Territorio y economía
Wladimiro Rodríguez Brito
Estos días ha surgido la
polémica sobre el proyecto de ley enviada al Parlamento sobre Medidas Urgentes
en Materia de Ordenación del Territorio, asociando por parte del PSOE que los
cambios propuestos en la misma y la dimisión de don Faustino García Márquez es
el resultado de la vuelta al ladrillo y a la especulación sobre nuestro
territorio. Es decir, el anterior marco legal aprobado por unanimidad en el
Parlamento de Canarias había sido un ideario eco-ambientalista, y por ello, la
oposición la aprobó y lo defendió, bien explícitamente, o bien con su silencio
en los últimos años.
Las leyes aprobadas creo que no son ideario de nada. Más bien han sido un
semillero de preceptos legales que han generado confusión y conflicto porque le
han complicado la situación a los agricultores, ganaderos y todo aquel que ha
necesitado mover una piedra en suelo rústico. Además, las leyes tampoco han
protegido el suelo agrícola, ahora tan "defendido" por los oponentes
al nuevo marco legislativo.
Con las leyes
vigentes, la agricultura y la ganadería ha tenido numerosos problemas debido a
la rigidez y el proteccionismo supuestamente ambiental que le ponen a toda
actividad en el medio rural, con una burocracia de papeles y limitaciones que
frenan, en algunos casos, el poder labrar un terreno en zonas protegidas. Es
más, incluso nos obliga a hacer un estudio detallado de impacto para ahoyar y
reforestar los montes de
Por ello, el actual
marco legal ha sido un freno para la lógica mejora en el suelo rústico y no ha
parado los adosados y otros usos urbanos del suelo agrícola. Por lo tanto, es
bueno que nos demos un nuevo marco teórico de leyes para gestionar el
territorio en otra coyuntura económica, y, en consecuencia, con otras
prioridades sociales y ambientales para nuestro pueblo.
Sin embargo, los
acontecimientos económicos están cambiando y nos tememos que la situación puede
empeorar. Así, hemos de hacer con urgencia una nueva lectura y corrección de
los textos legales que tenemos como Leyes del Territorio para Canarias, puesto
que hoy son inaplicables en muchos casos, creando tensiones sociales que
agravan aún más la gestión del complicado medio rural.
Veamos algunos
problemas. La declaración de suelo protegido del territorio insular próximo al
50% es una propuesta voluntarista de difícil aplicación que requiere unos
presupuestos para temas ambientales, alejados de nuestras haciendas; pero es
más, restringe los usos tradicionales a la población. El modelo actual tampoco
está dando los resultados antaño soñados. Una gran parte de los que hoy están
protegidos están ocupados por matorrales de colonización reciente, siendo de
gran combustión al final del verano -gran parte de los incendios forestales de
los últimos años han surgido aquí- y en otros casos están siendo ocupados por
plantas invasoras. Por eso la protección es más teórica que real.
Hagamos una
planificación que ordene los asentamientos de población, defendiendo el suelo
cultivable -ya que es un recurso escaso-, determinando el espacio ocupado por
las vías de comunicación, así como otras infraestructuras básicas: ocio,
sanidad, residuos, industria e instalaciones agropecuarias, entre otras.
Creemos que el nuevo
marco legal debe partir de una unidad mínima en suelo rústico, que debe ser la
fanegada, es decir, los
Con la topografía
dominante en las islas, la propuesta no es aplicable. ¿Cuál es la referencia?,
¿el punto en el que termina la obra o en el que comienza? ¿Hay razón para
explicar el impacto negativo que genera la pared de un huerto o sorriba para cultivar?, ¿por qué un metro?
Igual lectura podemos
hacer de los estanques, bodegas, cuartos de aperos, que sí entendemos que deben
tener una morfología exterior que impacte lo menos posible, que debe estar
integrada en el medio rural, y que sólo se justifique mientras la finca o
parcela esté cultivada, nada de segunda residencia encubierta.
Entendemos que este
nuevo marco legal es oportuno entre la tormenta económica, paro, inflación,
etc. en el que corremos el peligro que los temas ambientales queden aparcados,
o alejados de las prioridades de gobierno. Necesitamos que la ecología no
sucumba ante la economía. La dinamización del medio rural hace que seamos más
sostenibles y menos dependientes y una política de defensa de las producciones
locales ante las importaciones de choque puede generar la incorporación de
jóvenes al campo y, en consecuencia, un medio rural más vivo y más justo.
Así las cosas, sólo
nos cabe pedir una moratoria para las instalaciones que sean legalizables con
el nuevo marco legal. Digamos, finalmente, que las leyes no pueden estar
alejadas de los problemas de la gente e incluso el nuevo marco legal está más
próximo al protocolo de Kioto que el actual, que genera más peligro de
incendios en el suelo rústico y más miseria a nuestro pueblo.