exacta; en ella intervienen factores difíciles de conjugar, entre ellos la
psicología colectiva, la idea extendida y corrosiva de que todo va mal e irá a
peor. Y en medio de todo este desaguisado de cuentas públicas y privadas, la
política se queda sin discurso.
Bueno, no toda la política. Ahí están las palabras de Joan Tardà
ante sus cachorros de ERC pidiendo "muerte al Borbón", además de
lanzar sus vivas legítimos a la república. Usar la palabra "muerte"
en una España tan amenazada por las pistolas etarras no es sólo una temeridad,
es una provocación inaceptable. Para decirlo remedando un título de Pablo
Neruda, es una "incitación al borbonicidio",
se mire por donde se mire.
Pero uno se queda asombrado al contemplar cómo desde el presidente del Congreso
de los Diputados a las portadas de los diarios madrileños afines al poder, cómo
desde las filas socialistas en general, todo ha sido paños calientes para los
desafueros del señor Tardà, cuando una semana antes
se crucificó a un alcalde tinerfeño por decir que de seguir así las cosas un
día el moro Mizzian se presentaría en las Canarias y
se las llevaría por delante.
Invito a todos los que se han ocupado y preocupado por el asunto a que oigan
las palabras exactas del alcalde de
¿Saben los que han atacado a Valencia con tanta saña quién fue el moro Mizzian? ¿Saben los periodistas leales al régimen y los
actuales dirigentes del PSOE quién fue el moro Mizzian?
Todos los pueblos tienen sus demonios históricos y el moro Mizzian
es para los canarios uno de ellos. No sólo para los canarios, pregúntenle a los
toledanos cómo las fuerzas del entonces coronel Mohamed Mizzian,
de las filas franquistas, entraron en el Alcázar el 29 de septiembre de 1936,
persiguiendo, matando y despedazando a militares y civiles con las puntas de
sus machetes, y lanzando granadas a las camas de los doscientos heridos que
residían en el hospital de San Juan Bautista. Entérense de algunos datos de la
biografía del personaje aludido por el señor Valencia, como la escena recogida
por el periodista e historiador norteamericano John Whitaker en la revista Foreign Affairs.
Paso a relatarla: "Me encontraba con este militar moro en el cruce de
carreteras cerca de Navalcarnero en el otoño de 1936, cuando dos muchachas
españolas, que parecían aún no haber cumplido los veinte años, fueron
conducidas ante él. A una se le encontró un carné sindical; la otra, de
Valencia, afirmó no tener convicciones políticas. Mizzian
las llevó a un pequeño edificio que había sido la escuela del pueblo donde
descansaban unos cuarenta moros. Se escuchó un ululante grito salido de las
gargantas de la tropa. Asistí a la escena horrorizado e inútilmente indignado. Mizzian sonrió afectadamente cuando le protesté,
diciéndome: ¡Oh, no vivirán más de cuatro horas!".
Este es el angelito al que se refirió Isaac Valencia para hablar de un futuro
no deseado por nadie. Pero el ejemplo lo sacó de la historia y si tienen más
curiosidad al respecto vayan a Yahoo; en Google no hay tanta documentación.
Por si no lo saben, en 1956 el ya general Mizzian era
capitán general de Canarias (¡no nos quería Franco ni nada a los canarios!) y
ese mismo año fue llamado por Hassan II para ponerse
al frente del ejército marroquí. Según sabemos, no sólo organizó las nuevas
Fuerzas Armadas del Marruecos recién independizado, sino que roció con napalm a los rifeños que se
sublevaron contra Hassan en 1958. Ese es el moro Mizzian.
Esa es la historia. Esta vez sí hay discurso político.